Friday, November 09, 2007

 

Cristina Presidenta, Carrió Presidente

Gracias a este post en el blog de Mariana, me entero de lo siguiente. En la pasada campaña presidencial argentina, las principales candidatas usaron, en su respectiva publicidad, dos versiones diferentes de la palabra que designa el cargo al que aspiraban. Cristina Fernández, hoy ganadora, postulaba bajo el lema de Cristina Presidenta; Elisa Carrió, bajo el de Carrió Presidente. Ciertamente, merece una explicación. Mariana, que es también lingüista, nos recuerda que presidente es:
un participio presente ("persona que está presidiendo"), así como lo son "amante", "estudiante", "ausente", "doliente", etc. Y todas estas formas no tienen flexión de género. Decimos "el amante de la China del norte", "la amante de Keneddy"; "los estudiantes" y "las estudiantes". ¿Por qué entonces "presidenta"?
Tras admitir que presidenta es una palabra aceptada en el Diccionario de la Real Academia, Mariana expresa su desacuerdo por la innovación:
Más allá de que pudiera estar aceptado, el "presidenta" hace énfasis en la condición femenina de la persona, y aquello que podría ser interpretado como un gesto reivindicativo, más bien a mi parecer termina deviniendo machismo puro.
Quisiera sugerir aquí que Mariana bien puede tener razón, aunque por razones un poquito diferentes a las que ella plantea. Me permito en adelante una explicación un poco técnica, pero creo que vale la pena reflexionar sobre esto con detalle.

Los lingüistas distinguen con frecuencia entre palabra posible y palabra actual (o real). Una palabra posible es toda aquella que el sistema puede generar. Por ejemplo, con la terminación -ada podemos formar palabras del tipo limonada, naranjada...fresada, maracuyada…Las dos primeras (limonada, naranjada) no solo son posibles sino que son actuales (es decir, están realmente en el léxico), en cambio las dos segundas (fresada, maracuyada) son posibles pero no actuales (aunque eventualmente alguien las podría actualizar, es decir, incluir en su léxico). El léxico se define como una lista de peculiaridades, de propiedades idiosincráticas, convencionales.

Ahora bien, el género de los sustantivos no es predecible. Eso es bastante obvio, ya que no hay nada en el sustantivo escritorio que lo haga masculino, o en el sustantivo mesa que lo haga femenino. Es decir, el género de los sustantivos es enteramente convencional. Eso es verdad no solo con los objetos inanimados, sino también con los animados; por ejemplo, tortuga es femenino, sea macho o hembra (para indicar masculino decimos la tortuga macho); lo mismo pasa con cóndor, que es siempre masculino (para indicar femenino decimos el cóndor hembra).

Sin embargo, los sustantivos deben clasificarse en un género antes de combinarse con otras palabras. Eso quiere decir que si presidente va a ser sustantivo, debe tener un género antes de combinarse. Es verdad que presidente es un participio presente (o activo), por lo tanto, sin género a cierto nivel; pero eso solo quiere decir que la forma abstracta de la palabra es inicialmente la siguiente: presid-ent-[ ], donde [ ] indica un espacio vacío para la marca de género.

Por supuesto, hay diversas partículas que expresan el género. "-e" es el sufijo que le corresponde a los participios activos. Sin embargo, "-e" es una forma no marcada del sufijo de género, es decir, puede corresponder a masculino o a femenino (por ejemplo: el puente, la parte). En ese sentido, no hay ningún problema en decir la presidente (es una legítima posibilidad del sistema). Pero bajo el mismo razonamiento no puede haber ningún problema tampoco en decir la presidenta: es perfectamente posible en el sistema, aunque sea la forma marcada, es decir, la que corresponde a un solo género (femenino, en este caso). En otras palabras, el participio activo presid-ent-[ ] puede llenar su espacio vacío con la forma no marcada "-e" (que resulta en presidente) o con la forma marcada "-a" (que resulta en presidenta).

El problema ahora es si todas esas posibilidades se realizan efectivamente o no. Las siguientes son, todas, palabras posibles, pero las que están señaladas con asterisco no son palabras actuales:

(1) sirviente / sirvienta
(2) cantante / *cantanta
(3) *polente / polenta

Noten que existen todos los casos: (1) donde los dos lados están realizados; (2) donde solo el lado masculino está realizado, (3) donde solo el lado femenino está realizado. Claramente, para muchos hablantes (yo incluido), presidente / presidenta ha pasado de ser del tipo (2) a ser del tipo (1).

Dado que esta es una realización no previsible por el sistema, constituye precisamente el espacio ideal para la manipulación consciente por parte de los hablantes---en otras palabras, la situación ideal para que cada grupo de usuarios introduzca sus propios intereses, su propia agenda, sin afectar las regularidades del idioma.

¿Es machista preocuparse por usar presidenta? ¿o lo contrario? No es algo que pueda decidirse a priori. Es perfectamente posible usar presidenta para fingir no ser machista (como Mariana parece sugerir en su post), pero también es posible usar esa palabra para tratar de no ser machista. Y es también posible decir presidente sin ser machista, así como es posible encapricharse en este último uso por mero machismo. A diferencia del género gramatical, ser machista no es una propiedad de las palabras, sino de los hablantes. Por supuesto, las palabras son también una propiedad de los hablantes, y no es ninguna sorpresa que revelen lo que estos creen. Pero descubrirlo no es tan simple, especialmente en casos como el que discutimos ahora, donde hay tantas posibilidades.

Curiosamente, hay una diferencia adicional entre los lemas políticos. Cristina Presidenta usa el nombre propio de la candidata, que está (obviamente) marcado como femenino. Carrió Presidente usa el apellido de la candidata. Ahora bien, a diferencia de los nombres, los apellidos en español no pueden llevar marca de género. Es demasiada casualidad que la elección del apellido corresponda con la forma no marcada (Carrió Presidente) y la elección del nombre corresponda con la forma marcada (Cristina Presidenta). No es imposible que la campaña de Fernández escogiera presidenta por razones prácticas: para “hacer ruido”, para sugerir que hay un cambio, para consagrar la idea de que una mujer vaya a ser presidenta (un resultado que, dicho sea de paso, hay que celebrar). Tampoco es imposible que sea un mero caso de concordancia.

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Comments:
¡Muchas gracias, Miguel! Creo que tu artículo complementa y enriquece muchísimo lo que yo quise decir.
Nos estamos leyendo.
 
ilustrativo post, como es costumbre. quizás valga la pena (la peña) recordar que "Lourdes PresidentA" no parece haber tenido mayor efecto por aquí. ¿quizás porque su nombre no terminaba en A y el énfasis femenino se perdía?

cambiando de tema, tal vez te interese este artículo

http://www.tnr.com/currentissue/story.html?id=246c0071-a9cd-46e2-a665-c6e61a45377e

¿sería mucho pedir una opinión tuya sobre los temas allí tratados?
 
Interesante artículo. Sin caer en reduccionismos normativos, presenta un buen caso en favor del control que todos debemos ejercer cuando hablamos, en particular, la idea de que deberíamos tener en cuenta siempre el efecto de lo que decimos o escribimos en nuestros oyentes o lectores.

¿Pero no fue acaso el lema "Lourdes Presidenta"? Ver aquí.
 
En el debate previo a las elecciones por las que Michele Bachelet se convirtió en presidenta de Chile, le preguntaron por qué en sus lemas ("Se siente, se siente, Michele Presidente", o "Por Chile y por la gente, Michele presidente") no usaba la forma femenina.

"Porque no rima", contestó Bachelet.

Como dice la nota de La Nación, de Santiago de Chile, de esos días: "Tal vez la pregunta esperaba una respuesta más refinada, para que la candidata se luciera con su conciencia de género o se enredara en un tema cultural y comunicacional que no se despacha en un minuto. Pero, una vez más, el humor fue más fuerte y permitió una respuesta que rompió con una atmósfera tensa, de imposturas, arribista, de alejamiento de la cotidianeidad, de racionalizaciones que ocultan una precariedad que nos conocemos. Más que frivolidad, la respuesta anecdótica reflejó simplemente la verdad. El humor, así como puede ser un vehículo de crueldad, también puede reflejar la honestidad. El humor de Michelle Bachelet es tan espontáneo que la retrata mejor que cualquier libreto".

Acá está la nota:
Humores electorales
La Nación, Santiago de Chile, Miércoles 11 de Enero de 2006
http://www.lanacion.cl/cgi-bin/print_page_02.cgi?URL=http%3A//www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20060110/pags/20060110185939.html

Saludos desde Buenos Aires,
Virginia
viraven@educ.gov.ar
 
Miguel
Una curiosidad. Tú afirmas que en español los apellidos no llevan marca de género. Pero recuerdo haber escuchado alguna leyenda respecto al apellido de San Martín - ¿de Porres, de Porras? - que decía que en un tiempo los hijos de la familia apellidaban Porres, mientras que las hijas Porras. ¿Qué hay de cierto en este mito?
Un abrazo
Ernesto
 
Bueno, pero no veo muy bien por qué Porres/Porras tenga que ser una diferencia de género. No es el caso que los hombres se apellidan Porres y las mujeres Porras.
Noten que no es imposible que los apellidos tengan género en otras lenguas; en ruso eso es posible: Kasparov - Kasparova.
 
Interesante artículo Miguel.
Ahora bien, como dices, existen diversas posibilidades de motivación detrás del uso de presidentA en lugar de presidentE.

Es cierto que la concordancia es una posibilidad existente, pero algo me dice que la elección gira no en torno a la rima (como en el caso de Bachelet) sino a la intención; a una evaluación sobre la repercusión que tendría el uso de tal o cual forma.

Tal vez ello se ve reforzado justamente por este detalle que mencionas al final del post respecto a la utilización del nombre (Cristina)y el apellido (Carrió).

No sé si la concordancia se deba a lo que bien sugieres respecto de los apellidos, o a una intención por marcar distancia y presentarse como una propuesta seria (Carrió), no olvidemos que la prensa frivolizó a Cristina en sendas oportunidades. Por otro lado, la estrategia de la actual presidente(a) (jeje) era la de mimetizarse con el elector y, le funcionó.

Interesante también evaluar la situación acá, tal vez con Lourdes en el 2011 o con Keiko. Uff....dios nos libre.
 
Muchas gracias por el comentario.
La interpretación que sugieres es perfectamente posible; sin embargo, quizá valga la pena notar que en la última parte de la campaña Carrió jugó a ser "popular" (hasta resaltaba que no usaba maquillaje), y más bien Fernández jugó a ser "fina".
 
Primero quiero felicitarte, me parece muy interesante tu blog, sin embargo en este artículo he encontrado un error.

Me refiero a cuando dices "el participio activo presid-ent-[ ] puede llenar su espacio vacío con la forma no marcada "-e" (que resulta en presidente) o con la forma marcada "-a" (que resulta en presidenta)" Pero si estamos dentro de la normatividad solamente quiero decirte que hasta donde tengo entendido los participios activos no terminan en "ent[ ]" sino en "nte" como lo podrás encontrar en la RAE "participio activo: 1. m. Gram. Tradicionalmente, forma verbal procedente del participio de presente latino, que en español, con terminación en -nte, se ha integrado casi por completo en la clase de los adjetivos o en la de los sustantivos"

Considero que normativamente no podemos argumentar que presidente tenga la posibilidad de cambiar de género en su última letra y que esto sea correcto.

Siguiendo con la polémica de la y si queremos alcanzar una pluralidad equitativa en el lenguaje, entonces comencemos a decir “la estudianta”. Aunque considero que aquí no ha ocurrido este cambio léxico porque obviamente se ejerce una desviación discrecional sobre las palabras, es decir, no es que sea correcta la terminación, sino que se ha aceptado por lo que designa, en cualquier caso, ser presidenta ubica una posición de poder (estatus, hegemonía, elite) mayor que ser “estudianta”, apuntemos que presidente, etimológicamente proviene de presidere, que está formada por el prefijo prae- (antes, delante) y el verbo sídere (sentarse), con el significado de “estar sentado al frente”. Si no se ha incorporado otros participios presentes como correctos es porque la terminación en sí misma es un error, es más fácil pelear por la “igualdad” de las mujeres que no son iguales que las demás, las mujeres que presiden (que están al frente) sí merecen mostrar su sexo en el sustantivo y no en el artículo.

Saludos
 
Muchas gracias José por tus alcances. No estoy de acuerdo, sin embargo, con tu concepción del género gramatical---y de hecho, no creo que ningún lingüista estaría de acuerdo, ni siquiera los de la Real Academia (los que son, dicho sea de paso, muy buenos lingüistas).Si lo que tú dices es correcto, se produce una contradicción. Por un lado, se pretende decir que el participio activo no lleva género, pero por otro lado se dice que la terminación de participio es "ente" y no "-ent-". Si el participio lleva "-e" entonces necesariamente tiene un marcador de género (a saber, "-e"). La única manera de evitar la contradicción es negar que "-e" sea una marca de género. Desgraciadamente, eso nos lleva a un error incluso mayor, no solo porque "-e" está ampliamente documentada como marcador de género (parte, puente...), sino porque nos obliga a concluir que una palabra como "estudiante" no tiene género gramatical. Pero eso es falso, como se desprende claramente de la concordancia: "el estudiante alto, la estudiante alta".

En otras palabras, queremos rescatar dos ideas: (i) que los participios presentes no tienen género y (ii) que los sustantivos sí tienen género. La única manera de representar esas dos ideas al mismo tiempo es separar la secuencia "-ente" en sus constituyentes: "-ent-" (marca de participio presente) y "-e" ("marca de género"). De esta manera, cuando el participio presente se va a usar como sustantivo (o adjetivo) se incorpora una marca de género (a saber, "-e").

Eso no es para nada una sorpresa. De hecho, exactamente lo mismo le pasa al participio pasado. Del verbo helar obtenemos un participio pasado: hel-ad- que puede ser masculino o femenino, solo si es un sustantivo (o un adjetivo): el helado, la helada. También en este caso "se dice" que el sufijo de participio pasado es "ado, ido", pero esta no es más que una regla pedagógica para la escuela. Si uno quiere entender los fenómenos del lenguaje con un poquito más de profundidad, tiene que permitirse distinciones más finas y técnicas.

Esto puede sonar muy teórico, pero existe una comprobación empírica bastante clara de lo que estoy diciendo. Creo que ningún hablante de español rechazaría, por ejemplo, la palabra "sirvienta". En este caso, también hay un participio presente (el mismo que hay en "cantante"). La diferencia es que "cantante" no admite "-a" (al menos en mi particular dialecto). Pero esa es una diferencia enteramente accidental. Como es accidental también el hecho de que "escritori-o" sea masculino y "mes-a" sea femenino. La asignación de género a los sustantivoses accidental, es decir, arbitraria, inmotivada. Y eso no solo con los nombres de objeto sino también con los animados: la tortuga/ * el tortugo. Precisamente, el estudiante / *la estudianta es otro caso de esos.

Es muy importante tener en cuenta que no es correcto asimilar "género gramatical" a "sexo". No existe una correlación perfecta entre esas nociones, ni siquiera entre los sustantivos que designan animales y personas. El género es un clasificador de sustantivos, no de gente. Y en ese sentido, es enteramente arbitrario.
 
Bueno Miguel, la verdad es que me he enriquecido ampliamente con tu respuesta, quisiera decirte que soy psicólogo clínico, por esto es que mi alcance en cuanto a lingüística no es muy amplio, sin embargo quisiera compartirte algunas ideas que quizá se pierden entre la discusión de "reduccionismos normativos" como tú los llamas.

En primer lugar comparto tu idea en cuanto a que el sustantivo siempre tiene género, puesto que en español no existe el género neutro (como lo hay en otros idiomas), por lo tanto decir "presidente" remite al género masculino, aquí quiero señalar que el género gramatical sí es equiparable a sexo(en este caso especialemente), lo señalo específicamente porque estamos hablando del terreno social, mi visión es muy encaminada a la perspectiva de género, es decir, la muchas veces entendida como feminista. He trabajado un tiempo en cuestiones relacionadas con la problemática de género (hombre, mujer) como propiciador de violencia en contra de las mujeres, por lo que constantemente escucho argumentos a favor de incorporar palabras nuevas al lenguaje y así darles un lugar a ellas, la llamada equidad de género (como te darás cuenta aquí se entrelazan el género gramatical y el sexo, además de los llamados roles sociales).

Desde hace tiempo que yo sostengo una postura en contra de algunos nuevas palabras utilizadas para poner el énfasis en el género (femenino, sexo) de la mujer, para resaltar su posición, presidente puede ser que antes haya sido exactamente igual de accidental que cantante, pero se comienza a popularizar a partir del movimiento feminista. Incluso podría estar de acuerdo en cambiar todas los sustantivos a ambos géneros, sin embargo, en las peleas constantes por la equidad de género las "feministas" siempre abogan y defienden "presidenta", mi crítica va encaminada al hecho de que no les interesa el cambio en las demás palabras, esto es obviamente una intención para cuestionar.

Creo que sirvienta es un claro ejemplo de como una labor que ejerce una mujer es puesta en su género, es decir, si presidenta lo buscan por el hecho de la designación de poder, sirvienta quizá se creó precisamente porque ponía énfasis en que es una mujer quien nos sirve, sabiendo que también hay sirviente (hipótesis, que remarco, estoy en el ámbito sociocultural), si la lucha es por la equidad en el lenguaje pues adelantémonos a cambiar todos estos participios aun cuando san accidentales.

Lo que quiero señalar es que mi argumento, y quizá por eso parecemos no entendernos, no es una crítica únicamente a la normatividad o una invitación a seguirla obedientemente, sino las repercusiones sociales que tiene el uso del lenguaje, "el lenguaje es lazo social" nos diría Lacan (psicoanalista). Y ese lenguaje es el que nos forma.

Saludos y gracias por contestar y de nuevo una felicitación por tu blog.
 
Muy interesante lo que dices, José, y mu interesante también el tema en el que trabajas (a mí también me fascina la relación entre lenguaje y relaciones de poder).

No creo que estemos en desacuerdo, si te entiendo correctamente.

Por "accidental" los lingüistas no queremos decir "irrelevante". Queremos decir simplemente que no existe una regla (gramatical) para relacionar dos conceptos. El ejemplo más típico es, como Saussure lo señaló en el texto fundacional de la lingüística moderna, el caso de la relación entre sonidos y conceptos. Nada hay en el sonido "perro" que remita a nuestra mascota. La relación es arbitraria. Pero eso de ninguna manera quiere decir que no exista detrás una larguísima tradición que asegura que sea "perro" y no "gato". Es decir, la relación es también convencional. De hecho, "accidental" quiere decir precisamente eso: no predecible, fruto de una convención (si quieres, algo cultural).

Lo mismo se aplica al problema del género. Si la gramática (es decir, aquello que es predecible, que es fruto de una regla) permite la posibilidad de que se emplee el femenino y el masculino (el sirviente, la sirvienta), queda a la voluntad de los hablantes (esto es, a la tradición, a la historia, a la cultura, a la convención social, etc) si se emplea esa posibilidad del sistema o no. Nota que eso es algo que funciona a lo largo y ancho del sistema de género: hay escritorio pero no *escritoria, mesa pero no *meso, tortuga, pero no *tortugo...y cantante pero no *cantanta, pero sí presidente y presidenta.

Tú tienes toda la razón al señalar cuáles son las razones culturales por las que se hace una elección y no otra. Sin embargo, cada persona o grupo de personas puede tener una razón diferente para hacer su elección, incluso si coinciden en la forma elegida. Es muy interesante la observación que haces acerca de sirvienta. Como si nadie se hiciera problema con que una mujer fuera sirvienta pero en cambio algunos saltan si una mujer va a ser presidenta.

Sin embargo eso es precisamente lo que revela la necesidad de distinguir sexo de género gramatical (y más incluso, de roles sociales: no puede caber duda de que "mujer" es también un rol social, además de ser una condición biológica, pero ambos son diferentes de "género gramatical").

Cuando se reclama que todas las palabras deben tener alternacia de género gramatical (-o/-a, digamos), se está proyectando una preocupación sobre los roles sociales de hombres y mujeres sobre las regularidades gramaticales del español. Es por completo una coincidencia que el español tenga solo dos géneros. Hay lenguas con tres o incluso más (la cuenta siempre depende de qué se entienda por género). Y hay lenguas sin género en absoluto. Si existiera alguna conexión mágica entre gramática y roles sociales, uno podría esperar que en las comunidades que hablan lenguas sin género gramatical no haya machismo. Eso, como bien sabemos, es completamente falso.

Yo comprendo la preocupación por limpiar la lengua de sus innumerables huellas machistas. Es un esfuerzo necesario. Pero no debemos cultivar la ilusión de que es un esfuerzo suficiente. Me atrevería a decir, inclusive, que si acaso algún día todo el mundo acepta decir "jóvena", "cantanta", etc., y si eso es lo único que hemos logrado, en verdad habremos avanzado muy poco en la eliminación del machismo

Aquí me viene a la memoria un capítulo de South Park, donde los habitantes del pueblo van a quejarse de unos nativo-americanos: repiten los mismos insultos raciales de siempre, solo que en vez de decir "indio" decían "nativo-americano". Eso es lo que queremos decir por "accidental": que se puede cambiar por completo sin que nada crucial realmente se modifique.

Por supuesto, estos son temas bastante más complejos de los que aquí se señalan; por eso me alegra que estemos teniendo esta conversación, en la que sin duda yo aprendo como el que más.
 
este blog demuestra que a través de internet se puede fomentar la cultura.

gracias
 
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