Saturday, July 05, 2008

 

Impasse

La palabra francesa impasse significa originalmente "rue sans issue", esto es, "calle sin salida"---como en toda ciudad respetable, en París no falta uno que otro impasse (en la foto, por ejemplo, la señal anuncia el Impasse Vandal, en el XIV Distrito). No es difícil ver cómo se puede convertir esta noción en un concepto más abstracto: un embrollo del cual no sabemos cómo salir puede ser descrito como un impasse. De hecho, la castiza expresión española callejón sin salida ha pasado por el mismo proceso, y por esa razón, la Real Academia rechaza el uso de impasse en el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD):
impasse. Voz francesa que significa ‘situación de difícil o imposible resolución, o en la que no se produce ningún avance’. Su uso es innecesario en español, por existir las expresiones callejón sin salida o punto muerto, de sentido equivalente: «Las posibilidades para encontrar una solución favorable podrían llegar a un callejón sin salida» (Siglo [Guat.] 7.10.97); «Francia es responsable del punto muerto en las negociaciones» (País [Esp.] 11.9.77). A veces se utiliza erróneamente por compás de espera, expresión que significa, simplemente, ‘detención temporal de un asunto’.
Real Academia Española
(2005) Diccionario Panhispánico de Dudas.
Sin embargo, impasse se usa también en un sentido relacionado pero algo diferente al propuesto por la Academia. Considérese este reciente titular:
Bolivia se arrepiente y pone paños fríos a impasse
En un intento por poner paños fríos al revuelo causado por las altisonantes declaraciones del mandatario boliviano Evo Morales, su vicepresidente, Alvaro García Linera, dio la cara para decir que su país hará los “mejores esfuerzos” para recomponer las relaciones diplomáticas con el Perú. “Vamos a ver las mejores formas de regresar a un ambiente amigable y de mutua cooperación”, manifestó.
Correo, 5 de julio del 2008
Como el lector puede comprobar con facilidad, ninguna de las expresiones alternativas sugeridas por el DPD sería enteramente apropiada para sustituir impasse en este texto:
Bolivia se arrepiente y pone paños fríos a callejón sin salida
Bolivia se arrepiente y pone paños fríos a punto muerto
Y tampoco se trata del uso que la Academia considera erróneo (poniendo aparte el curioso hecho de que se señale que sea un "error" algo que es una desviación con respecto de un uso que también se está condenando):
Bolivia se arrepiente y pone paños fríos a compás de espera
Es decir, estamos ante un sentido distinto: en el texto citado impasse quiere decir más bien embrollo o revuelo, no realmente callejón sin salida. Por supuesto, este empleo no es exclusivo del Perú, sino que se encuentra fácilmente en otras variedades de español. Aquí algunos ejemplos:
Bolivia y EEUU hablan de mejorar relaciones tras impasse
The Associated Press
LA PAZ—Los gobiernos de Bolivia y Estados Unidos manifestaron el jueves su intención de iniciar una nueva etapa en sus maltrechas relaciones, pero reconocieron que deben resolver problemas para crear un clima de confianza.
El Paso Times. 3 de julio del 2003

Impasse entre buseros y VMT por pago a subsidio
La refrenda de la tarjeta de circulación de los transportistas multados por alterar la tarifa separa de nuevo al Viceministerio de Transporte y ese grupo de empresarios que sumaron al aumento ilegal al pasaje el 4 de junio. Empresarios aglutinados en gremiales como AEAS, Coset, Casit y Rutas Orientales aseguran que el VMT les exige requisitos que no estaban contemplados en el reglamento de la Ley de Estabilización de Tarifas para cobrar el subsidio.
ElSalvador.com 2 de Julio del 2008

Analizan precio del quintal de arroz
El impasse con los integrantes del sector arrocero terminó cuando se llegó a un acuerdo para que se establesca un nuevo precio para el verano.
El Telégrafo (Guayaquil). 4 de julio del 2008

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Thursday, June 19, 2008

 

La decadencia de la Académie française

En El sueño de Macsen Wledig, una leyenda galesa preartúrica que Lady Charlotte Guest incluyó en su traducción del Mabinogion, se cuenta que el emperador Magno Máximo (Macsen Wleding, en galés), agradecido por la crucial ayuda en la recuperación de su trono romano, les otorgó a sus aliados británicos "cualquier región que quieran en el mundo"; estos, al mando de Conan Meriadoc (Cynan ap Eudaf) y su hermano Gadeon, tomaron posesión de la Armórica, que entonces incluía todo el noroeste de la Galia. Los armóricos, por supuesto, se resistieron, pero sin suerte. Los hombres fueron ejecutados, aunque las mujeres fueron matenidas vivas. Alguien advirtió que esto representaba un terrible riesgo: puesto que el idioma de los armóricos era diferente al de sus conquistadores, si las mujeres armóricas iban a ser incorporadas a la nueva sociedad, necesariamente los idiomas se mezclarían, destruyendo la lengua conquistadora; la solución fue simple y terrible: le cortaron la lengua a todas las mujeres, para que no pudieran corromper la forma de hablar de sus hijos. Así la Armórica se convirtió en lo que ahora es la Bretaña, la región en el extremo noroccidental de Francia, donde todavía hoy quedan medio millón de hablantes de bretón, la lengua celta, pariente del galés, que los colonos britano-romanos llevaron allí en el siglo IV. La historia que cuenta El sueño de Macsen Wledig (y que también está anotada en las márgenes del manuscrito K de la Historia Brittonum, atribuida al monje Nennius) quizá sea el registro más viejo de un lingüicidio en Occidente, llevado a cabo de un modo que no podría ser más gráfico: arrancándoles la lengua a sus hablantes.

El bretón se impuso al armérico hace 1600 años, pero hoy es una lengua minoritaria en Francia, junto con las otras 28 lenguas diferentes al francés que conviven en ese país---hay casi dos millones de hablantes de occitano en el sur, millón y medio de alemánicos en Alsacia, un millón de hablantes de italiano, 100 mil hablantes de catalán, 75 mil de vasco, entre varios otros. Y eso sin contar docenas de dialectos de francés marcadamente distintos al parisino (sin ir muy lejos, los fundadores de la dialectología, Gilliéron y Rousselot, desarrollan sus ideas teniendo como modelo el patois francés). Como pasa en muchas partes, tampoco aquí las lenguas minoritarias reciben el menor reconocimiento por parte del Estado (Gilliéron y Rousselot ya advirtieron hace más de un siglo la progresiva desaparición de las lenguas regionales).

Como es bien conocido, Francia es un país excepcionalmente centralista, y eso se ha reflejado también en su política lingüística. Aunque la Académie française no fue la primera academia de la lengua en Europa (ese honor corresponde a la florentina Academia de la Crusca), rápidamente se constituyó en un modelo de institución normativa y su influencia en la formación del discurso prescriptivo en Occidente ha sido crucial. A pesar de su prestigio e influencia, la Académie française nunca ha sido un cuerpo formado por especialistas en el lenguaje, a diferencia de su homóloga española (la RAE); por esa razón, su trabajo científico ha sido realmente pobre: aunque fue fundada en 1635 (casi ochenta años antes de la RAE), la primera gramática académica del francés fue un breve volumen publicado en el siglo XX; en casi 400 años ha elaborado nueve ediciones de un diccionario, pero la última de ellas contiene apenas 23.500 palabras (compárese con las 23 ediciones del diccionario académico español, que hoy recoge más de 160.000 palabras y acepciones; además están las 5.000 páginas de la Gramática Descriptiva de la Lengua Española, y los numerosos proyectos en la que está embarcada nuestra RAE).

Demás está decir que la Académie française ha expresado siempre un olímpico desprecio por la variedad al interior del francés, y por las lenguas regionales de su país. Sin duda puede encontrar uno esa misma actitud en otras instituciones normativas, incluidas algunas academias españolas, especialmente en el pasado; sin embargo, en los últimos tiempos, como ya hemos señalado, la RAE ha empezado a verse a sí misma más como una institución científica y menos como un alcaide. La Académie Française, que alguna vez fue el modelo en el que la RAE se inspiró, no ha seguido ese sabio camino. La discípula ha superado largamente a la maestra.

En medio de las recientes discusiones sobre la reforma a la constitución francesa, se propuso la idea de incluir un reconocimiento constitucional a todas las lenguas de Francia. La Académie française ha protestado con solemnidad contra esta propuesta (gracias a Silvia Senz por la información). En un comunicado aprobado unánimenmente por les immortels (los inmortales, así se llaman a sí mismos los miembros de la Académie française) se declara:
Depuis plus de cinq siècles, la langue française a forgé la France. Par un juste retour, notre Constitution a, dans son article 2, reconnu cette évidence: "La langue de la République est le français".
Or, le 22 mai dernier, les députés ont voté un texte dont les conséquences portent atteinte à l’identité nationale. Ils ont souhaité que soit ajoutée dans la Constitution, à l’article 1er, dont la première phrase commence par les mots: "La France est une République indivisible, laïque, démocratique et sociale », une phrase terminale: "Les langues régionales appartiennent à son patrimoine". [...]
Au surplus, il nous paraît que placer les langues régionales de France avant la langue de la République est un défi à la simple logique, un déni de la République, une confusion du principe constitutif de la Nation et de l’objet d'une politique.
[Después de cinco siglos, la lengua francesa ha forjado Francia. Con toda justicia, nuestra constitución, en su artículo 2, reconoce esta verdad: "La lengua de la República es el francés".
El 22 de mayo pasado, los diputados han aceptado un texto cuyas consecuencias pueden dañar la identidad nacional. Se ha acordado que se añada a la Constitución, en su artículo 1, cuya primera frase comienza con las palabras "Francia es una República indivisible, laica, democrática y social", una frase mortal: "Las lenguas regionales corresponden a su patrimonio" [...]
Además, nos parece que colocar las lenguas regionales de Francia delante de la lengua de la República es un desafío a la simple lógica, una negación de la República, una confusión del principio constitutivo de la Nación y de las metas de la política]
Déclaration de l’Académie française, 12 de junio del 2008.
Como puede verse, la propuesta era más bien modesta, ni siquiera se trata de hacerlas oficiales, sino simplemente de mencionarlas, de reconocerlas constitucionalmente. La declaración de la Académie française provocó que el Senado rechazara esa modificación esta semana, así que no se trató de un acto inocente.

La posición de la Académie française, por completo absurda, está sin embargo en perfecta consonancia con el pobre desempeño científico que esta institución ha desarrollado a lo largo de su historia. Desprovista de filólogos y lingüistas, carece de la autoridad y el liderazgo necesarios para convocar una reflexión seria acerca del futuro del francés y sus relaciones con las otras lenguas. A diferencia de su colega española, se ha vuelto incapaz de incorporar en su trabajo los avances de las ciencias del lenguaje, y por lo tanto se convierte en una institución cada vez más inútil y en completa decadencia.

En ese sentido, su reciente declaración nos recuerda la pertinaz negativa del parlamento francés para actualizar los uniformes del ejército durante las Guerras Balcánicas (1912-1913) y el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Con el desarrollo de los rifles de largo alcance, se hizo necesario que los uniformes se pudieran camuflar con el terreno; por esa razón los ingleses adoptaron el color caqui y los alemanes, el gris oscuro. El ministro francés Adolphe Méssimy propuso al parlamento que el rojo y azul del uniforme fuera cambiado por un color menos visible; la reacción en la prensa y en las cámaras fue de rotundo rechazo (ni siquiera aceptaron cambiar el kepí por el casco); el diputado Alphonse Etienne, ex ministro de Guerra, resumió su oposición con estas palabras: Le pantalon rouge c'est la France ("El pantalón rojo es Francia"). Las consecuencias de esta catastrófica visión fueron terribles. Durante la Batalla de las Fronteras, en agosto de 1914, más de 200.000 soldados franceses pagaron con su vida esa absurda decisión (famosa es la masacre del Regimiento 246, marchando a campo abierto en sus pantalones rojos, sin cascos, con la banda militar tocando, contra un ejército alemán camuflado en gris y protegido con cascos)---recién en 1915 se iniciaría el cambio de uniforme.

Ni el pantalón rojo es Francia, ni el idioma francés es Francia. Si acaso "Francia" (o "España" o "Perú" o...) tiene algún sentido, este empieza y termina con los franceses, personas de carne y hueso que hablan diferentes lenguas y visten de distintos colores. Los signos, como saben los lingüistas, son arbitrarios.

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Sunday, January 20, 2008

 

Novelas en SMS

Mi amigo Miguel Rivera me hace notar este artículo del New York Times que reporta un nuevo fenómeno editorial: las novelas escritas en SMS, ese sistema de abreviaturas y frases cortas que se emplea en los mensajes de texto, del cual habíamos hablado varias veces antes. Se trata de novelas redactadas en un teléfono celular, y enviadas por entregas a miles de usuarios. Han sido un éxito: de las diez novelas más vendidas en Japón, cinco fueron escritas usando SMS. Como en todos los casos, aquí también el medio de expresión condiciona el contenido. Según informa el New York Times, los párrafos y las oraciones son muy simples, las historias son predecibles; es más, los autores nunca han leído una novela tradicional antes, tampoco los lectores. Sin embargo, empujados por la perspectiva del éxito (una de esas novelas ha tenido hasta 20 millones de lectores), algunos escritores japoneses están cambiando de medio y explorando las posibilidades del SMS.

Es extraordinario que esta variedad haya iniciado una tradición escrita de largo aliento, de hecho, una literatura. Y este no es un fenómeno exclusivo del Japón: lo mismo ocurre en chino, finlandés y otras lenguas, incluido el español. Pero el SMS está sirviendo también como medio para la difusión de literatura en el sentido más convencional: hace ya tiempo que existen proyectos para traducir a esta variedad varios clásicos (al parecer, incluso hay una versión del Quijote en sms, no solo en español sino también en japonés).

Inclusive la Real Academia ha reconocido la importancia del fenómeno. En una reciente conferencia, su director, Víctor García de la Concha, ha anunciado que la RAE estudia la posibilidad de elaborar una lista de abreviaturas del SMS, lo cual bien podría considerarse el reconocimiento oficial del SMS en español. Contra lo que creen algunos, es cada vez más claro que el SMS no es la expresión caótica de mentes descarriadas sino una forma de expresión tan sistemática como todas las demás, que establece sus propias reglas y crece y se reproduce con extrema vitalidad---y que puede llegar a tener efectos culturales de enorme alcance.

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Wednesday, July 04, 2007

 

El Reino de Cervantes: ¿a costa de las "lenguas minúsculas"?

Desde hace ya varios años, don Gregorio Salvador ha venido conduciendo una fiera batalla en defensa del castellano. No ha sido, a diferencia de lo hecho por otros, ni un terco encierro en trincheras puristas, ni una alborotada protesta por la novedad. Al contrario, el actual vicedirector de la RAE, como pocos de sus colegas, ha mostrado siempre una disposición amable hacia el cambio lingüístico y una postura razonable frente a la diversidad al interior del español, incluido el Spanglish (no en vano, es un dialectólogo). Su buen juicio, sin embargo, se ha visto nublado en varias ocasiones por su nacionalismo español. Sus opiniones sobre la situación lingüística en la Península han sido todo menos objetivas y serenas, y han recibido, como era de esperar, serias objeciones.

Pero don Gregorio no se ha limitado a opinar sobre España y sus lenguas. En el III Congreso Internacional de la Lengua Española, en noviembre del 2004, escandalizó a los asistentes cuando, contestando a una intervención del poeta Ernesto Cardenal en defensa de las lenguas en peligro de extinción, dijo, muy suelto de huesos, que:
si no hubieran ido desapareciendo lenguas en el transcurso de la historia, porque en sus hablantes triunfó la fuerza de intercambio sobre el espíritu de campanario, no habríamos alcanzado el nivel de civilización en que nos hallamos y sólo existirían lenguas mínimas, lenguas de tribu o incluso simplemente familiares. […] Que muchas de esas lenguas minúsculas se van extinguiendo es evidente, pero no hay que lamentarse, porque eso quiere decir que sus posibles hablantes, los que las han ido abandonando, se han integrado en una lengua de intercambio, en una lengua más extensa y más poblada que les ha permitido ensanchar su mundo y sus perspectivas de futuro
Gregorio Salvador ABC, 19 de enero del 2005
Como lo leen. Para Gregorio Salvador, el nivel de civilización en que nos hallamos fue posible gracias a que han desaparecido ciertas lenguas. Pocas veces encuentra uno en estos tiempos una expresión que, de manera tan directa, combine una causa tan incompatible con su presunta consecuencia (aunque la misma idea se repite de manera menos cruda en muchas partes). No contento con eso, don Gregorio escribió unos meses después un artículo en ABC, que llamó sin tapujos “Lenguas minúsculas”, donde no solo se reafirmaba sino que añadía más detalles en la misma dirección:

Añado ahora que una lengua desaparece cuando muere la última persona que la hablaba y lo único triste de ese suceso es la muerte de esa persona. […] En América y en África quedan bastantes de esas lenguas minúsculas y todo esfuerzo por mantenerlas no es más que una aberración reaccionaria, todo hay que decirlo. Esas pobres gentes tuvieron que padecer, históricamente, a conquistadores, encomenderos, exploradores y colonos. Y, por si no hubieran tenido bastante, hay quien pretende mantenerlas, desvalidas, en su exigua prisión lingüística, ajenas e ignorantes del mundo que con nosotros habitan, con todo lo bueno o lo malo que este les pueda ofrecer, para regalo acaso de obstinados antropólogos, entretenimiento de gramáticos imaginativos y orgullosa satisfacción de políticos desnortados y pusilánimes.
Gregorio Salvador ABC, 19 de enero del 2005

Como debería ser evidente, hay un pequeño problema con este último argumento. Los conquistadores, encomenderos, exploradores y colonos que, según Salvador, esas pobres gentes tuvieron que padecer, son precisamente quienes trajeron el español y es la lengua de sus descendientes la que todavía amenaza hoy las lenguas nativas. La destrucción de las lenguas ha sido precisamente una parte crucial del padecimiento que el propio Salvador reconoce. El vicedirector de la RAE promueve una forma integración de los hablantes de lenguas minúsculas, que no es otra cosa que una estrategia para destruir los últimos restos de las redes sociales que sostienen tales lenguas—como había dicho antes, las lenguas solo desaparecen cuando se quiebran las redes de intercambio que sostienen a sus hablantes.

El principio general que debería seguirse con respecto a las lenguas es respetar el derecho de cada uno a hablar la lengua que quiera. La integración, en condiciones dignas, es un objetivo loable, necesario y urgente, por supuesto. Pero no tiene por qué ser en español. La defensa de las lenguas minúsculas no es incompatible con la búsqueda de sociedades mejor integradas. Hablar castellano por sí mismo no libera a nadie.

No nos corresponde a nosotros decidir si los hablantes de las lenguas en peligro de extinción deben mantener o abandonar sus formas de vida o su lengua. Ese es su privilegio. Y aunque la desaparición de las lenguas precisamente muestra que eso es lo que están decidiendo, no es inútil preguntarse si acaso tomarían una decisión diferente si pudieran sostener y mejorar sus condiciones y al mismo tiempo conservar su lengua. Salvador crudamente sugiere que el abandono de una lengua minúscula en favor de la mayúscula es siempre para mejor. Pero, aunque tal podría ser el caso algunas veces, no tiene por qué serlo siempre. No veo nada de malo en defender una integración y una efectiva mejora de las condiciones de vida de las personas, sin que ello pase por el abandono de sus lenguas. El contacto exterior y el progreso no son incompatibles con la preservación de las lenguas: el uso de las lenguas mayoritarias no es un paso ni suficiente ni necesario para la mejora de las condiciones de vida.

Una cosa es que no impidamos la decisión de los usuarios de abandonar su lengua (nadie tendría que impedir eso) y otra muy distinta es que nos tengamos que alegrar por eso, bajo la excusa de que ese paso mejorará sus condiciones de vida. Ni la conservación ni el abandono de una lengua tienen por sí mismos la más mínima relación con el mejoramiento de las condiciones de vida de sus usuarios. Los esclavos africanos, por ejemplo, cuyas redes sociales fueron evidentemente destruidas, no abandonaron sus lenguas para mejorar su condición personal o social, sino, bajo el rigor del látigo, para mejor servir a sus amos. Nótese que uno podría estirar el argumento y decir que los esclavos “mejoraron” su condición precisamente porque podían servir mejor a sus amos (recibían menos latigazos, digamos). Pero esto es tramposo porque presupone que la violencia que destruyó las formas de vida de esas personas está justificada, y que de algún modo “la decisión” de adaptarse a su papel de esclavos (aprendiendo la lengua del amo, por ejemplo) es un resultado digno de elogio.


Y dicho sea de paso, cabría preguntarse qué sentido tiene hablar de lenguas minúsculas (incluso si ponemos a un lado el sentido despectivo del término). En Paraguay, por ejemplo, al menos cuatro de cada cinco personas habla guaraní (y el 30% de la población habla solo guaraní), pero el estado funciona (y ha funcionado siempre) totalmente en español. ¿Es el guaraní minúsculo en Paraguay? ¿Debería desaparecer? ¿deberíamos alegrarnos si desapareciera? ¿Pedir que el estado funcione también en guaraní es mero obstinamiento antropológico? ¿es solo para entretenimiento de gramáticos imaginativos y orgullosa satisfacción de políticos desnortados y pusilánimes? Nótese que la proporción de hablantes de guaraní en Paraguay es mayor que la proporción de hablantes de español en Europa: ¿es minúsculo el español en la Unión Europea? ¿debería desaparecer? ¿no deberían defenderlo los políticos desnortados y pusilánimes? Curiosamente, fue el propio Salvador quien encabezó la protesta en defensa de la minúscula ñ, cuando la UE pretendió eliminarla de los tableros de computadoras.

Don Gregorio acaba de publicar un libro, uno más, que recoge sus reflexiones sobre el estado del español. Lo ha llamado Noticias del reino de Cervantes, prestándole una frase a Arturo Uslar Pietri. No tengo a la mano el libro, pero sus declaraciones nos permiten imaginar la línea central de argumentación (ver aquí ciertas críticas). Como hablante y estudioso del español, nada me alegra más que el español florezca y prospere. Pero es injusto negarles la misma alegría a los hablantes de otras lenguas. ¿Por qué no pueden todas las lenguas prosperar juntas? El reino de Cervantes no tiene por qué ser el reino de la opresión y la exclusión: el respeto mutuo (expresado, por ejemplo, a través del bilingüismo) es una alternativa mucho más razonable. Sospecho, además, que así lo habría querido Cervantes.

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Tuesday, April 03, 2007

 

Mujer del arte

La batalla de Sekigahara, en octubre del 1600, dio inicio al Periodo Edo, una de las más prósperas épocas en la historia del Japón (entonces recientemente unificado). Casi todas las imágenes populares sobre la cultura japonesa que pululan en Occidente provienen de los fundamentales cambios asegurados en esa época: la mitificación de los samurais (que coincide, no por casualidad, con el paulatino abandono de su tarea guerrera y su conversión en una aristocracia muelle), la reformulación laica del Confucionismo, el teatro Kabuki, el encumbramiento de la ciudad de Tokio (Edo es el antiguo nombre de Tokio), los últimos Shogunes y, por supuesto, las geishas. Es el periodo que inicia la urbanización del país, la cual inmediatamente provoca, entre las clases altas y desocupadas, ese espíritu festivo, ya citadino aunque todavía cortesano, que en japonés viene a llamarse Ukiyo (“mundo acuático” o “mundo que flota”), y que da vida a barrios enteros llenos de teatros, actores, actrices, comediantes, pintores, bares, bailarines, damas de compañía, borrachos, poetas, malabaristas: era la bohemia de su tiempo. Es en este ambiente donde las geishas hacen su primera aparición, como una compleja mezcla de cantante, bailarina y especialista en conversaciones amenas---una especie de vedette (en el sentido francés) o entertainer, como se dice en inglés. Geisha significa literalmente “persona que vive del arte”, es decir, “artista”---al parecer, las primeras geishas fueron hombres, pero pronto se convirtió en una profesión puramente femenina.

En un clima como el del Ukiyo, y especialmente para los ojos occidentales, no era siempre fácil distinguir entre estas vedettes y las damas de compañía sin aspiraciones artísticas. Sin embargo, hacia el final del Periodo Edo, las geishas se habían establecido firmemente como artistas de prestigio e incluso alcanzaron dimensiones políticas, pues, según es fama, en sus casas se planearon las conspiraciones que terminaron con el shogunato e iniciaron la Restauración Meiji (1868), que es también la época de apogeo de las geishas---incluso fuera del Japón, gracias a la gira occidental de Madame Sada Yacco, a quien el propio Picasso le hizo un retrato (en la foto de la derecha). La confusión entre geisha y prostituta no se detuvo, sin embargo, especialmente porque muchas prostitutas, en un intento por disimular su profesión, se llamaban geishas a sí mismas (incluso surge para este caso la denominación onsen geisha, que puede traducirse como “geisha caliente”).

Y si en algún lugar se confundieron bastante las cosas fue precisamente en Occidente, donde geisha ha sido prácticamente sinónimo de prostituta. Pero la expresión misma no se hizo demasiado popular en las lenguas occidentales hasta después de la SGM (gracias, sobre todo, a la ocupación norteamericana de Japón). Es más, el Diccionario de la Real Academia (DRAE) incorporó esa voz recién en el 2001, usando la definición japonesa tradicional:

geisha
(Voz jap.)
1. f. En el Japón, muchacha instruida para la danza, la música y la ceremonia del té, que se contrata para animar ciertas reuniones masculinas.
Diccionario de la Real Academia

La huella de esa noción en el español, sin embargo, parece ser más antigua. En la edición de 1884, el DRAE introdujo por primera vez un apartado en la entrada mujer: mujer del arte, la cual (junto con mujer de la vida airada, mujer del partido, y otras) se define escuetamente como ramera. Esta frase, con ese mismo sentido, sigue hoy en el DRAE, como me lo ha recordado recientemente Silvia Cacciatori Filloy, artista plástica uruguaya, que ha elaborado un interesante trabajo sobre esa peculiar frase (y otras 104 del mismo tipo, a las cuales pretende, con toda justicia, reivindicar).

No está claro, por supuesto, cuál es la exacta relación entre la palabra japonesa geisha y la expresión española mujer del arte. Pero la segunda bien puede ser una traducción de la primera y se incorporó al DRAE a finales del XIX, precisamente el siglo de la apertura de Japón hacia Occidente y la edad dorada de la actividad de las geishas japonesas (el origen puede ser también geiko, literalmente “mujer del arte”, nombre que se les daba a las geishas más talentosas en Kyoto). No parece una simple casualidad. Adicionalmente, mujer del arte, no se usa en español siempre en la forma reportada por el DRAE, y de hecho, nada hay en la frase en sí que aporte ese significado (así que quizá proviene de otra parte).

He aquí algunos usos de mujer del arte que no siguen la definición académica:
Premio "Mujer del Arte y la Gastronomía". Para la Diseñadora de Moda Amaya Arzuaga de Vitoria. Una Mujer con mucho éxito Internacional y un amplio bagaje en el mundo de Moda.
Gastronomía Hoy

Nelly ha representado mucho para esta Casa en su calidad de Presidenta de la Junta Departamental y de Presidenta de la Comisión de Cultura. Ella ha engalanado esta Junta Departamental. Fue una mujer del arte y también del ámbito público y del ámbito jurídico. También fue una mujer que ha dejado su huella en el teatro nacional.
Junta Departamental de Montevideo - Acta 1.312

No en vano el presidente Ernesto Samper Pizano, al entregarle la Cruz de Boyacá, en el grado más alto (el presidente Gaviria ya se la había impuesto, en un grado inferior), en ceremonia multitudinaria, en el Teatro Metropolitano de Medellín, calificó a Débora como la “Más grande mujer del Arte Colombiano”, y comparó su rebeldía y su altivez con las de la legendaria Violeta Parra, cantante favorita del ex presidente de Colombia.
De la urbe digital
Ver también: Hombre público, mujer pública

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Tuesday, March 27, 2007

 

La crusca

En cierto día del otoño de 1582, Leonardo Salviati, entonces ya un conocido filólogo y miembro de una poderosa familia de banqueros florentinos, se unió a la Brigata dei Crusconi, un animado grupo de discusión sobre asuntos literarios y filológicos, y los convenció de fundar L'Accademia Della Crusca, a todos los efectos, la primera Academia de la Lengua en Europa, la cual sobrevive hasta hoy (con una breve interrupción a fines del XVIII). Salviati había escrito, a los 24 años, una Orazione in lode della fiorentina lengua, donde exaltaba el valor de la lengua toscana (siguiendo una tradición que se remonta al menos hasta Dante Alighieri, también florentino), pero su nuevo proyecto esta vez iba más allá. La Brigata dei Crusconi se había formado para contrarrestar las pretensiones de la Academia Florentina, dedicada principalmente a cuestiones filosóficas, que veía con cierto desprecio la discusión acerca de textos que no estuvieran escritos en griego o latín; al parecer, algunos intelectuales de la época consideraban la distinción entre textos clásicos y textos escritos en toscano como equivalente a la distinción entre harina y salvado (esto es, la cáscara del trigo, que se desechaba): según la Academia Florentina, el latín y el griego serían el trigo refinado con el que se hace la mejor harina (los mejores textos), mientras la lengua florentina vendrían a ser el salvado, la cáscara (o la crusca, como se dice en italiano), es decir, lo irrelevante, lo desechable. Los amigos del Crusconi (plural de crusca) se pusieron ese nombre para reivindicar los textos escritos en toscano, pero también para subrayar que estaban hablando de un tema por completo diferente, el cual, pese a ser más modesto que la filosofía, no merecía ser ninguneado. Leonardo Salviati, sin embargo, era más ambicioso. Con fina habilidad retórica, reformuló la oposición harina-salvado de la siguiente manera: la tarea del filólogo, según él, era separar la harina de la crusca (en español diríamos “separar la paja del trigo”); pero ahora la harina ya no era el latín sino el “florentino correcto” (esto es, la variedad de toscano que hablaban él y sus amigos), y la crusca eran todas las varias formas que adoptaba el toscano más allá de Florencia.

Esa metáfora funda el discurso prescriptivo europeo, y se repite, con diversas variantes en la Académie Française (creada en 1635) y la Real Academia Española (de 1713)---recordemos, sin ir muy lejos, el lema de la RAE: limpia, fixa y da esplendor (la propia Accademia Della Crusca, en 1589, había adoptado como lema Il più bel fior ne coglie, un verso de Petrarca que se puede traducir como Escoge la flor más bella). Lo mejor, lo más bello, lo limpio, frente a lo desechable, lo feo, lo sucio, constituye el eje que organiza la reflexión filológica post-renacentista y su impronta se puede percibir incluso hoy, especialmente fuera de las disciplinas lingüísticas.

Aunque la movida retórica de Salviati parece una transformación significativa, es en verdad la actualización de la misma metáfora no solo en la letra sino también en el sentido. El propósito de Salviati es el mismo que el de la Academia Florentina, pero su punto de referencia cambia: lo que ambos quieren es neutralizar la variación. Mientras unos anclan la lengua en un idealizado latín, el otro la fija en la idealización de su propia forma de hablar; para los dos, sin embargo, lo demás es crusca. Esa idea de que la forma de hablar de los demás es desechable, irrelevante o inferior, aunque largamente superada por los lingüistas, está presente de manera casi universal fuera de los círculos especializados, inclusive entre quienes embanderan una posición crítica.

Pongo como ejemplo un reciente post de mi amigo Gustavo Faverón, sobre la clausura del XIII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española:

Lo más sorprendente de los antiguos colonizados es cuánto les cuesta aprender a pensar con independencia. Tomemos por ejemplo […] la visita de los reyes de España para reforzar con sus presencias el congreso de las academias españolas de la lengua, reunidas en Medellín. […] [Este] hecho es tan obvio que no necesita comentario: el congreso de academias lanzó por todo lo alto su flamante Gramática del idioma, con la novedad de su "descentralización", pero lo tuvo que hacer, claro, invitando a que le den un espaldarazo a aquellas personas en quienes encarna el mismo viejo ideal de la RAE, el mismo ideal imperial de siempre: los señores reyes españoles.
Gustavo Faverón. Puente Aéreo 26 de marzo del 2007
Tres problemas vale la pena comentar aquí, y las voy a mencionar en orden inverso de aparición. En primer lugar, está la crítica a la presencia de los reyes de España, que presuntamente encarnan un ideal imperial. Incluso aceptando esto último, todavía es posible preguntarse qué tiene de malo que la RAE invite al Presidente de Honor de su Patronato (es decir, de la entidad que los financia) a clausurar el Congreso---de hecho, la razón principal por la que se invita a los reyes españoles quizá sea para asegurar un lugar más prominente en las noticias y por lo tanto difundir mejor los resultados del encuentro. Noten que no pretendo refutar la conexión simbólica entre el pasado colonial y la presencia de los reyes, pero sí es necesario preguntarse si tal asociación no es ya un símbolo hueco, y, al menos para los efectos del Congreso mismo, por completo irrelevante. Porque (y este es el segundo problema con el post) hay algo más que Gustavo señala pero no explica (o más bien explica muy limitadamente): la flamante Gramática del idioma es la primera gramática académica que incorpora datos provenientes de todas las regiones donde se habla el español, sin privilegiar las variedades de la Península. No se trata de que ha sido “descentralizada”, un término ambiguo que sugiere que solo la tarea misma de elaborar la Gramática ha sido compartida por las otras Academias, y no la decisión sobre qué datos incorporar (imagino que Gustavo tenía en mente la idea de que ha sido “descentrada”, es decir, que ya no gira en torno al español de la metrópoli, pero eso no es para nada claro en su post). En otras palabras, la Nueva Gramática de la Lengua Española constituye no ya solamente el símbolo sino el verdadero referente de la quiebra del orden colonial en el discurso académico (y aquí y en adelante “académico” solo quiere decir “de las Academias de la Lengua”); es un paso más (y no uno menos) en el proceso de “descolonización”. Nadie cuestiona el hecho, no precisamente halagador, de que la RAE ejerce una suerte de patronazgo sobre las otras Academias, pero esa preeminencia obedece menos a una política imperial que al simple hecho de que cuenta con recursos mucho más abundantes que los de sus pares latinoamericanos (un problema que se extiende más allá de los estudios sobre la lengua, por supuesto). Ver en la invitación a los reyes una conspiración neo-colonizadora oscurece el hecho de que nuestros países necesitan hacer más por estudiar el español, por conocer su propia lengua.

El tercer problema es mucho más serio. Sugiere Gustavo que la visita de los reyes es evidencia clamorosa de que a los académicos latinoamericanos les cuesta aprender a pensar con independencia. La relación causal entre esos dos hechos es cualquier cosa menos obvia, y ciertamente requeriría de muchos comentarios. Yo, al menos, no tengo la menor idea de cómo se puede inferir una cosa de la otra. Es simplemente falso que a nuestros académicos les cueste pensar con independencia. Existe una larga tradición de estudios del español en Latinoamérica y algunos de nuestros gramáticos más ilustres (Bello, Cuervo, Lenz) están a la cabeza de la tradición gramatical hispánica. ¿En qué exactamente consiste esta presunta continuidad colonial?

Hay todavía algo más, sin embargo. En su blog, la interpretación “colonialista” de las actividades de la RAE va de la mano con una paradójica actitud prescriptivista---como evidencian algunos posts en Puente Aéreo (ver aquí y aquí, por ejemplo). Es como si se sugiriera que no tiene nada de malo que las formas de hablar se clasifiquen en superiores e inferiores, en trigo y paja. Que lo único que está mal es que sea la variedad peninsular la que se considere mejor, que las Academias latinoamericanas debieran decidir por sí mismas qué es mejor. Es decir, es la metáfora de la crusca otra vez, con el mismo tipo de modificación que Leonardo Salviati introdujo: ahora la harina es el español latinoamericano (y quizá peor, solo una de sus variedades)---tal vez por eso usa “descentralizada”, que quiere en verdad decir no que no hay centro sino que existe más de un centro. Curiosamente, como ya he comentado antes, no es cierto que el “centralismo” (o cualquiera de sus parientes, el imperio, el colonialismo) cree el discurso prescriptivo. La actitud normativa existe de manera por completo independiente. Pero sí es verdad que el “centralismo” usa el discurso prescriptivo como una herramienta que lo justifique (en el mismo sentido, el colonialismo no inventó la pólvora, pero no habría sido posible sin ella); de esta manera, es en extremo incoherente denunciarlo, y al mismo tiempo contribuir a perpetuar uno de sus instrumentos.

Problemas reales

La RAE es una de las más notables instituciones académicas del mundo hispánico, y su tarea merece encomio, admiración y apoyo: no existe ninguna institución que haya hecho tanto por entender nuestra lengua. Pero eso de ninguna manera significa que tengamos que estar de acuerdo con todo lo que dice, ni que tengamos que aceptar sus criterios de análisis.

Y tampoco quiere decir que no sea posible hacerle cuestionamientos y señalarle problemas serios. En esta última línea, véase por ejemplo lo que opina Silvia Senz, de Addenda & Corrigenda, sobre la política editorial de la RAE (por ejemplo lo relacionado con la edición de los diversos diccionarios académicos) y sus intereses comerciales; ella incluso comenta esto en relación con el IV Congreso Internacional de la Lengua Española. Esta línea de crítica me parece más interesante que un inconsecuente gesto anticolonialista.

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Friday, January 19, 2007

 

La lengua se hace en la calle, no en las academias

Don Víctor García de la Concha, especialista en Siglo de Oro y en poesía española contemporánea (que además ostenta una licenciatura en Teología emitida por la Universidad Gregoriana), es Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Salamanca desde 1979 y Director de la Real Academia Española desde 1998 (fue reelecto hace poco, después de una reforma estatutaria para permitir la reelección). Durante sus años en la RAE (ya era su secretario en 1992), la institución ha pasado por una extraordinario proceso de cambio y, de ser una entidad amodorrada, de corte más bien madrileño, se ha transformado en una vibrante corporación cultural, con una creciente vocación panhispánica---nunca como antes se habían publicado tantos diccionarios y gramáticas, nunca tantos projectos cuyos resultados se colocan gratuitamente al servicio del público casi de inmediato, nunca tantos trabajos en conjunto con las academias hispanoamericanas.

Pero quizá lo más notable de este nuevo impulso sea la constante preocupación de García de la Concha por aclarar que el papel de la Academia no es realmente gobernar el idioma por decreto sino simplemente registrar el uso. Ya en 1998, antes de su nombramiento como Director, había dicho en relación con ciertas presiones por modificar el diccionario académico:
la Academia no crea palabras, ni el sentido de las palabras, ni impone su uso. ¿Qué hace? Registra el uso de la calle. Siempre tengo presente una frase de Quintiliano: Consuetudo certissima est loquendi magistra (el uso es el gran maestro del habla). Y es cierto, el pueblo es el que crea y difunde, la Academia sólo registra.
Víctor García de la Concha ~ La Vanguardia, 9 de noviembre de 1998

Ahora, en ocasión de la próxima inauguración del IV Consgreso Internacional de la Lengua Española, nos vuelve a recordar lo mismo:

Según García de la Concha [...] "la lengua se hace en la calle, no en las academias. Allí sólo ponemos el oído a cómo se habla y luego emitimos la norma". García de la Concha dijo que "todos somos responsables de nuestra lengua, no solo los académicos, los profesores, escritores y editores", y explicó que por ello en el Congreso Internacional de la Lengua "por primera vez habrá arquitectos, científicos, médicos, cantantes y deportistas".
Víctor García de la Concha ~ Terra.com 18 de enero del 2006

A esta perspectiva no le faltan ciertas limitaciones, como ya habíamos discutido, y tampoco carece de afilados detractores, pero es bastante mejor que el cerrado y radical prescriptivismo de otros tiempos. La RAE ha de transitar todavía un largo trecho si quiere adoptar realmente una perspectiva puramente descriptivista, y quizá nunca abandone su vocación normativa. Por ahora, sin embargo, el futuro parece estar en buenas manos.

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Thursday, July 27, 2006

 

Hombre público, mujer pública

A mediados de los 90, el Instituto de la Mujer, organismo del Ministerio español de Trabajo y Asuntos Sociales, a través de su Comisión Consultora sobre el Lenguaje (llamada NOMBRA), inició una revisión de las palabras castellanas con miras a detectar trazas de machismo en nuestra lengua. Como imaginarán, les fue bastante fácil reconocer un patrón claro en la distribución de los significados y el género: un buen número de sustantivos y adjetivos presentan una asimetría entre la acepción masculina, que alude a un concepto elogioso o neutro, y la femenina, que es un insulto de carácter sexista (generalmente, prostituta). He aquí algunos ejemplos (tomados del Diccionario de la Real Academia):

Bicho: Animal (entre otras acepciones)
Bicha: (El Salvador) Mujer que mantiene relaciones amorosas

Cualquier: Adjetivo indefinido. Cualquiera.
Cualquiera: Mujer de mala vida (entre otras acepciones)

Golfo: Gran porción de mar que se interna en la tierra entre dos cabos
Golfa: Prostituta (entre otras acepciones)

Hombrezuelo: Diminutivo de hombre [como es regular, no está en el DRAE]
Mujerzuela: Mujer perdida, de mala vida.

Hombre público: El que tiene presencia e influjo en la vida social
Mujer pública: Prostituta

Lobo: (Perú) astuto, agudo (entre otras acepciones)
Loba: Mujer sensualmente atractiva (entre otras acepciones)

Perdido: Hombre sin provecho y sin moral (entre otras acepciones)
Perdida: Prostituta (entre otras acepciones)

Perro: Mamífero doméstico de la familia de los Cánidos (entre otras acepciones)
Perra: Prostituta (entre otras acepciones)

Puto: Hombre que tiene concúbito con persona de su sexo
Puta: Prostituta

Zorro: Hombre muy taimado y astuto (entre otras acepciones)
Zorra: Prostituta (entre otras acepciones)

Cuando el grupo NOMBRA solicitó a la Academia que corrigiera estas asimetrías, se originó un debate un poco desenfocado. Los especialistas de la Academia respondieron que su trabajo era simplemente recoger el uso real de esas palabras, sin interferir: una regla de Quintiliano, Consuetudo certissima est loquendi magistra (el uso es el gran maestro del habla), fue el escudo de la Academia en este caso. Ese principio es impecable, por cierto (aunque la Academia no siempre le haga caso), pero si lo tomamos realmente en serio, la obligación de lexicógrafos y lexicógrafas (es decir, de quienes escriben diccionarios) es registrar no solamente el significado lato de las palabras sino las condiciones precisas de su empleo. Es para todos evidente que perra o zorra son insultos machistas y así deberían estar consignados---ocasionalmente, la Academia señala como coloquialismo alguna de estas acepciones, pero ese término es demasiado general y oculta el carácter injurioso de esos usos.

Por supuesto, la verdadera solución consiste en que quienes hablamos español desterráramos de nuestra forma de hablar esos insultos. Desgraciadamente, estamos muy lejos de esa situación ideal. Y para muestra, un botón. Hace dos días, el flamante congresista Carlos Torres Caro, se permitió este dislate:

"El hombre público es como la mujer pública: todo el mundo tiene derecho a meterle la mano".
Perú21, martes 25 de julio del 2006

Lo peculiar en este caso es ese ominoso tiene derecho. El congresista pudo haber dicho algo como desgraciadamente todo el mundo le mete la mano, paliando de alguna manera los efectos de la oposición hombre público / mujer pública (mejor hubiera sido que eligiera otra manera de desahogar su frustración de ser hombre público, por supuesto); sin embargo, al elegir tiene derecho nos revela no solo cuán profundamente está arraigado el machismo en el horizonte conceptual de muchas personas, sino también cuál es el verdadero papel de expresiones como las antes mencionadas: una perra, una golfa, una zorra son todas mujeres públicas, mujeres de todos, seres humanos sobre quienes todos tienen derecho. Es claro que la función de esas palabras es preservar el carácter machista de nuestra sociedad.

Tal vez, entonces, no sea inútil, sino al contrario, necesario y urgente, que la Academia reporte eso en su diccionario.

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