Monday, September 03, 2007
Los guaraníes piden ayuda
Como habíamos comentado algunas otras veces, Paraguay se encuentra en una curiosa circunstancia lingüística: la inmensa mayoría de la población (9 de cada 10) habla guaraní, pero el Estado funciona exclusivamente en español. Existe desde hace ya tiempo un movimiento para reivindicar el uso de aquella lengua en la escena oficial; aquí un ejemplo de esas actividades: una carta abierta al Presidente de la Comunidad Autónoma de Cataluña, pidiendo ayuda para la creación de los instrumentos que permitan su oficialización efectiva. Reproduzco la carta, que, además, nos proporciona algunos datos sobre la situación del guaraní hoy en Paraguay:Guaraní, lengua oficial y de trabajo del Mercosur y lengua oficial plena de Paraguay
Al Presidente del Gobierno de Cataluña Muy Honorable Sr. José Montilla Aguilera Presidente del Gobierno de Cataluña
Muy Honorable Sr. Presidente:
Nos dirigimos a usted en su condición de Presidente del Gobierno de Cataluña. Nos dirigimos a usted y, a través de usted, al pueblo catalán, después de habernos dirigido a la Presidenta de Irlanda y al pueblo irlandés, y al Primer Ministro del Quebec y al pueblo quebequés, y antes de dirigirnos a otras comunidades humanas del mundo que viven y conviven con dos o más lenguas. Nos dirigimos a usted en nuestra condición de entidades y personas interesadas en la justicia social, la democracia, el desarrollo, los derechos humanos y los derechos lingüísticos en nuestra sociedad.
Estamos buscando cooperación y colaboración internacional para normalizar el guaraní, para salvar el guaraní, para salvar las lenguas americanas viables. América ha sido el continente que ha padecido la mayor y más brutal devastación lingüística derivada de los procesos de colonización. Tan bárbara ha sido esta devastación que ninguna lengua americana es hoy la lengua de normal funcionamiento de un Estado americano. Esto no pasa en ningún otro continente del mundo.
Nos dirigimos a usted y al pueblo catalán para recabar su ayuda técnica, política, social y económica en el proceso de normalización, normativización, estatalización e internacionalización en los entes supraestatales americanos, de la lengua guaraní, así como la protección y promoción de las demás lenguas americanas de Paraguay. Y todo ello sin renunciar al castellano, que forma parte de nuestro patrimonio cultural, como lo forma del suyo propio, pues sabemos, Sr. Presidente, que es su lengua primera y familiar, y la lengua primera de muchos catalanes con orígenes o raíces en regiones de lengua castellana, como es su caso. Y sin renunciar tampoco a otras lenguas: lenguas primeras, segundas, terceras de/para nuestros conciudadanos. Todos somos y seremos, en el mundo actual, en un grado u otro, multilingües en el presente y en el futuro.
¿Por qué nos dirigimos a usted y al pueblo de Cataluña? ¿Por qué nos interesa el catalán y la situación lingüística de Cataluña? La lengua catalana es, en palabras del lingüista estadounidense Joshua Fishman (Reversing Language Shift: Theory and Practice of Assistance to Threatened Languages. Clevedon, Multilingual Matters, 1991), uno de los tres casos “claros” de éxito en el proceso de revitalización lingüística.
Los otros dos casos de éxito, el hebreo moderno y el francés del Quebec (Canadá), poco se parecen al caso del guaraní. El hebreo moderno es o fue una lengua “necesaria” para construir un Estado moderno (Israel, 1948) en base a ciudadanos procedentes de todo el mundo y con muchas y variadas lenguas familiares; es una lengua con una fuerte e histórica significación religiosa y cultural; una lengua con una milenaria tradición escrita, y es una lengua que cuenta con una gran diáspora (que actúa como lobby) en todo el mundo que le presta apoyo y difusión. La situación del francés del Quebec también es muy diferente de la del guaraní: el francés nunca dejó de escribirse y de enseñarse en el Quebec y nunca fue perseguido. El francés contó y cuenta con el respaldo y el apoyo político, económico e intelectual internacional de Francia y la francofonía y es una lengua de uso internacional (Naciones Unidas, Consejo de Europa, Unión Europea, etc).
Por el contrario, el caso del catalán tiene semejanzas con el caso del guaraní: convive con el castellano, tiene una demografía de hablantes (en todo su territorio) similar (7-12 millones), es una lengua transfronteriza (el guaraní se habla en Paraguay, Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay, mientras que el catalán/valenciano es hablado en España, Francia, Andorra e Italia), ha sido perseguido y prohibido hasta casi su desaparición en algunos sitios, convive con miles de inmigrantes de otras lenguas (en el caso de Paraguay, el guaraní recibe hoy una muy enorme presión del portugués de Brasil, además de la presión de los minoritarios sectores monolingües de lengua castellana), y no tiene detrás ninguna diáspora o lobby ni ningún potente Estado extranjero que lo promueva o lo defienda.
Cierto es que también existen notables diferencias. Para empezar, el catalán es una lengua románica, lo que le permite tomar modelo de otras lenguas románicas (el mismo latín o el portugués, el castellano, el italiano, el francés, el occitano, etc.); el guaraní no puede tomar modelo de ninguna lengua de su familia para mativizarse o normalizarse simplemente porque ninguna lengua del tronco tupí-guaraní se ha normalizado. El catalán cuenta con una historia escrita de 1.000 años (por “sólo” unos 500 del guaraní).
El catalán cuenta con una muy potente producción editorial y literaria (da fe de ello que sea la literatura o lengua invitada de la Feria del Libro de Frankfurt 2007) y científica (ambas cosas sólo muy incipientes en guaraní) y que es la lengua de una sociedad con un aceptable Estado del Bienestar (muy débil, por no decir inexistente, en gran parte del área del guaraní), pero a pesar de ello puede aportar muchas cosas al guaraní. Así lo creemos. Así lo pensamos.
Sr. Presidente, el Observatorio Guaraní Europeo, uno de los firmantes de esta carta abierta, se constituyó, de forma nada accidental, en Cataluña (Barcelona), con ciudadanos/as europeos/as y ciudadanos/as del ámbito lingüístico del guaraní, especialmente paraguayos/as, para aprender de la experiencia de gestión lingüística en Cataluña, el área del catalán/valenciano, en España y en Europa y “transferirla”, adaptada y contextualizada, a la realidad americana. Cataluña es un referente mundial y un referente muy importante para nosotros y para otras comunidades lingüísticas de América y del mundo, de un proceso de revitalización/normalización lingüística.
Si Cataluña y el pueblo catalán no saben ver ni comprender el papel que están llamados a jugar en los procesos de revitalización/normalización de otras lenguas, ni ven ni entienden las ventajas para todo el mundo (hablantes de catalán y europeos, hablantes de guaraní y americanos) de contribuir de forma real, metódica, efectiva y constante, a la preservación de la diversidad lingüística y cultural americana y mundial, nosotros iremos a golpear a otras puertas hasta que alguien nos haga caso, nos escuche, nos apoye y nos ayude. Pronto tendremos en Paraguay una Ley de Lenguas que está en trámite: el contexto no puede ser más favorable para tejer lazos de cooperación y colaboración.
Sr. Presidente, en nuestro país, en nuestra área lingüística, en América, en el mundo, hemos callado durante demasiado tiempo. Hemos vivido durante demasiado tiempo en la más absoluta ignorancia sobre los derechos lingüísticos (y humanos) más elementales por culpa de unos gobernantes que jamás quisieron formar en sus derechos humanos y lingüísticos a la población. A la mayoría de la población. Unos gobernantes que implementaron, toleraron, crearon, por 200 años de vida nacional independiente, un bárbaro régimen de “apartheid lingüístico” construido sobre el castellano. Y por culpa de unas ONG y unos programas internacionales de cooperación al desarrollo que mientras consideraban prioritario defender, promover, usar, el francés, el sueco, el italiano, el danés, el castellano, el finés, el alemán, el catalán, el japonés, el noruego, etc. en sus países respectivos, jamás hicieron nada sistemático para defender, promover y usar nuestras lenguas en América. Jamás. Sr. Presidente, el 100 por 100 de los habitantes de Paraguay saben algo de guaraní.
El 90 por ciento habla guaraní como lengua primera o lengua segunda. El 60 por ciento de los hogares paraguayos son de lengua guaraní. El 30 por ciento de los/as paraguayos/as todavía hoy sólo habla guaraní y, a pesar de ello, el Estado paraguayo no funciona en guaraní. Un auténtico modelo de “apartheid lingüístico” que ha existido por doscientos años de vida nacional independiente (1811). Ya no vamos a callar más. No nos lo podemos permitir. Y no queremos hacerlo. Ya no.
Sr. Presidente, entendemos al pueblo catalán como uno de los mejores ejemplos actuales de sociedades con convivencia bilingüe/multilingüe. Vemos a Cataluña como una potencial y posible aliada para denunciar el “apartheid lingüístico” paraguayo contra el guaraní. Necesitamos aliados en la preservación de la identidad cultural y lingüística, la nuestra y la suya, porque en realidad lo que estamos haciendo es ayudarnos mutuamente. Lo que estamos ofreciendo es ayuda mutua. Nada más, Sr. Presidente que ayuda mutua para preservar la pluralidad lingüística y cultural humana.
(firmas)
Labels: guaraní
Wednesday, July 04, 2007
El Reino de Cervantes: ¿a costa de las "lenguas minúsculas"?
Desde hace ya varios años, don Gregorio Salvador ha venido conduciendo una fiera batalla en defensa del castellano. No ha sido, a diferencia de lo hecho por otros, ni un terco encierro en trincheras puristas, ni una alborotada protesta por la novedad. Al contrario, el actual vicedirector de la RAE, como pocos de sus colegas, ha mostrado siempre una disposición amable hacia el cambio lingüístico y una postura razonable frente a la diversidad al interior del español, incluido el Spanglish (no en vano, es un dialectólogo). Su buen juicio, sin embargo, se ha visto nublado en varias ocasiones por su nacionalismo español. Sus opiniones sobre la situación lingüística en la Península han sido todo menos objetivas y serenas, y han recibido, como era de esperar, serias objeciones.Pero don Gregorio no se ha limitado a opinar sobre España y sus lenguas. En el III Congreso Internacional de la Lengua Española, en noviembre del 2004, escandalizó a los asistentes cuando, contestando a una intervención del poeta Ernesto Cardenal en defensa de las lenguas en peligro de extinción, dijo, muy suelto de huesos, que:
si no hubieran ido desapareciendo lenguas en el transcurso de la historia, porque en sus hablantes triunfó la fuerza de intercambio sobre el espíritu de campanario, no habríamos alcanzado el nivel de civilización en que nos hallamos y sólo existirían lenguas mínimas, lenguas de tribu o incluso simplemente familiares. […] Que muchas de esas lenguas minúsculas se van extinguiendo es evidente, pero no hay que lamentarse, porque eso quiere decir que sus posibles hablantes, los que las han ido abandonando, se han integrado en una lengua de intercambio, en una lengua más extensa y más poblada que les ha permitido ensanchar su mundo y sus perspectivas de futuroComo lo leen. Para Gregorio Salvador, el nivel de civilización en que nos hallamos fue posible gracias a que han desaparecido ciertas lenguas. Pocas veces encuentra uno en estos tiempos una expresión que, de manera tan directa, combine una causa tan incompatible con su presunta consecuencia (aunque la misma idea se repite de manera menos cruda en muchas partes). No contento con eso, don Gregorio escribió unos meses después un artículo en ABC, que llamó sin tapujos “Lenguas minúsculas”, donde no solo se reafirmaba sino que añadía más detalles en la misma dirección:
Gregorio Salvador ABC, 19 de enero del 2005
Añado ahora que una lengua desaparece cuando muere la última persona que la hablaba y lo único triste de ese suceso es la muerte de esa persona. […] En América y en África quedan bastantes de esas lenguas minúsculas y todo esfuerzo por mantenerlas no es más que una aberración reaccionaria, todo hay que decirlo. Esas pobres gentes tuvieron que padecer, históricamente, a conquistadores, encomenderos, exploradores y colonos. Y, por si no hubieran tenido bastante, hay quien pretende mantenerlas, desvalidas, en su exigua prisión lingüística, ajenas e ignorantes del mundo que con nosotros habitan, con todo lo bueno o lo malo que este les pueda ofrecer, para regalo acaso de obstinados antropólogos, entretenimiento de gramáticos imaginativos y orgullosa satisfacción de políticos desnortados y pusilánimes.
Gregorio Salvador ABC, 19 de enero del 2005
El principio general que debería seguirse con respecto a las lenguas es respetar el derecho de cada uno a hablar la lengua que quiera. La integración, en condiciones dignas, es un objetivo loable, necesario y urgente, por supuesto. Pero no tiene por qué ser en español. La defensa de las lenguas minúsculas no es incompatible con la búsqueda de sociedades mejor integradas. Hablar castellano por sí mismo no libera a nadie.
Una cosa es que no impidamos la decisión de los usuarios de abandonar su lengua (nadie tendría que impedir eso) y otra muy distinta es que nos tengamos que alegrar por eso, bajo la excusa de que ese paso mejorará sus condiciones de vida. Ni la conservación ni el abandono de una lengua tienen por sí mismos la más mínima relación con el mejoramiento de las condiciones de vida de sus usuarios. Los esclavos africanos, por ejemplo, cuyas redes sociales fueron evidentemente destruidas, no abandonaron sus lenguas para mejorar su condición personal o social, sino, bajo el rigor del látigo, para mejor servir a sus amos. Nótese que uno podría estirar el argumento y decir que los esclavos “mejoraron” su condición precisamente porque podían servir mejor a sus amos (recibían menos latigazos, digamos). Pero esto es tramposo porque presupone que la violencia que destruyó las formas de vida de esas personas está justificada, y que de algún modo “la decisión” de adaptarse a su papel de esclavos (aprendiendo la lengua del amo, por ejemplo) es un resultado digno de elogio.
Y dicho sea de paso, cabría preguntarse qué sentido tiene hablar de lenguas minúsculas (incluso si ponemos a un lado el sentido despectivo del término). En Paraguay, por ejemplo, al menos cuatro de cada cinco personas habla guaraní (y el 30% de la población habla solo guaraní), pero el estado funciona (y ha funcionado siempre) totalmente en español. ¿Es el guaraní minúsculo en Paraguay? ¿Debería desaparecer? ¿deberíamos alegrarnos si desapareciera? ¿Pedir que el estado funcione también en guaraní es mero obstinamiento antropológico? ¿es solo para entretenimiento de gramáticos imaginativos y orgullosa satisfacción de políticos desnortados y pusilánimes? Nótese que la proporción de hablantes de guaraní en Paraguay es mayor que la proporción de hablantes de español en Europa: ¿es minúsculo el español en la Unión Europea? ¿debería desaparecer? ¿no deberían defenderlo los políticos desnortados y pusilánimes? Curiosamente, fue el propio Salvador quien encabezó la protesta en defensa de la minúscula ñ, cuando la UE pretendió eliminarla de los tableros de computadoras.
Don Gregorio acaba de publicar un libro, uno más, que recoge sus reflexiones sobre el estado del español. Lo ha llamado Noticias del reino de Cervantes, prestándole una frase a Arturo Uslar Pietri. No tengo a la mano el libro, pero sus declaraciones nos permiten imaginar la línea central de argumentación (ver aquí ciertas críticas). Como hablante y estudioso del español, nada me alegra más que el español florezca y prospere. Pero es injusto negarles la misma alegría a los hablantes de otras lenguas. ¿Por qué no pueden todas las lenguas prosperar juntas? El reino de Cervantes no tiene por qué ser el reino de la opresión y la exclusión: el respeto mutuo (expresado, por ejemplo, a través del bilingüismo) es una alternativa mucho más razonable. Sospecho, además, que así lo habría querido Cervantes.Labels: conflicto lingüístico, congresos, gregorio salvador, guaraní, libros, lingüistas, real academia



