Saturday, July 21, 2007

 

¿A qué extremos puede llegar la imbecilidad y el complejo?

Esa es la interrogante que se plantea Andrés Bedoya Ugarteche, comentarista del Diario Correo (según me entero en el blog de Nila Vigil). El texto del columnista, curiosamente, ejemplifica la materia con extrema sordidez:

¿Sabían ustedes que la Real Academia Española de la Lengua ha decretado que “hijo de puta” y “comunista” son sinónimos? ¿Y sabían que la Imperial Academia Quechua de la Lengua se opuso a esa disposición bloqueando carreteras? Afortunadamente, la Asociación Mundial de Academias de las Lenguas declaró que el quechua no es idioma, sino una huevada sin escritura y con no más de 500 vocablos... ¡y esto!, procediendo luego a desconocer a sus “amautas”.
Andrés Bedoya Ugarteche. Correo. 19 de julio del 2007

Aclaremos algo primero: Bedoya Ugarteche miente con descaro. La RAE (que se llama simplemente Real Academia Española, no "de la Lengua") nunca ha cometido ni cometerá jamás semejante dislate. La Academia Mayor de la Lengua Quechua no se dedica a bloquear carreteras (y menos la imaginaria Imperial Academia Quechua de la Lengua). No existe una Asociación Mundial de Academias de las Lenguas, pero si existiera, nunca declararía que el quechua no es un idioma ni que tiene solo 500 palabras, porque cualquier persona mínimamente informada sabe que el quechua es una lengua plena con miles de vocablos, que además es el vehículo de comunicación diaria de millones de personas (y medio millón de esas personas viven en la misma ciudad que Bedoya Ugarteche, a saber, Lima).

Fácil sería decir que el columnista es un loco de atar y olvidarse de él. Pero eso no es correcto. Bedoya Ugarteche no dice eso porque está loco (tampoco Stalin, Hitler, Pol Pot o Abimael Guzmán estaban locos). Lo dice porque quiere establecer un presupuesto de superioridad, una atalaya para mirar hacia abajo, una torre inaccesible desde la cual escupirles a sus semejantes. Y lo hace con la herramienta más vieja del mundo: el desprecio por la forma de hablar de los demás. No se detiene ante la falta de evidencia, o ante la falta de opiniones confirmatorias; de hecho, inventa sus autoridades con desparpajo. No es una casualidad que invoque decretos imaginarios de ficticias "Academias de la Lengua": quiere refugiarse en la solemnidad del discurso prescriptivo.

Al comienzo de su texto nos cuenta:

Pero hay acomplejados que piensan que poniéndoles a sus hijos nombres gringos--o gringoides--los hacen menos lorchos. ¿A qué extremos puede llegar la imbecilidad y el complejo? De allí nacen los nilvers, los roberts, los edgars, los hammers y tantos otros. Naturalmente, con esos apelativos tan ridículos, lo único que se consigue es acentuar el complejo y que la víctima se sienta realmente inferior, con lo cual la inferioridad deja de ser un complejo y se convierte en un hecho real.
Andrés Bedoya Ugarteche. Correo. 19 de julio del 2007
Ese es el paso central de su coartada: establecer que existe alguna forma de inferioridad asociada a ciertos nombres. Como si llamarse Edgar o Robert revelara alguna limitación misteriosa e indefinida, como si fuera una peste, una maldición que balda a las personas. Introducido este elemento mágico, el columnista puede dar rienda suelta a sus propios complejos:
el “gloriosísimo pueblo” está compuesto, en su inmensa mayoría, por subvertebrados inútiles y a los que es muy fácil arrear hacia lo que sea. [...] se reproduce e infesta, por lo general, el sur del Perú, en donde tropillas y manadas de ignaros subhombres están siempre dispuestas a quemar llantas, linchar autoridades, bloquear carreteras, atacar a la gente decente, y demás actos típicamente peruanos.
Andrés Bedoya Ugarteche. Correo. 19 de julio del 2007
Apenas es una sorpresa que termine su texto con ese reguero de elucubraciones insensatas sobre las academias y el quechua, que comentamos al principio.

Ahora bien: si vamos a develar sus trampas, hagámoslo del todo. A menos que comparta los prejuicios y complejos del columnista, quizá el lector se crea distante de tales conclusiones y exabruptos. Pero tenga cuidado. La próxima vez que se sienta incómodo porque alguien aboga en favor de las lenguas en peligro de extinción, o porque dice hubieron o haiga, o aperturar en vez de abrir, o manager en vez de gerente, o tenga ganas de reírse de Pancracio o Margarito, acuérdese de Bedoya Ugarteche. Tal vez descubra su sombra y su espejo.

Algo más. El lector acucioso habrá notado que la frase ¿A qué extremos puede llegar la imbecilidad y el complejo? contiene un sujeto coordinado (la imbecilidad y el complejo) con un verbo en singular (puede llegar). No se preocupe. Se trata del famoso efecto de la concordancia con el primer elemento coordinado (activo en español, inglés y otras muchas lenguas, incluido el hebreo bíblico). Es incluso un caso aceptado por la RAE, que a la letra recomienda:
si [los elementos coordinados ] se conciben como una unidad, de la que cada uno de ellos designa un aspecto parcial, el verbo puede ir también en singular: «El desorden y la algarabía es total».
Real Academia Española. Diccionario de Dudas y Dificultades. Concordancia
Bedoya Ugarteche, como todos los seres humanos, habla sin errores. Sin errores gramaticales, quiero decir.

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