Friday, September 07, 2007

 

Congresista Hildebrandt, congresista Hilaria

Los lingüistas vivimos en una permanente encrucijada. Por un lado, nuestra meta es saber cómo funciona realmente el lenguaje. Para conseguir eso, no nos queda otro camino que sentarnos a observar cómo usan los hablantes sus respectivas lenguas y variedades: nadie sabe más del lenguaje que los propios hablantes, aunque ese conocimiento sea inconsciente y esté oculto (precisamente nuestro trabajo es desenterrarlo de entre los enunciados y las intuiciones lingüísticas). Pero, por otra parte, siempre nos encontramos, en todas partes y en todas las lenguas, con el fascinante hecho de que los usuarios imaginan que sus formas de hablar son superiores o inferiores a las de los otros. Y no solo eso, sino que nos preguntan, con avidez, con inusitada esperanza y fe ciega, cuál es la forma superior, cuál es el giro correcto, cuál la palabra autorizada. Ante tamaño acto de confianza, la tentación de jugar a ser Dios, de erigirse en árbitro supremo del bien y del mal, es tan grande que a ella han sucumbido no pocos colegas.

Un ejemplo reciente de esa confusión entre el papel del lingüista y el de brujo de la tribu nos lo da la congresista Martha Hildebrandt, quien dijo lo siguiente en pleno debate en el Congreso de la República:

yo no soy quechuahablante pero soy lingüista, aquí se respetan las especialidades. Cuando se habla de medicina los médicos tienen más estatus, cuando se habla de derecho, por supuesto los abogados, y yo los respeto y mando a preguntar a los abogados o a los médicos cuando se trata de un tema médico o abogado, pero que tenga la representatividad lingüística de una lengua los hablantes, es como decir que los enfermos saben más de medicina, y los presos y condenados saben más de derecho.
Martha Hildebrandt, Diario de Debates del Congreso, 6 de septiembre del 2007, p. 34
Dos aspectos son notables en este texto. El primero debería saltar a la vista: para Martha Hildebrandt los hablantes no pueden representar a sus lenguas, solo los lingüistas pueden hacer eso. Es decir, según la congresista, los hablantes no tienen nada que decir acerca de sus lenguas (o de sus derechos lingüísticos). Como los presos y los pacientes con respecto al Derecho y la Medicina. Pero Hildebrandt aplica mal la comparación. Los lingüistas no somos la autoridad final en la lengua; somos la autoridad final en Lingüística—eso nos lo ha recordado varias veces el propio Director de la Real Academia Española. A los médicos no se les discute cuando hablan de Medicina, ¿pero no tienen acaso ninguna voz los pacientes cuando se discute cuáles son sus derechos o la forma en que deberían ser tratados? Los médicos curan a los pacientes, no los representan. Los lingüistas estudiamos las lenguas, pero no podemos arrogarnos la representación de los hablantes—el dislate de Hildebrandt no es original: es fama que Unamuno se enemistó con toda la intelectualidad vasca cuando se negaron a nombrarlo primer Director de la Real Academia de la Lengua Vasca (pequeño problema: Unamuno no hablaba vasco).

El segundo aspecto es incluso más interesante. En la expresión que tenga la representatividad lingüística de una lengua los hablantes, el verbo tenga aparece en singular pero el sujeto los hablantes es plural. Lo que pasa es que entre el verbo y el sujeto hay un largo objeto: la representatividad lingüística de una lengua, que parece concordar con el verbo (contra la costumbre normativa en español). Es un fenómeno característico del lenguaje oral (en particular con verbos como tener, ser o estar). Martha Hildebrandt, a pesar de su proclamado apego a la “corrección” gramatical, no puede controlar su propio conocimiento inconsciente. Hildebrandt-hablante se impone y Hildebrandt-correctora se diluye. Como siempre.

Pero eso no es todo.

El Diario de Debates del Congreso nos depara esta exquisita muestra de interacción entre las fuerzas del lenguaje y las prácticas sociales. En algún momento, se arma un intercambio de palabras en el hemiciclo. No es para menos. Martha Hildebrandt se ha despachado contra los derechos de las lenguas minoritarias:

la Constitución es demagógica en ese artículo. Yo como lingüista, dedicada 50 años, 20 de ellos a lenguas indígenas, puedo decir que ese es el artículo peor hecho de toda la Constitución. No pueden ser oficiales 40; 50 ni 60 lenguas.
Martha Hildebrandt, Diario de Debates del Congreso, 6 de septiembre del 2007, p. 32

Pero desde el punto de vista social, más vale la lengua que tiene muchos millones de hablantes, socialmente hablando, que la lengua que se está extinguiendo.
Martha Hildebrandt, Diario de Debates del Congreso, 6 de septiembre del 2007, p. 41
Las congresistas Hilaria Supa y Martha Hildebrandt se enfrascan en un debate que interrumpe las buenas maneras y vuelve incivil el diálogo. La Presidenta de turno, Martha Moyano, llama al orden:

Vamos a procesar la cuestión previa, vamos a procesar la cuestión previa. Congresista Hildebrandt, congresista Hilaria, vamos a procesar la cuestión previa. Por favor, congresista Hildebrandt y congresista Hilaria, les pedimos respeto al Pleno. Ya han hecho uso de la palabra y cada una ha sentado su posición…
Martha Moyano, Diario de Debates del Congreso, 6 de septiembre del 2007, p. 42
Fíjense en este extraordinario vocativo: congresista Hildebrandt, congresista Hilaria. Martha Hildebrandt es la congresista Hildebrandt. Hilaria Supa es la congresista Hilaria. A una el apellido, a otra el nombre de pila. Demás está decir que la norma culta manda que en esta ocasión se use el apellido y no el nombre de pila---pero ya habíamos notado antes lo fácil que resulta quebrar esa norma cuando el interlocutor es quechuahablante. No es la primera vez que ocurre durante el debate. Hay otras dos ocasiones en que se usa la misma fórmula:
Congresista Hilaria, puede hacer uso de la interrupción. (p. 39)
Muchas gracias, congresista Hilaria. (p.40)


Hildebrandt-correctora, defensora de la norma culta, que se rasga las vestiduras por la menor desviación, que salta como fiera ante cada infracción, no dice ni pío esta vez. Tal vez no se da ni cuenta. Porque esta vez no le importa, porque no le interesa realmente si la gente habla bien o mal, si el lenguaje se usa en forma apropiada o no. Así como al vendedor de medicinas bambeadas le importan un bledo las vidas de los enfermos, y lo único que quiere es conseguir un dinero fácil, a Hildebrandt en verdad le importan un bledo las vidas de los hablantes, sus ilusiones, sus esperanzas y sus lenguas. Lo único que quiere es que le rindan pleitesía.

El maestro Eugenio Coseriu, que fuera mi profesor en la Universidad Católica, solía decir que los lingüistas tenemos también el deber de atender a las preocupaciones del hablante, de servirlo en sus necesidades expresivas, de orientar la visión que tiene de su propia lengua. Somos los lingüistas los que estamos al servicio de los hablantes, somos nosotros los que aprendemos de ellos las maravillas del funcionamiento del lenguaje, y en modesta compensación por tamaño regalo, no podemos sino estar de su lado cuando son agredidos, ridiculizados o discriminados por hablar como hablan, por mostrarnos las posibilidades y los límites de la facultad lingüística. Hildebrandt traiciona lo más sagrado de nuestra profesión, aquello que es nuestra razón de existir, el objeto y la inspiración de nuestro trabajo: los hablantes y sus lenguas.

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Comments:
Aquí: ".... tenga aparece en singular pero el sujeto los hablantes es singular...." no debería ser plural (el segundo singular?)
 
Hola Miguel,
anoche, en prensa libre con Sol Carreño, Hildebrandt salió dizque a hacer un mea culpa, pero terminó con más de lo mismo.
Cuando se le preguntó por el quechua, dijo que no lo despreciaba, que al contrario envidiaba a quiénes lo sabían pero no pues si lo habla cualquier quechuahablante sino al estudioso de la lengua, a Rodolfo Cerrón Palomino, un quechuólogo,,,,
En verdad, la congresista Martha es una vergüenza para nuestra profesión
 
esto dice el proyecto de ley

"Tradúzcase y publíquese las normas legales aprobadas que tengan incidencia en los pueblos originarios e indígenas del Perú, de preferencia las referidas a los Derechos Humanos, Derechos del Niño y del Adolescente en los diferentes idiomas oficiales del Perú."
 
Estoy de acuerdo con el comentario de "La Peña..."
 
Muchas gracias por la observación, Susana. Ya está corregido.
 
Hola Miguel
Bacán tu post. Aunque, a pesar de todo, me gusta el trabajo lexicográfico de Martha Hildebrandt. Sólo un detalle. Es Hilaria Supa, no Supe.
Ahora bien, siendo abogado del diablo, ¿tiene asidero lo que dice Hildebrandt sobre que no se puede tener 60 lenguas oficiales? ¿Es eso realista, posible? ¿A qué llamamos ser lengua oficial entonces? Otra cosa. Me parece que el reclamo que hace de tener traductor simultáneo cuando intervienen en quechua o aymara (no lo mencionas, pero lo he leído por algún lado) es de lo más entendible.
Por cierto, sobre el intento de descalificar por el uso del idioma y la baja instrucción, encontré esta frase en el editorial de Aldo Mariátegui:
"Uno sintoniza muchas radios provincianas y se encuentra con mucho locutor ignorante, de pésimo castellano y de protervas ideas que manipula los inocentes sentimientos locales. A menudo, seguramente por lo mismo que se trata de seres elementales, son unos resentidos sociales izquierdistas o populistas, verdaderos loros comechados que siempre, siempre conjugan sentimientos antilimeños y que están contra la modernidad, porque esa luz acabaría con estos vampiros del sonido."
Y esta Chiquita en el mismo Correo:
Chau Yonhy
"Hugo Chávez acaba de prohibir los nombres raros en Venezuela y anunció que elaborará una lista de 100 nombres para usar en el Registro. Se acabaron los Yejaidas, los Yurbi, los Josmar, los Meredith y los Apolos. ¿Que dirá Yonhy Lescano al respecto con ese “nombrecito” que se maneja? "
Curiosa coincidencia, ¿no?
 
He leído con gran atención sobre el debate ocasionado por la señora. Mientras la arrogancia predomine, habrá pues otros medios para evitar y denunciarla. La evolución de la lengua no se atiene para siempre a reglas. Sobre el tema del quechua involucra en muchas cabezas... racismo. Ideas hasta ahora, colonialistas...
 
Me parece que todos estan tomando un punto de vista equivocado. En mi opinion la Dra. Hildebrandt solo esta siendo practica y realista. Si ni en español tenemos las cosas claras, como sera llenarnos de documentación en varias lenguas. Y peor aun cuando todas tienen muchas variantes de acuerdo con la region. Si queremos ayudar o preservar el quechua y otros lenguajes, somos nosotros los que estamos en la obligacion de aprenderlo, y no aislar a ciertas comunidades del resto del Peru. El lenguaje une, por eso todos deberiamos hablar un lenguaje comun, y los que realmente quieren preservar su lenguaje nativo que lo hagan. Y peor aun, cuando los lenguajes de los que estamos hablando (orales) no se pueden expresar eficientemente utilizando alfabetos romanizados...
 
Muchas gracias por la corrección del apellido de la congresista Supa. No estoy familiarizado con los nombres de nuestros políticos desde hace varios años. Debí verificar.

Que Hildebrandt está siendo realista es, por supuesto, cierto. Ese es precisamente el problema: nos está diciendo que mantengamos la realidad tal como hasta ahora. Que no se escriba, que no se lea, en las otras lenguas.

Muy interesante la idea de alzheimer sobre el hecho de que deberíamos aprender nuestras lenguas: a ver qué opina la doctora Hildebrandt.

Por supuesto que no tenemos las cosas claras con respecto a cómo funcionan o inclusive cómo debieran ser escritas todas las lenguas en el Perú. Pero nunca las vamos a tener en claro si nos quedamos de brazos cruzados con la excusa de que así somos "prácticos".

Imagínense la situación inversa. Imagínense que de pronto en el Perú no se puede sacar una partida de nacimiento en español, que no se puede sacar un pasaporte en español, que no hay televisión, cine, tiendas, periódicos en español. Que los juicios, las leyes, las recetas del médico, las multas de tránsito, los calendarios, la cuenta de la luz, todo, ya no es en español sino, digamos, en piro---imaginemos que los piros descubren un arma secreta (la pólvora 2.0) y conquistan el mundo. Y que cuando vamos a reclamar nos dicen: "pero si así es más práctico!". También tendrían razón por supuesto: sería mucho más práctico publicar las leyes...etc en una lengua (piro) que en dos o 136; más práctico para los piros, claro está. ¿Qué tendría de práctico para el resto de nosotros?
 
Miguel
Aunque coincido en gran medida con tus argumentos, me gustaría abogar un poco más por la tesis contraria. ¿Es viable tener 20 ó 60 lenguas oficiales? ¿Cuál es una cantidad manejable?
Sólo por poner un ejemplo conocido. En el País Vasco, donde el vasco o euskera es lengua oficial junto al español, se busca dar la información oficial en las dos lenguas. Así, por ejemplo, tenemos que los carteles indicando las calles están en los dos idiomas. "Calle / Kalea xxx". ¿Te imaginas, no 60, no 20, tan solo 10 idiomas en un cartel para decir calle?
De acuerdo con que es justo que todos podamos usar nuestra lengua materna para tener una vida normal - inscribir a nuestros hijos en el registro civil, sacar pasaporte, recibir atención médica, etc. ¿Pero cómo hacer para darles cine, televisión, libros en su lengua a los hablantes de piro o siquiera quechua si con las justas se le da eso a los que hablan español? Al final, si hemos de ser prácticos, le daríamos la razón a ese poema de Rubén Darío que se preguntaba "¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?".
Un abrazo
Ernesto
 
Pero tu ejemplo es un poco tramposo. En España se hablan varias lenguas también. En el País Vasco se usa el vasco con el español, en Cataluña el catalán con el español, etc, etc.
Lo mismo se puede hacer en el Perú. Los hablantes de las 50-60 lenguas no están todos juntos en la misma esquina. La oficialidad de las lenguas es relativa a la zona en la que predominan, y aunque ese es no es un concepto 100% exacto, al menos debería respetarse en la medida de lo posible.
 
Por fin se dijo la verdad de Hildrebrandt. Es realmente una vergüenza que alguien utilice su profesión para engrandecerse a sí misma. El lingüismo es una de las formas más virulentas de discriminación, porque no ataca de frente, sino que se esconde sutilmente en las palabras que escogemos. Creo que falta mucho ponerse en los zapatos del otro. A ver que un día se diga "Congresista Martha" y ella no se indigne.
 
Hay un pronunciamiento en contra de MH por parte de los estudiantes de linguistica de la PUCP, al que ya se han sumado no solo egresados y profesores de la especialidad, sino mucha gente más.

http://imverbe.blogspot.com/2007/09/pronunciamiento.html

Saludos

teresa
 
No niego el conocimiento de la tía H, pero es cierto que se sobrepasó, armó un lío en nombre de la lengua imponiendo su sapiensa y desplazando otras realidades, estoy de acuerdo con tu post!

Saludos
 
Hola Miguel y otros comentaristas de la Peña lingüística:

Soy Francesc Reina, profesor de lengua y literatura castellana en un IES de Viladecavalls (Barcelona-España). Mientras buscaba ejemplos de anacolutos para mis alumnos de Segundo de Bachillerato he encontrado vuestro blog. Una idea magnífica, amena y entretenida. Os saludo y os felicito. En la medida de lo posible intentaré aportar ejemplos para hacer más grande y jocosa la "peña".

Francesc.
 
En primer lugar, quisiera citar a la Tía H "yo no soy quechuahablante pero soy lingüista, aquí se respetan las especialidades. Cuando se habla de medicina los médicos tienen más estatus [...] pero que tenga la representatividad lingüística de una lengua los hablantes, es como decir que los enfermos saben más de medicina [...]" Lo que dice, no es que los hablantes no puedan opinar, sino que un estudioso de la lengua -o lingüísta- tiene más estatus, lo cual es muy cierto; como sabemos, el hablante promedio no está muy conciente en los asuntos de su lengua, siquiera no lo está tanto como lo debería estar un lingüísta. Lo que dice no es que el hablante no pueda opinar, sino que su opinión no valdrá tanto como la de un hablante que ha dedicado un mínimo de 5 años de su vida al estudio de la lengua.
Por otro lado, como decía Tanque de Casma en línas más arriba, ¿es acaso factible tener 20 ó 60 lenguas oficiales? ¿Es que acaso no se está tomando en cuenta el presupuesto necesario para ello? Además, no creo que sea un gasto apropiado, ya que tan sólo les pregunto ¿cuántos de uds. han leido, por voluntad propia, todos su Derechos? Entiendo perfectamente que la Tía H haya hecho antes comentarios discriminatorios; sin embargo, no por ello podemos caer en un argumentum ad hominem y tildar de discriminatorio todo aquello que este personaje diga.
Y, con respecto al error gramatical cometido por ella, me parece poco pertinente mencionarlo; antes de ser una lingüísta estrictamente normativa, es una hablante que también tiene derecho a cometer este tipo de faltas. Por más cuidadoso y estricto que sea uno en el lenguaje, es imposible no cometer errores al hablar; sin embargo, los errores cometidos serán considerablemente inferiores al promedio.
 
En cuanto a lo que dijo MARTHA, sobre los medicos, si un paciente me dice que le duele, yo le creo, y de acuerdo a mis conocimientos interpreto su dolor y le doy una solucion, martha no interpreta, solo quiere imponer su opinion, en forma terca y poco inteligente, es como que un medico le diga a un paciente acerca de un apendicitis: Oiga usted, el tipo de dolor que usted me refiere, no esta en los libros de medicina, por lo tanto no existe.
 
Prefiero no llamarla HILDEBRANDT, por no deshonrrar el apellido de un insigne periodista
 
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