Friday, June 29, 2007

 

La pobreza, primer enemigo del idioma

Regreso después de más de un mes. Como había dicho ya, he estado escribiendo mi tesis doctoral; han sido semanas difíciles pero felizmente ya la defendí y, aunque me quedan algunas correcciones que hacer, ya hice lo principal. Así que puedo regresar al blog.

Y qué mejor ocasión que la clausura de la II Acta Internacional de la Lengua Española, el segundo de una serie de congresos que pretenden reflexionar sobre nuestra lengua desde el punto de vista de las industrias culturales asociadas al uso del español. La primera Acta se llevó a cabo en el monasterio de San Millán de la Cogolla (donde se encontraron los manuscritos que contienen las primeras representaciones escritas del antiguo español), en La Rioja, España, en octubre del 2006; el propósito de esa primera reunión fue analizar el valor económico de nuestra lengua. El segundo congreso, que terminó ayer en Bogotá, analizó la situación de la industria editorial en el mercado de habla hispánica.

Aunque con ese tema da la impresión de que se trata meramente de un aburrido encuentro de negocios, en verdad el congreso aborda el asunto desde varias perspectivas interesantes (puede leerse aquí un resumen). No conozco de primera mano las conclusiones, pero esta nota en Terra llamó mi atención:
La pobreza, primer enemigo del idioma
Superar la pobreza y los desequilibrios sociales son tareas básicas para asentar el progreso de los pueblos y el desarrollo de una potente industria cultural, según coinciden los expertos reunidos aquí, en la II Acta Internacional de la Lengua Española.
Terra 28 de junio del 2007
Quien haya puesto ese título acierta de un modo quizá insospechado. Como es bien sabido, hay cientos, quizá miles de lenguas en peligro de extinción. Y eso no se debe a un simple capricho de sus hablantes, sino precisamente al hecho de que estos se ven forzados a abandonarlos en beneficio de lenguas más fuertes económicamente. Es curioso, pero algunos parecen alegrarse de que eso esté pasando, bajo el dudoso argumento de que eso mejora las condiciones de vida de los hablantes.

Sin embargo, los usuarios no renuncian a sus lenguas por mero accidente, ni por razones banales. Es más, si algo hemos aprendido de los procesos de cambio lingüístico es que los hablantes son tercamente leales a sus lenguas, hasta que, claro, ya no pueden más. La vitalidad de una lengua es el exacto reflejo de la vitalidad de las redes sociales que conectan a sus usuarios. Los hablantes abandonan sus lenguas única y exclusivamente cuando esas redes son destruidas. La muerte de una lengua es, entonces, la evidencia de que un vasto y complejo sistema de intercambio ha sido aniquilado. La pobreza es, en efecto, el primer enemigo del idioma.

Es saludable y positivo que un congreso dedicado al negocio del libro se dé tiempo para reflexionar sobre estos temas. No todo es color de rosa en estos congresos, sin embargo---para una revisión crítica de la política lingüística, cultural y editorial del español, pueden leerse estos interesantes comentarios reunidos por Silvia Senz en su blog. Pero, al menos, hemos empezado a hablar de estos asuntos de una manera sostenida, más allá de los circuitos académicos.

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