Wednesday, February 23, 2011

 

El Señor de Sipán de Wari

El Señor de Sipán de Wari
Hace poco describíamos cómo funcionaba la operación léxica de formación de hiperónimos: una palabra o frase que designa una subclase (un hipónimo) puede convertirse en la designación para toda la clase (el hiperónimo). Por ejemplo, kolynos es una marca comercial de pasta de dientes, pero es muy común que se convierta en el nombre de toda la clase de pastas de dientes. Señalábamos este ejemplo:
-Véndame un kolynos.
-¿De qué marca?
-Colgate

Lo que ha ocurrido aquí es que kolynos se ha convertido en el hipónimo que designa a toda la clase de pastas de dientes. Un ejemplo notable lo aportó un candidato presidencial: el Premio Nóbel de la Paz de Literatura (que fue el caso que comentamos en un post anterior) donde Premio Nóbel de la Paz es el hiperónimo de Premio Nóbel. Es evidente que eso le pasa a palabras o expresiones de alta frecuencia (otros casos: googlear en yahoo, una gillete philips, xerocopiar).

 Un ejemplo de naturaleza similar lo proporciona este titular: 
Cusco: hallan un ‘Señor de Sipán’ de Wari
Un grupo de arqueólogos peruanos encontró la tumba de un jefe principal de la cultura Wari en el departamento de Cusco, reveló hoy el director regional de Cultura de la región, Juan Julio García, quien afirmó que el hallazgo puede cambiar las investigaciones sobre los orígenes de la cultura Inca.
La tumba, situada en Vilcabamba, provincia de La Convención, contiene incrustaciones de oro laminado prehispánico y bienes de plata, oro y cerámica con iconografías de las culturas Wari y Nasca. “Este hallazgo está a la altura del Señor de Sipán y cambiará parte de la historia inca y de la zona”, dijo García.
Perú21, 23 de febrero del 2011
El Señor de Sipán (de Sipán)
Aquí ocurre que Señor de Sipán se convierte en una denominación general para algo así como "jefe principal de una cultura peruana antigua" y tiene por objeto resaltar la relevancia arqueológica del descubrimiento funerario.

Claramente esto indica que se trata de un procedimiento productivo en español---siempre y cuando la expresión sea lo suficientemente frecuente.

Aunque en este caso, como no se trata de las declaraciones de un candidato presidencial, no llamará tanto la atención, ni generará tantas pasiones desencaminadas.

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Monday, January 24, 2011

 

Hablemos en castellano

Ofrezco este post a la memoria del maestro Luis Jaime Cisneros (1921-2011),
quien dedicó su vida a mostrarnos por qué las palabras sí importan

No creo que nadie que haya meditado mínimamente al respecto dude de que la prescripción se emplee como una herramienta para controlar el discurso, y en consecuencia, para generar significados en favor de una posición (política, moral, filosófica...) y en detrimentro de otra. La normativa busca obligarnos a preferir una forma lingüística frente a otra, no sobre la base de su eficacia comunicativa, sino a partir de su pretendida naturaleza superior, la que raras veces se molesta en justificar. En la práctica diaria del hablar, sirve como filtro (inútil) de formas nuevas, como un (vano) corsé de la creatividad lingüística, como un intento (fallido) por mantener a raya la variación. Pero aunque no tenga éxito en detener la novedad, la creatividad, la diversidad lingüística, sí proporciona un proyectil eficaz a la hora de desprestigiar a una persona, una posición política o una idea que no nos gusta por alguna otra razón. Si ocurre que la persona con la que estamos debatiendo, o a la que estamos criticando, dice o escribe algo que puede ser identificado como una violación prescriptiva, entonces casi nadie vacila un segundo al atribuirle a esta persona toda la falta de educación, instrucción, inteligencia, habilidad, que sea el caso, descalificando en consecuencia su opinión, sus ideas, sus razones. El debate se desplaza, entonces, de la racionalidad de sus propuestas, hacia la puntillosidad de su ortografía, la pureza de sus expresiones, o la incorrección de sus anacolutos. Esta es una práctica que hemos identificado numerosas veces en este blog.

En una palabra, la prescripción busca convertir en una falta moral el empleo de una forma lingüística diferente.Y en consecuencia, hace de la forma prescrita una alternativa moralmente superior.

Tiene tal fuerza el mandato moral creado por la prescripción, que es capaz de imponerse sobre otras obligaciones morales.

Un ejemplo en este último sentido nos lo proporcionan las recientes declaraciones de Monseñor Luis Bambarén, quien fuera presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, miembro observador de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, y que ha recibido numerosos reconocimientos por su trabajo en defensa de los derechos humanos:

por qué hablan tanto de gay, gay, gay, hablemos en castellano, en criollo, maricones, así se dice, ¿sí o no? entonces pues, hablemos clarito
Monseñor Luis Bambarén, entrevista televisada (2:01)



Lo que dice Monseñor Bambarén es muy interesante: gay es una palabra extranjera y eso la hace, según él, inapropiada para ser usada en castellano; la palabra que propone en su lugar es maricón. Por supuesto, Monseñor Bambarén no ignora que maricón sea un insulto; es más, precisamente por eso hace la propuesta: al imponer maricón en lugar de gay lo que está sugiriendo es que mantengamos el matiz reprobatorio en la referencia hacia ese grupo de personas, que les increpemos su modo de ser de manera reiterada y cotidiana (de allí lo de hablemos clarito). Lo interesante de esta sugerencia es que está enteramente basada en un enunciado prescriptivo: que no debemos introducir formas extranjeras cuando hablamos en castellano. La fuerza mágica de la prescripción se revela en toda su gloria: es preferible evitar extranjerismos antes que evitar insultos.

Y es necesario anotar que no es el caso que Monseñor Bambarén crea que se deba insultar a diestra y siniestra: el resto de la entrevista está dedicada a exponer razonables propuestas e invocaciones para evitar insultos en la campaña electoral en curso (pero, aparentemente, es necesario hacer una excepción si de evitar un extranjerismo se trata).

¿Por qué decimos gay si ya existe maricón en castellano? Pues porque hemos adoptado el término recomendado en inglés para evitar el uso de un insulto. No es el caso que gay se pueda traducir como maricón, porque gay no es necesariamente un insulto en inglés (la palabra inglesa que corresponde a maricón es faggot, considerado un grueso insulto). En otras palabras, no teníamos en español un término para referirnos informalmente a esas personas sin insultarlas. Por eso adoptamos gay---por supuesto, existe la palabra homosexual, que es, tanto en inglés como en español, más bien formal.

Curiosamente, la palabra sí existe en el castellano desde antiguo, proveniente del provenzal gai (alegre), pero derivó en gayo (fem. gaya) que significa precisamente vistoso, alegre, el mismo significado que en inglés, pero sin connotación sexual. En inglés mismo, la connotación sexual no siempre estuvo allí ni tuvo siempre el mismo contenido. Incluso en los años 20 y 30 del XX, la década final del siglo XIX (1890-1899) se llamaba regularmente los Gay Ninities (los alegres noventas), para indicar que fue una década de abundancia y despilfarro. En 1934, la película The gay divorcee (La divorciada alegre), cuyo poster empieza el post, retrataba a una mujer que busca que se le acuse de infidelidad (heterosexual) para poder divorciarse de su marido. No es hasta los años 40 que la palabra empieza a ser un eufemismo para indicar homosexualidad. Hoy ya no es un eufemismo, sino que neutralmente denota esa condición.

La adopción de la palabra inglesa gay es, entonces, el resultado de un largo proceso en el que un nuevo concepto se configura: la idea de que es posible referirse a ese grupo de personas sin insultarlas. Tanto en inglés como en español (y otras muchas lenguas). Quizá por eso la Real Academia Española la ha incluido ya en su diccionario. Es, oficialmente, buen castellano

Actualización

Monseñor Bambarén ha dejado más clara su posición: 
"Quiero recalcar que no ha sido en plan de ofender, sino es que rechazo el termino gay".
Monseñor Bambarén, 25 d enero del 2011.
En otras palabras, confirma que estaba cuestionando el uso de un extranjerismo, es decir, formulando un enunciado prescriptivo.

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Friday, December 10, 2010

 

El Premio Nobel (Nóbel) (de la Paz) en Literatura

Casi nada puedo agregar a los innumerables elogios que ha recibido Mario Vargas Llosa desde que la Academia Sueca anunció que le había otorgado el Premio Nobel de Literatura este año. Se trata de uno de mis escritores favoritos, y sin duda, del más importante escritor en lengua hispana vivo. Este es un blog de lingüística, así que estaría fuera de lugar que dijera más. Pero la casualidad me ha permitido que pueda escribir una nota relacionada. Vaya aquí como homenaje a Vargas Llosa, uno de los más eficaces campeones de la palabra al servicio de la libertad del individuo, la práctica de la justicia y la búsqueda de la verdad.

Entre los muchos que han expresado su satisfacción por el reconocimiento al escritor peruano ha estado Alejandro Toledo, expresidente de la República. Lo ha hecho con estas notables palabras:
el enorme logro, ese privilegio que Mario Vargas Llosa regala con su pluma, con su talento, al Perú al lograr el Premio Nobel de la Paz en Literatura
Alejandro Toledo, entrevista televisada Dic, 2010 (0:20)

Dos cosas salta a la vista, una más fácil de percibir que la otra. Comencemos por la más oscura. Si escuchamos la entrevista:



descubrimos que Toledo, como casi todos los peruanos, y la mayoría de los hispanoablantes, pronuncia [nóbel], es decir, pronuncia el nombre del premio con acento grave y no con acepto agudo [nobél]. Si esto al lector no le parece digno de mención, es porque no ha leído la entrada correspondiente del Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE:
Nobel. 1. Nombre de los premios instituidos por el químico sueco Alfred Nobel. En su lengua de origen, el sueco, es palabra aguda ([nobél]), y así se recomienda pronunciarla en español, a pesar de que la pronunciación llana [nóbel] está muy extendida, incluso entre personas cultas.
Diccionario Panhispánico de Dudas
Lo que la RAE (de la cual Vargas Llosa es miembro numerario) nos dice allí que es incorrecto pronunciar la palabra de manera grave [nóbel] sino que hay que pronunciarla aguda [nobél]. Además nos dice que esto es lo recomendable inclusive si contradice la forma de hablar de las personas cultas. Ciertamente las personas que pronuncian esta palabra grave [nóbel] son de lo más cultas, tanto que inclusive son miembros de la RAE, como por ejemplo...Mario Vargas Llosa, quien puede ser oído aquí (minuto 0:35) pronunciando [nóbel] y no [nobél]:



Es decir, lo que la RAE nos dice es que debemos hablar de una manera que es tan ajena a la realidad, que ni sus propios miembros hablan así.

Y los efectos de esta recomendación no se limitan a la pronunciación. Tiene un efecto ortográfico. Si la palabra se fuerza a ser aguda [nobél], entonces no debe escribirse con tilde (las palabras agudas solo llevan tilde cuando terminan en -n, -s o vocal). Debemos escribir, pues, Premio Nobel. Pero como en la realidad pronunciamos una palabra grave [nóbel], en cumplimiento con la regla académica según la cual las graves deben llevar tilde cuando terminan en consonante que no sea -n o -s, deberíamos escribir Premio Nóbel.

La recomendación de la RAE, entonces, no solamente nos condena a no hablar como miembros de la RAE ni como ganadores de Premio Nobel, sino que nos fuerza a cometer una violación de las reglas de acentuación---lo que nos muestra, una vez más, que el discurso prescriptivo es, de hecho, un escollo si queremos apoyarnos en la intuición del estudiante al enseñarle las reglas ortográficas.

La segunda peculiaridad de la felicitación de Toledo a Vargas Llosa es más visible. El expresidente llama al galardón: Premio Nobel de la Paz en Literatura.

Contrario a lo que podría pensarse a la primera impresión, no se trata de un galimatías, sino del uso de un procedimiento relativamente normal en español (y otras muchas lenguas), a saber, la creación de un hiperónimo a partir del nombre de una de las palabras hipónimas. Por ejemplo, si tomamos la clase de palabras reunidas bajo la denominación dentífrico encontramos palabras como: kolynos, colgate, dento, etc. Todos estos son hipónimos de dentífrico, que es el hiperónimo. Ahora bien, ocurre que, a veces uno de los hipónimos asciende a hiperónimo; por ejemplo, un diálogo del siguiente tipo no es raro (gracias a Joe Tovar por el ejemplo original):
-Véndame un kolynos.
-¿De qué marca?
-Colgate
No es que los interlocutores no saben de lo que están hablando, sino que para ambos kolynos se ha convertido en el hiperónimo, y designa no solamente a una marca en particular sino a toda la clase. Estas situaciones no son raras. Encontramos expresiones como una gillete philips e incluso googlear en Yahoo. En ninguno de estos casos podemos decir que el hablante es ignorante o que hay algo que ignora. Al contrario, se trata de un procedimiento creativo, innovador. Se está creando conocimiento.

Y por supuesto, eso es lo que está pasando en Premio Nobel de la Paz en Literatura, donde Premio Nobel de la Paz se convierte en el hiperónimo del resto de los otros Premios Nobeles, en efecto equivalente a Premio Nobel.

Es más, no se trata de una innovación de Toledo, sino de un procedimiento más general, pues hay otras instancias, en otros hablantes. Aquí algunos ejemplos: 
El ganador del Premio Nobel de la Paz de Literatura, Gabriel García Márquez, regresó a su país natal, Colombia, tras dos años de exilio voluntario en México.
La Prensa, 9 de abril del 2008
Ramón y Cajal, el científico español que ganó el premio nobel de la paz en medicina y psicología.
Indice Histórico Español. Universidad de Barcelona. Centro de Estudios Históricos Internacionales. p. 296

El Dr. Jacinto Convit de Venezuela (1913) es un experto de renombre en lepra y en enfermedades tropicales. [...] Su ardua labor en esta área, condujo a ser nominado al Premio Nobel de la Paz en Medicina en 1988.
Página de la Organización Mundial de la Salud

Uno podría imaginar que estos hablantes han cometido un error de contenido, y creen que los galardonados han recibido efectivamente el Nobel de la Paz. Para que eso sea un error de contenido, el que dice la frase tendría que creer que Ramón y Cajal no hizo ningún descubrimiento médico sino que hizo una labor de pacificación en la medicina (que evitó una huelga de hospitales, por ejemplo). Lo mismo con Toledo: tendría que creer que Vargas Llosa no es un escritor sino un pacificador de literatos (un mediador de polémicas literarias, digamos). Pero el contexto claramente descarta esa interpretación.

Estamos, pues, ante una innovación en marcha, la creación de Premio Nobel de la Paz como hiperónimo de Premio Nobel. No sabemos cuál será su futuro, por supuesto. Eso, como la propia RAE sostiene, depende exclusivamente de los hablantes.

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Thursday, November 11, 2010

 

Sonar

Gracias a este post de Gustavo Faverón, me encuentro una vez más con un caso en donde el discurso prescriptivo, en otro vano intento por controlar la variación, revela sin ambages su naturaleza mítica, y se estrella, como siempre, contra la realidad.



Se trata del análisis que Marco Aurelio Denegri hace de una novela del escritor Santiago Roncagliolo. Nada diré de los méritos académicos de ese análisis, o si es crítica literaria apropiada o no (al respecto ver el post de Gustavo y la discusión en los comentarios). Mi interés aquí es más modesto. Me limitaré a mostrar que el fastidio del señor Denegri por ciertos usos lingüísticos no tiene ninguna justificación.

Como puede verse en el video, una de sus quejas es que Roncagliolo emplea el verbo sonar de una manera que Denegri juzga inapropiada. Por ejemplo, observa (en el minuto 11:35) que en la página 124 de la novela se dice de algo que "[esto] sonaba lo suficientemente repugnante" y que debió decir "era lo suficientemente repugnante".

¿Por qué considera Denegri que esa expresión es inapropiada? Él mismo nos ofrece la razón (en el minuto 10:05): "sonar es emitir o producir un sonido"; se sigue de allí que cualquier empleo diferente de sonar debe juzgarse impropio---"el autor de que se trata tiene notoria preferencia por el verbo sonar y lo usa repetidas veces, y las más de ellas, con impropiedad", nos dice Denegri (en el minuto 9:45).

La pregunta es, por supuesto, de dónde ha sacado Denegri que ese es el único uso posible de sonar.

Uno podría sospechar que ha sacado esa idea del diccionario. Pero si uno va a la entrada de sonar, del Diccionario de la Real Academia Española (o de cualquier otro diccionario suficientemente serio), encuentra que allí hay hasta once diferentes definiciones de ese verbo. Una de ellas es:
4. intr. Dicho de una cosa: Tener visos o apariencias de algo. La proposición sonaba a interés y la aceptaron.
Uno podría ser un ultradenegrista y decir que, según el DRAE, ese empleo de sonar es apropiado para las cosas y no, digamos, para las personas, y que las otras quejas de Denegri son válidas. Por ejemplo no es claro si esa definición permite "Max intentó sonar paternal" (minuto 10:45).

La falta de claridad surge por el empleo de "cosas" en la definición. El DRAE ejemplifica el uso de la definición 4 con esta oración: La proposición sonaba a interés y la aceptaron. Eso nos permite deducir que las proposiciones (que son actos del decir) cuentan también como “cosas”. Leyendo constructivamente (una posibilidad para cualquier texto normativo) eso significa que la definición 4 de sonar también autoriza usos como "Max intentó sonar paternal", porque en esas expresiones se expresa en verdad que Max intentó que lo él que dice sonara paternal. En otras palabras, en la novela, al emplear sonar, el autor usa “Max” como una metonimia por “lo que dijo Max”. Eso en todos los otros casos mencionados por Denegri.

Incluso si uno rechaza la lectura constructivista y prefiere una lectura literalista del DRAE, todavía puede preguntarse por qué Denegri no se dedica a corregir el diccionario en vez de a corregir a los hablantes (y mal). E incluso si uno cree que el diccionario es un libro sagrado e inmutable, todavía puede preguntarse por qué no dedica sus energías a criticar el excesivo uso de una metonimia en la novela, lo que estaría más en tono con una crítica literaria.

Parece claro, pues, que Denegri se está inventando un empleo presuntamente incorrecto, con el puro afán de poder señalarlo. Al hacerlo, se instala como autoridad en el empleo del lenguaje, como juez que decide quién habla bien y quién habla mal, como un oráculo al que hay que consultar para que descifre los arcanos de lo correcto. Pero esa es precisamente la movida mítica: la invención de un misterio. Eso quiere decir que el análisis del señor Denegri no solamente está equivocado en su contenido específico sobre sonar, sino en la pretensión central de reclamar porque las palabras se usan de manera diferente a un modelo imaginario, inventado. Es ese recurso a la autoridad del mito el que debe ser rechazado.

No hay nada místico, sin embargo, acerca del funcionamiento del lenguaje: la lengua es un código, es el código que naturalmente crean los seres humanos cuando se comunican. Un código en constante actualización y recreación, cuyas reglas dependen exclusivamente de sus usuarios. Son los hablantes quienes han establecido la norma de que sonar puede significar "tener visos o apariencias de algo". Y así funciona, sea que lo registre el diccionario o no. Cuando alguien le reclama a un hablante por su uso de sonar, es como si le reclamara al planeta Marte por ser rojo (o peor, por ser comunista).

Contra lo que creen algunos comentaristas en el post de Puente Aéreo, ciertamente no hay nada en lo que Denegri dice sobre el lenguaje que contribuya de alguna manera a mejorar la calidad educativa o de vida de las personas, o a integrar mejor a las personas---aunque sí existen muchas cosas básicas que hacer para contribuir con los hablantes en el control de sus discursos: estrategias para vincular razonamiento y expresión, mecanismos para usar y reconocer expresiones nuevas, promover la lectura creativa del diccionario, etc., pero a nada de ello contribuye el análisis que hace Denegri.

La actitud prescriptiva surge de una falta de comprensión de cómo funciona el lenguaje. Es un proceso natural, pero que debe ser entendido apropiadamente si realmente se quiere que los diversos grupos de una comunidad se entiendan entre sí. La lengua común es el resultado de la integración, no al revés.

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Monday, July 13, 2009

 

Teníanos

Desde hace ya varios meses, he tenido que controlar los comentarios en el blog, principalmente por dos razones: entra demasiado spam (que me toma mucho tiempo borrar) y han empezado a aparecer algunos comentarios injuriosos (y no quiero que estos aparezcan ni un segundo aquí). Mis disculpas a quienes dejan comentarios, si es que no los incorporo con la rapidez que debiera. Acabo de aceptar todos, excepto uno, porque este último insulta a varias personas, incluso a algunas que yo ni siquiera conozco. Pero hay una frase en el texto rechazado que me ha llamado la atención. Su anónimo autor se queja de que yo:
pierda el tiempo escribiendo necedades [...] llorando por los pobrecillos indiecillos
La frase es terrible por varias razones. En primer lugar, porque presupone que llorar por las desgracias ajenas es una necedad. O más exactamente, asume que preocuparse por las desgracias de ciertas personas es una necedad. O incluso peor, parece suponer que aquellos a quienes el texto llama los pobrecillos indiecillos no son personas, o al menos, no son personas por cuyas desgracias valga la pena preocuparse. Tal premisa debe ser, por supuesto, rechazada tajantemente. Es perfectamente legítimo defender a quienes son agredidos, especialmente cuando esas agresiones forman parte de un discurso más amplio de discriminación y apartamiento (discurso al que esas expresiones también pertenecen, como claramente muestra el epíteto subrayado en azul).

La segunda premisa del comentario es igualmente peculiar. Implícita en esas frases está la idea de que yo escribo este blog meramente para defender a ciertos grupos, para hacer política, digamos. Pero eso no es lo que aquí hago. Al contrario, uno de los propósitos centrales de este blog es denunciar el uso interesado que se hace de la idea de "corrección" lingüística; es decir, se trata de criticar el abuso de ciertas afirmaciones pseudo-lingüísticas, abuso llevado a cabo con fines evidentemente políticos y/o discriminatorios. El incidente Supa-Correo es bastante claro al respecto: el diario censura la forma de hablar de la congresista simplemente para ridiculizar a una adversaria política.

Pero Correo no es el único que actúa así. Ni las víctimas son siempre las personas menos favorecidas o los congresistas de oposición. Por ejemplo, el fin de semana pasado, el columnista César Hildebrandt escribe esto sobre el recién nombrado Primer Ministro:

Velásquez Quesquén, que dice “teníanos” cuando quiere decir “temíamos” y persiste en decir “teníanos” cuando quiso decir “teníamos” [...] Y es que Velásquez Quesquén da vergüenza. No sólo es su ignorancia moldeada a la sombra de los algarrobos [...]
César Hildebrandt. Vienen tiempos oscuros. La Primera 11 de julio del 2009
La estrategia es la misma: si una persona habla diferente, entonces es un ignorante. Y la mirada de desprecio étnico no es más tenue: a la sombra de los algarrobos es una clara alusión al origen norteño del Primer Ministro, a su apellido mochica (Quesquén) y al color de su piel (nótese además que el título del artículo es "Vienen tiempos oscuros").

No he podido encontrar ningún video, audio o texto donde Javier Velásquez Quesquén use esas expresiones (agradecería que alguien me los haga llegar), pero por supuesto no lo pongo en duda. El cambio de teníamos a teníanos es una instancia de un interesantísimo proceso al interior del español, cuyo alcance no se conoce del todo, pero que ya ha despertado la atención de los lingüistas más notables.

La idea central es la siguiente: no solo existe concordancia entre el sujeto y el verbo (como en Nosotros vimos, donde el sufijo -mos expresa la concordancia con el sujeto Nosotros), sino que además existe concordancia entre el verbo y el objeto (como en En el espejo nos vimos a nosotros mismos, donde el clítico nos expresa la concordancia con el objeto a nosotros mismos). Noten que -mos y nos no solo se pronuncian de manera muy parecida sino que cumplen un rol sintáctico muy similar también: ambos expresan la concordancia entre el verbo y sus argumentos. En consecuencia, surge la posibilidad de intercambiarlos, produciendo formas como hacíanos, pensábanos, teníanos... Un proceso que se está haciendo regular en muchos dialectos, y que ha llegado inclusive a los grupos con educación universitaria.

Lo notable en teníanos es que un clítico (nos) puede comportarse como un sufijo (-mos): esto refuerza la idea de que existe una estrecha relación entre los clíticos y la concordancia. Incluso más interesante, el fenómeno no se limita simplemente al intercambio entre estas dos formas. Existen otros fenómenos similares, que pasan más desapercibidos pero que son también fruto del mismo proceso de reordenamiento de los marcadores de concordancia que ciertos dialectos del español parecen estar atravesando .

Por ejemplo, cuando se juntan en forma sucesiva los dos elementos, los sufijos verbales y los clíticos, el sufijo de plural salta del verbo al clítico, como en: véndanlo > véndalon. En este caso, -n, que expresa plural en el verbo se pasa al lado del clítico, sin alterar el significado (es decir, sigue siendo algo como "ustedes vendan eso" y no algo como "usted venda esos"). En forma similar, la marca de plural del primer clítico se salta al segundo clítico cuando hay dos en secuencia, como en: véndanoslo > véndanolos (y en ambos casos quiere decir "véndanos usted eso" y no "véndanos usted esos").

Otro caso, ampliamente extendido en el español, es la aparición de una marca de plural en el clítico de objeto directo, cuando esta corresponde semánticamente al objeto indirecto. Por ejemplo, cuando decimos "Les vendí el carro", el objeto directo es el carro (que está en singular) y el objeto indirecto es el clítico Les (en plural). Si queremos expresar lo mismo usando dos clíticos, Les se cambia a Se y el carro debería ser reemplazado por lo, produciendo la secuencia Se lo vendí, queriendo decir "Les vendí el carro (a ellos)". Sin embargo, esto no es lo que normalmente ocurre; más bien la secuencia que se produce en muchos dialectos del español es Se los vendí, es decir, con la marca de plural en el objeto directo los, cuando en verdad el objeto directo es singular (Se los vendí, en este caso, todavía puede querer decir "Les vendí el carro" y no solamente "Le vendí los carros" o "Les vendí los carros"). La razón para el salto parece clara: el clítico se no puede recibir plural (no se dice *Ses lo vendí) , así que -s se salta al clítico de objeto directo lo: Se los vendí. Este fenómeno es un procedimiento bastante general en el español latinoamericano, extendido hasta las clases más cultas y educadas---el profesor José Luis Rivarola, miembro de la Academia Peruana de la Lengua, ha dedicado un pequeño pero ilustrativo artículo sobre el uso de esta alternacia en las novelas de Mario Vargas Llosa (ver: Rivarola (1985) Se los por se lo. Lexis 9:239-244).

El teníanos del Primer Ministro no es pues fruto de ignorancia alguna. Al contrario, son quienes lo denuncian como tal quienes ignoran que forma parte de un proceso general que revela complejas relaciones estructurales entre los morfemas de concordancia verbal, tanto sufijos como clíticos---para un análisis de la enorme importancia teórica de estos procesos, los interesados pueden leer este artículo de dos profesores de MIT: James Harris and Morris Halle (2005) Unexpected Plural Inflections in Spanish: Reduplication and Metathesis. Linguistic Inquiry,36:2. Los fenómenos mencionados anteriormente están ampliamente extendidos en Latinoamérica (de México a Chile) y algunos incluso se presentan en ciertas regiones de la Península Ibérica.

César Hildebrant no es el único en emplear el señalamiento de una diferencia gramatical como herramienta para la ridiculización de un adversario político, en este caso Velásquez Quesquén. El blogger Marco Sifuentes hasta llega a proponer "Teníanos" como una chapa para el Primer Ministro:
El popular “Teníanos” (esa chapa es fina) como premier hubiera sido impresentable [...]
Marco Sifuentes. Utero, 7 de julio del 2009

[...] Manolo Rojas (a) “Teníanos” (a) “Velásquez Quesquén” no será premier sino “quemier” [..] Teníanos, más que jorgista o mulderista, es alanista.
Marco Sifuentes, Utero, 11 de julio del 2009
Esto no es diferente de burlarse de la forma de hablar de la congresista Supa. Que Supa sea de la oposición y Velásquez Quesquén sea oficialista no autoriza a nadie a burlarse de su forma de hablar. De lo contrario, estamos cometiendo la misma falacia del comentario anónimo que mencionamos al principio, solo que al revés. Estaríamos diciendo que solo podemos "llorar por los pobrecitos indiecillos", y por nadie más. Eso no es menos prejuicioso y discriminador que su contrario. La actitud adecuada consiste precisamente en reflexionar acerca del hecho de que los hablantes tienen diferentes formas de expresión, y que no todos van a hablar exactamente como nosotros. Debemos comprender que quienes hablan diferente lo hacen siguiendo procesos y reglas que son tan complejas como las reglas y procesos que nosotros seguimos en nuestra forma de hablar. Que hablar diferente no es una forma de ignorancia. Es, de hecho, un saber, una forma de conocimiento, tan rico y complejo como el nuestro.

No tendríamos que burlarnos del Primer Ministro porque, como muchos otros de nuestros compatriotas, dice teníanos en vez de teníamos. Al contrario, lo mismo que en el caso de la congresista Supa, tendríamos que alegrarnos de que quien pertenece a estos grupos generalmente fuera de la escena oficial (como su forma de hablar claramente revela), alcancen posiciones que les permiten incorporar su punto de vista en la administración del poder---todo eso, por supuesto, sin perjuicio de la necesaria crítica y denuncia política, que debería hacerse sin recurrir a los lamentables mecanismos que aquí condenamos.

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Thursday, April 23, 2009

 

Me tiemblan mis labios

El español andino en primera plana



Una de las tareas más difíciles que un profesional del lenguaje enfrenta es tratar de convencer a sus semejantes de que una gramática no es una entidad divina que majestuosamente rige las expresiones de los mortales y cuyos secretos se revelan solo a través de alucinadas sacerdotisas que "hablan como lingüistas". El momento fundacional de la lingüística, el giro copernicano que creó la ciencia del lenguaje, es la realización de que la lengua no es más (ni menos) que aquello que los hablantes saben: la lengua habita única y exclusivamente en la mente de los hablantes; en ese sentido, aquello que los hablantes dicen es siempre y en todos los casos fruto de una regla. No existen expresiones lingüísticas que sean el producto gramatical de una ignorancia o de una carencia. Es imposible hablar sin saber cómo hablar. La consecuencia de este asombroso descubrimiento---que algunos atribuyen al Barón de Humboldt, otros al profesor ginebrino Ferdinand de Saussure, otros al antropólogo norteamericano Franz Boas---es bastante clara: la noción de "correcto" o "incorrecto" no es relevante para describir el lenguaje. Nadie se puede atribuir la versión correcta del español, porque no existe tal versión. El español es lo que sus hablantes hablan, nada más ni nada menos.

En ciertas áreas del lenguaje, esto no es tan difícil de aceptar. ¿Podría alguien reclamar que es mejor llamar aguacate a la palta? ¿O papa a la patata? ¿O elote a la mazorca? Debido a que el léxico es un componente del lenguaje que se renueva con relativa facilidad (siempre se van creando nuevas palabras), los hablantes son más tolerantes con las diferencias léxicas entre diversas versiones del español. Las propiedades sintácticas, sin embargo, son más estables en las gramáticas particulares de los individuos y por tanto los cambios generan más rechazo. Para algunos, por ejemplo, que un argentino diga Vos sabés en vez de Tú sabes es desesperante, y atribuyen tal variación a cierto desorden colectivo de personalidad. Otros, por ejemplo, se ríen cuando alguien dice ¿Qué tú dices, chico? imaginando que es signo de conducta estrafalaria. Ninguna de esas atribuciones está fundamentada, por supuesto. El voseo o la posición del sujeto en las preguntas obedecen reglas precisas que forman parte de la gramática de quienes usan esas construcciones y son tan legítimas como sus alternativas.

En ninguna parte, sin embargo, es tan feroz el rechazo a la diferencia como lo es en relación a las gramáticas producidas por contacto de lenguas o variedades de lengua. En estos casos hablamos de variedades adquisicionales, es decir, variedades que se forman durante el proceso de adquirir una lengua o una variedad de lengua. Muchos reaccionan con burla e indignación cuando ven que su amigo, pariente o jugador favorito regresa de Buenos Aires trayendo un dejo argentino. Se escriben ríos de tinta para denunciar el uso de aplicar por postular, de email por correo electrónico, de similaridad por similitud, y un largo etc. Esa variación se atribuye inclusive a una impostura, a un descuido personal, a una pérdida de identidad; como en el caso anterior, esas atribuciones carecen por completo de fundamento: las variedades adquisicionales son también el fruto de las precisas reglas que gobiernan la gramática mental de sus usuarios.

Y cuando ocurre la desafortunada situación de que el usuario de una variedad adquisicional pertenece a un grupo socialmente marginado, entonces el discurso de rechazo a la diferencia lingüística se convierte en el vehículo para encubrir el discurso discriminatorio. Cuando algunos escuchan decir Del cóndor su pata, un empleo regular del doble posesivo en el español andino, no escatiman insulto alguno para denunciar una presunta ignorancia, una imaginaria deficiencia lingüística, y peor aun, una inventada falta de capacidad para desempeñar su trabajo. Lo que en verdad están haciendo, sin embargo, es utilizar un discurso cuyas premisas básicas han sido aceptadas socialmente (como el rechazo a la diferencia lingüística), para vehiculizar prejuicios y formas de discriminación que serían más difíciles de tragar si se presentaran libres de su camuflaje.

Eso es precisamente lo que hace el Diario El Correo en su edición de hoy. Supuestamente denuncia faltas ortográficas y errores sintácticos---no he podido encontrar cuáles son, porque la fotografía de la portada no se pueden leer bien en su versión digital y no tengo la versión impresa a la mano, así que no puedo mencionarlas. En verdad lo que hacen es dar rienda a sus prejuicios y aprovechar para ridiculizar a un adversario político. Gustavo Faverón (entre otros) ya desnuda este doble juego con suficiencia en su post. Aquí quiero añadir la advertencia de que no debemos limitarnos a rechazar el discurso discriminatorio. Tenemos la obligación de señalar también las carencias del discurso prescriptivo. Tenemos que asegurarnos de que el sentimiento de rechazo a la diferencia lingüística, del todo injustificado, no vuelva nunca más a ser limpio disfraz para la discriminación y o el ataque político. Y la única manera es comenzar eliminándolo en nosotros mismos, pensando sobre sus consecuencias y reflexionando sobre sus carencias. ¿Cuántas veces nos hemos burlado de un error de ortografía? ¿cuántas veces hemos pensado que alguien es ignorante porque dice haiga? ¿o que no sabe español porque dice oftar en vez de optar? Todas esas veces hemos construido un nicho más para que se esconda el discurso racista y discriminatorio.

En esa tarea, nada más recomendable que este video preparado por varios lingüistas peruanos (el cual ya había comentado antes), que nos informan sobre la situación de los diversos castellanos del Perú---habría que recomendárselo al director de Correo:



Por esas razones, propongo ahora un ejercicio de resignificación de la portada de Correo. En vez de verla meramente como un acto gratuito de discriminación (que sin duda es) veámosla también como la huella de que algo extraordinario ha ocurrido: se escribe español andino en el Congreso de la República. No solamente el quechua (y el aymara, y el piro y...) requiere defensa y reinvindicación. También debemos reivindicar a los millones de usuarios de español andino, quienes sufren en forma constante burla y discriminación por su manera de hablar español. Y peor aun, a diferencia del uso del quechua, rechazar el español andino, no se considera algo malo o negativo, sino que al contrario, quienes así se burlan incluso creen que están haciéndole un favor a los discriminados, quienes supuestamente "no saben hablar castellano". Eso es lo que tenemos que rechazar: la premisa de que los hablantes de español andino están "hablando mal". En ese sentido, la portada de Correo representa un hito: después de 500 años de estar formándose por el contacto entre el quechua y el español, el español andino aparece en primera plana por primera vez. Es cierto, esa presencia viene acompañada de una interpretación negativa y prejuiciosa. Denunciemos y rechacemos el prejuicio, pero conservemos la noticia real: el español andino ha sacado la cabeza de los nichos de marginación y segregación a los que el discurso prescriptivo lo condenó, y ha puesto un pie en uno de los más visibles foros de la nación: el Congreso de la República. No es Supa quien no sabe; es el director de Correo, quien ignora por completo el verdadero significado de la notica que reporta: el español andino toma el lugar que legítimamente le corresponde, sin pedirle permiso a nadie---ese también es un mérito de Hilaria Supa.

No es la única ocasión. Hace unas semanas la actriz Magaly Solier, al recibir el Oso de Oro del Festival de Berlín por la película La teta asustada, empieza su agradecimiento con estas palabras (minuto 4:20): Estoy muy emocionada. Me tiemblan mis labios.



Este también es un caso de doble posesivo, aunque más sutil, menos visible y por lo tanto con menos posibilidades de ser blanco de rechazo---en otras palabras, nadie se queja. En español estándar, la expresión es Me tiemblan los labios, con el posesor representado por el pronombre me (esta es la construcción que los lingüistas llaman de posesor externo, porque el posesor está fuera del sintagma donde está lo poseído). Repetir el posesor dentro del sintagma que contiene lo poseído (Me tiemblan mis labios) es también una característica del español andino, del cual Magaly Solier es hablante.

La defensa del derecho de las personas a hablar su lengua no solamente incluye el derecho a hablar una lengua completamente diferente. También debe incluir el derecho a hablar en una variedad particular de una lengua, en este caso, el español andino. Es tan absurdo negarle a alguien hablar en quechua como negarle hablar en una variedad de contacto.

Y así como el quechua está felizmente haciendo avances en el terreno oficial, la portada de Correo y el agradecimiento de Magaly Solier en Berlín son una muestra de que el español andino también avanza, incluso en medio de insultos, discriminación e incomprensión. El director de Correo no se ha dado cuenta (aunque tampoco lo han hecho otros comentaristas que con justicia lo condenan) de que los hablantes de lenguas y variedades diferentes al español estándar están pasando por un proceso lento pero seguro de empoderamiento: la escena oficial (la televisión, el Congreso, los periódicos...) ya no puede seguir embalsando las diferencias lingüísticas. Estas emergen por su propia naturaleza y reclaman el lugar que les corresponde de pleno derecho: ser formas legítimas de expresión en todos los contextos. Quizá sea el signo de un tiempo nuevo, un tiempo en el cual los peruanos nos reconciliemos y diluyamos de una vez por todas esa absurda dicotomía entre lo profundo y lo contemporáneo, sin perder el derecho a nuestras peculiaridades. Me tiemblan mis labios.

POSTSCRIPTUM
Regreso después de varios meses al blog. La ocasión lo ameritaba. Pero tengo varias cosas otras que decir, así que espero seguir escribiendo otros posts. Muchas gracias a todos los que enviaron preguntas y mensajes. Lamento la ausencia.

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Thursday, June 19, 2008

 

La decadencia de la Académie française

En El sueño de Macsen Wledig, una leyenda galesa preartúrica que Lady Charlotte Guest incluyó en su traducción del Mabinogion, se cuenta que el emperador Magno Máximo (Macsen Wleding, en galés), agradecido por la crucial ayuda en la recuperación de su trono romano, les otorgó a sus aliados británicos "cualquier región que quieran en el mundo"; estos, al mando de Conan Meriadoc (Cynan ap Eudaf) y su hermano Gadeon, tomaron posesión de la Armórica, que entonces incluía todo el noroeste de la Galia. Los armóricos, por supuesto, se resistieron, pero sin suerte. Los hombres fueron ejecutados, aunque las mujeres fueron matenidas vivas. Alguien advirtió que esto representaba un terrible riesgo: puesto que el idioma de los armóricos era diferente al de sus conquistadores, si las mujeres armóricas iban a ser incorporadas a la nueva sociedad, necesariamente los idiomas se mezclarían, destruyendo la lengua conquistadora; la solución fue simple y terrible: le cortaron la lengua a todas las mujeres, para que no pudieran corromper la forma de hablar de sus hijos. Así la Armórica se convirtió en lo que ahora es la Bretaña, la región en el extremo noroccidental de Francia, donde todavía hoy quedan medio millón de hablantes de bretón, la lengua celta, pariente del galés, que los colonos britano-romanos llevaron allí en el siglo IV. La historia que cuenta El sueño de Macsen Wledig (y que también está anotada en las márgenes del manuscrito K de la Historia Brittonum, atribuida al monje Nennius) quizá sea el registro más viejo de un lingüicidio en Occidente, llevado a cabo de un modo que no podría ser más gráfico: arrancándoles la lengua a sus hablantes.

El bretón se impuso al armérico hace 1600 años, pero hoy es una lengua minoritaria en Francia, junto con las otras 28 lenguas diferentes al francés que conviven en ese país---hay casi dos millones de hablantes de occitano en el sur, millón y medio de alemánicos en Alsacia, un millón de hablantes de italiano, 100 mil hablantes de catalán, 75 mil de vasco, entre varios otros. Y eso sin contar docenas de dialectos de francés marcadamente distintos al parisino (sin ir muy lejos, los fundadores de la dialectología, Gilliéron y Rousselot, desarrollan sus ideas teniendo como modelo el patois francés). Como pasa en muchas partes, tampoco aquí las lenguas minoritarias reciben el menor reconocimiento por parte del Estado (Gilliéron y Rousselot ya advirtieron hace más de un siglo la progresiva desaparición de las lenguas regionales).

Como es bien conocido, Francia es un país excepcionalmente centralista, y eso se ha reflejado también en su política lingüística. Aunque la Académie française no fue la primera academia de la lengua en Europa (ese honor corresponde a la florentina Academia de la Crusca), rápidamente se constituyó en un modelo de institución normativa y su influencia en la formación del discurso prescriptivo en Occidente ha sido crucial. A pesar de su prestigio e influencia, la Académie française nunca ha sido un cuerpo formado por especialistas en el lenguaje, a diferencia de su homóloga española (la RAE); por esa razón, su trabajo científico ha sido realmente pobre: aunque fue fundada en 1635 (casi ochenta años antes de la RAE), la primera gramática académica del francés fue un breve volumen publicado en el siglo XX; en casi 400 años ha elaborado nueve ediciones de un diccionario, pero la última de ellas contiene apenas 23.500 palabras (compárese con las 23 ediciones del diccionario académico español, que hoy recoge más de 160.000 palabras y acepciones; además están las 5.000 páginas de la Gramática Descriptiva de la Lengua Española, y los numerosos proyectos en la que está embarcada nuestra RAE).

Demás está decir que la Académie française ha expresado siempre un olímpico desprecio por la variedad al interior del francés, y por las lenguas regionales de su país. Sin duda puede encontrar uno esa misma actitud en otras instituciones normativas, incluidas algunas academias españolas, especialmente en el pasado; sin embargo, en los últimos tiempos, como ya hemos señalado, la RAE ha empezado a verse a sí misma más como una institución científica y menos como un alcaide. La Académie Française, que alguna vez fue el modelo en el que la RAE se inspiró, no ha seguido ese sabio camino. La discípula ha superado largamente a la maestra.

En medio de las recientes discusiones sobre la reforma a la constitución francesa, se propuso la idea de incluir un reconocimiento constitucional a todas las lenguas de Francia. La Académie française ha protestado con solemnidad contra esta propuesta (gracias a Silvia Senz por la información). En un comunicado aprobado unánimenmente por les immortels (los inmortales, así se llaman a sí mismos los miembros de la Académie française) se declara:
Depuis plus de cinq siècles, la langue française a forgé la France. Par un juste retour, notre Constitution a, dans son article 2, reconnu cette évidence: "La langue de la République est le français".
Or, le 22 mai dernier, les députés ont voté un texte dont les conséquences portent atteinte à l’identité nationale. Ils ont souhaité que soit ajoutée dans la Constitution, à l’article 1er, dont la première phrase commence par les mots: "La France est une République indivisible, laïque, démocratique et sociale », une phrase terminale: "Les langues régionales appartiennent à son patrimoine". [...]
Au surplus, il nous paraît que placer les langues régionales de France avant la langue de la République est un défi à la simple logique, un déni de la République, une confusion du principe constitutif de la Nation et de l’objet d'une politique.
[Después de cinco siglos, la lengua francesa ha forjado Francia. Con toda justicia, nuestra constitución, en su artículo 2, reconoce esta verdad: "La lengua de la República es el francés".
El 22 de mayo pasado, los diputados han aceptado un texto cuyas consecuencias pueden dañar la identidad nacional. Se ha acordado que se añada a la Constitución, en su artículo 1, cuya primera frase comienza con las palabras "Francia es una República indivisible, laica, democrática y social", una frase mortal: "Las lenguas regionales corresponden a su patrimonio" [...]
Además, nos parece que colocar las lenguas regionales de Francia delante de la lengua de la República es un desafío a la simple lógica, una negación de la República, una confusión del principio constitutivo de la Nación y de las metas de la política]
Déclaration de l’Académie française, 12 de junio del 2008.
Como puede verse, la propuesta era más bien modesta, ni siquiera se trata de hacerlas oficiales, sino simplemente de mencionarlas, de reconocerlas constitucionalmente. La declaración de la Académie française provocó que el Senado rechazara esa modificación esta semana, así que no se trató de un acto inocente.

La posición de la Académie française, por completo absurda, está sin embargo en perfecta consonancia con el pobre desempeño científico que esta institución ha desarrollado a lo largo de su historia. Desprovista de filólogos y lingüistas, carece de la autoridad y el liderazgo necesarios para convocar una reflexión seria acerca del futuro del francés y sus relaciones con las otras lenguas. A diferencia de su colega española, se ha vuelto incapaz de incorporar en su trabajo los avances de las ciencias del lenguaje, y por lo tanto se convierte en una institución cada vez más inútil y en completa decadencia.

En ese sentido, su reciente declaración nos recuerda la pertinaz negativa del parlamento francés para actualizar los uniformes del ejército durante las Guerras Balcánicas (1912-1913) y el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Con el desarrollo de los rifles de largo alcance, se hizo necesario que los uniformes se pudieran camuflar con el terreno; por esa razón los ingleses adoptaron el color caqui y los alemanes, el gris oscuro. El ministro francés Adolphe Méssimy propuso al parlamento que el rojo y azul del uniforme fuera cambiado por un color menos visible; la reacción en la prensa y en las cámaras fue de rotundo rechazo (ni siquiera aceptaron cambiar el kepí por el casco); el diputado Alphonse Etienne, ex ministro de Guerra, resumió su oposición con estas palabras: Le pantalon rouge c'est la France ("El pantalón rojo es Francia"). Las consecuencias de esta catastrófica visión fueron terribles. Durante la Batalla de las Fronteras, en agosto de 1914, más de 200.000 soldados franceses pagaron con su vida esa absurda decisión (famosa es la masacre del Regimiento 246, marchando a campo abierto en sus pantalones rojos, sin cascos, con la banda militar tocando, contra un ejército alemán camuflado en gris y protegido con cascos)---recién en 1915 se iniciaría el cambio de uniforme.

Ni el pantalón rojo es Francia, ni el idioma francés es Francia. Si acaso "Francia" (o "España" o "Perú" o...) tiene algún sentido, este empieza y termina con los franceses, personas de carne y hueso que hablan diferentes lenguas y visten de distintos colores. Los signos, como saben los lingüistas, son arbitrarios.

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Friday, May 09, 2008

 

Personas diferentes, iguales derechos

La palabra autismo sirve para referirse a un conjunto variado de condiciones neurológicas que afectan la posibilidad de interactuar con los demás y comunicarse, además de provocar ciertas conductas repetitivas y varias obsesiones. No todos los autistas se ven afectados de la misma manera---y los diferentes cuadros neurológicos en el espectro del autismo reciben inclusive diferentes nombres (el Síndrome de Asperger, PDD-NOS, entre otros). Desde hace mucho tiempo, el autismo se ha considerado una enfermedad, y ciertamente las personas afectadas tienen patrones cognitivos y conductas bastante diferentes de las otras personas.

En los últimos años, sin embargo, hay un movimiento entre los propios miembros de la comunidad autista (al menos en países desarrollados, donde 3 de cada 500 personas exhibe esta condición) para que se reconozca el autismo no como una enfermedad sino como un rasgo inherente a ciertas personas; una diferencia, no un defecto; esto es, una de las manifestaciones de la neurodiversidad---algo como ser zurdo, que también se consideró una enfermedad en el pasado. La obvia consecuencia es que no habría necesidad de curar nada, sino de hacer que el entorno se adapte a las necesidades de los miembros de esa comunidad. Como era de esperarse, la idea ha suscitado mucha controversia y oposición, especialmente entre los padres de hijos autistas, quienes temen que eso provoque una disminución de los fondos asignados para investigar esta condición y obtener una cura.

No espero aquí resolver el debate, pero sí me gustaría presentarles este interesantísimo video de Amanda Baggs, autista y prolífica bloguera, que es un impresionante alegato en favor del reconocimiento de los derechos de las personas con características cognitivas radicalmente diferentes a las del resto de nosotros. La paradoja que ofrece para nuestra reflexión es impactante: que ella no sea capaz de aprender nuestro lenguaje, nuestra forma de comunicación, se considera un defecto, pero que nosotros no seamos capaces de aprender el suyo se considera natural y normal---curiosamente, como he dicho varias veces, ese es el mismo razonamiento del discurso prescriptivo: si el otro no puede hablar como nosotros, es culpa del otro, y si nosotros no podemos hablar como el otro, es culpa…del otro también (es decir, el discurso prescriptivo es en verdad una instancia del discurso del rechazo a lo diferente).

Oigamos lo que Amanda tiene que decir:




Gracias a Bitácora Lingüística, donde encontré la versión española de este video por primera vez.

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Tuesday, May 06, 2008

 

Ah, los puristas

Como en todas partes, también en Estados Unidos hay personas y movimientos que buscan suprimir el empleo de las diversas lenguas que se hablan en el territorio nacional en beneficio de una sola. En USA ha habido desde siempre cientos de lenguas diferentes (alguna vez hubo hasta 238, pero hoy todavía quedan 162, de acuerdo con la más reciente cuenta de Ethnologue); a pesar de eso, muchos piensan que el inglés debería ser la única lengua oficial---los Estados Unidos no designa una lengua oficial ni en su Constitución ni en sus leyes, aunque en la práctica el inglés hace las veces de tal. Y por supuesto quienes piensa así organizan actividades y protestas para promover la oficialización del inglés. La migración masiva de las últimas décadas ha hecho más visible la diversidad lingüística, y ha intensificado los pedidos para excluir las otras lenguas.

Las personas de la foto a la izquierda participan de una de las tantas protestas organizadas con esa finalidad---esta ocurrió en el centro de Houston, Texas, el pasado jueves primero de mayo, según registra el Houston Chronicles. En el cartel se puede leer lo siguiente: Make English America's offical Language. Es interesante la manera como se ha escrito offical. Como es fácil de ver, corresponde a la palabra inglesa official ('oficial'), es decir, se ha omitido la i. Esto no es simplemente una errata: la palabra official se pronuncia [ɘfɪ∫l], es decir, las vocales ia en verdad no se pronuncian, y aunque la a podría dar la impresión de estar presente, no hay ningún rastro de la i, por lo que es un típico error ortográfico del hablante de inglés (como escribir sin h en español: "a terminado").

En otras palabras, estas personas protestan por la presunta amenaza que se cierne sobre el inglés, pero lo hacen con errores ortográficos. No faltan quienes han notado la ironía que esto implica---ver también Language Log, donde me enteré originalmente de esta graciosa protesta.

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Monday, May 05, 2008

 

Sobre ciertas ambigüedades

Cuando yo estudiaba el pregrado en la Universidad Católica, y consideraba la posibilidad de estudiar literatura (lo que finalmente no hice), circulaba una curiosa definición de la tarea del creador literario. Se la escuché a algunos de mis profesores, a mis jefes de práctica y a muchos de mis amigos literatos. No recuerdo haberla leído expresamente en ningún texto (pero mi memoria puede fallarme), aunque sí recuerdo varios artículos y manuales que parecían insinuarla (pero al releerlos hoy confirmo que se trataba solo de una mala lectura de entonces). A mí nunca me convenció, aunque entonces no sabía bien por qué, y el relativo consenso que alcanzaba me hacía dudar de la relevancia de mi preocupación. Después de años de pensar profesionalmente sobre el lenguaje y la lengua, sé hoy que no puede ser cierta, o de otro modo la literatura sería algo trivial e irrelevante (lo que, por supuesto, no es).

La idea que circulaba (y no sé si todavía circula) era la siguiente: la tarea de un creador literario consistía en escribir textos polisémicos, es decir, textos con múltiples significados, infinitamente ambiguos, para que el lector se deleitara en su desciframiento. Cuanto más ambiguo era un texto, cuanto más significados pudiéramos extraer de él, más literario, más poético, mejor. Así, la literatura quedaba definida como el reino de lo polisémico, de la multiplicidad del sentido, de lo ambiguo.

El pequeño problema con esta definición es que, si fuera correcta, casi no habría acto lingüístico que escapara a ser considerado literario. El lenguaje es un proveedor gratuito de sentidos; nos proporciona significados de manera automática e inconsciente y con una mínima intervención de nuestra parte. No hay necesidad de proponerse ser ambiguo; la ambigüedad surge mecánicamente en todos los vericuetos de nuestras oraciones, aparece sin aviso en la relación entre lo que decimos y lo que dejamos de decir, en la tensión entre nuestros enunciados y el contexto real o imaginado de la enunciación. Lo que decimos reverbera en sentidos, dobles y triples, y cuando la comunicación es exitosa se debe siempre a la generosidad de nuestros interlocutores, quienes, auxiliados por contextos favorables y por sistemas de creencias similares a los nuestros, desentierran nuestro mensaje, casi oculto en nuestras frases. De esta manera, las posibilidades para la incomprensión son casi infinitas (especialmente entre personas que no comparten los mismos horizontes vitales, en mensajes puestos en contextos ajenos y, por supuesto, en lenguas o variedades diferentes).

Pongamos un ejemplo, prestado al maestro Eugenio Coseriu. ¿Cuál es el sentido de la oración Sócrates es mortal? Tiene, en verdad, muchos, infinitos sentidos. Una posibilidad es que simplemente afirme que el individuo Sócrates va a morir alguna vez. Otra es que sea la conclusión de un silogismo (algo como "Todos los hombres son mortales/Sócrates es hombre/Sócrates es mortal"). Otra es que sea una advertencia a su mujer Jantipa (según Jenofonte, Jantipa era de muy mal carácter, incluso violenta; de esta manera la oración podría querer decir algo así como "Cuidado Jantipa, no lo maltrates mucho, que Sócrates es mortal"). Y otras muchas posibilidades, de acuerdo con las infinitas situaciones en las que puede usarse esta expresión.

Aunque no pretendo definir la literatura ni mucho menos, es claro que la tarea del escritor no puede ser producir muchos sentidos. Al contrario, su tarea es retringir la multiplicidad de sentidos, encauzar el torrente de significados que el lenguaje proporciona para que manifieste una idea interesante, para que ilumine un aspecto de la realidad, para facilitar una comunicación efectiva y continua. Un buen texto no es uno con muchas interpretaciones, sino uno en el cual las interpretaciones (muchas o pocas) se ordenan coherentemente para iluminar la comprensión de lector, para guiarlo en su tarea diaria de entender el mundo, o al menos para mostrarle una perspectiva nueva, a la que no accedería de otro modo.

Y no se trata solamente del escritor de ficciones o del poeta. En la medida en que el lenguaje nos concierne a todos, todos somos responsables por controlar cualquier posible desborde de sentidos. En eso precisamente consiste la responsabilidad al escribir: en no dejar que nuestra pluma escriba por sí misma, sino en armar nuestros textos de manera que expresen lo que realmente queremos decir, sin dejar que la ambigüedad nos traicione. Noten que eso no significa que las ambigüedades no deberían existir, solo que deben estar calculadas, restringidas a aquello que efectivamente permitimos que se diga, no generarse sin ton ni son.

Que esa tarea no es fácil lo confirma dramáticamente la estupenda colección de "trabalenguas" que Gustavo Faverón ha ido coleccionando y comentando en su blog. Se trata de frases que sorprenden porque disparan un significado que su autor probablemente no pretendía, o porque tras las palabras se esconde un vacío conceptual, un intento deliberado de confundir, o incluso una amenaza. Aquí quiero comentar dos de las más recientes; ambas envuelven una ambigüedad. Una es relativamente inocente; la otra no.

La primera es una cita de un reporte del diario El Comercio:

Heraud Pérez estuvo enterrado por 45 años en el cementerio "Los Pioneros" de Puerto Maldonado.
Antes de recibir sepultura, sus familiares leyeron varios fragmentos de los poemas que escribió Heraud, entre ellos "El Viaje", con el que obtuvo el premio "El Poeta joven del Perú", así como El Río (1960), entre otros.
El Comercio, 2 de mayo del 2008

Como es obvio, la intención es decir que antes de que Heraud recibiera sepultura, sus familiares leyeron varios fragmentos de los poemas. El texto citado, sin embargo, permite la siguiente interpretación: que quienes están recibiendo sepultura son los familiares. Noten que el texto es ambiguo: también quiere decir algo como Antes de recibir sepultura Heraud, sus familiares leyeron varios fragmentos de los poemas; el hecho de que Heraud sea el sujeto de la oración anterior y el tema general del texto, condicionó la elección de referente para el sujeto de recibir, olvidando que los sujetos de verbos infinitivos tienden a interpretarse localmente (en ese sentido, la prominencia del tópico recurrente Heraud se ve amenguada por la cercanía de la frase sus familiares). Una vez más, el lenguaje proporciona gratuitamente un sentido que el redactor no buscaba.

La segunda expresión es menos inocente. El 21 de abril del 2008, La Ventana Indiscreta entrevistó a Sara Albirena Gutiérrez, empleada civil de la Policía Nacional del Perú, encargada de las relaciones con la prensa. Previamente, el Diario La Primera había expuesto a catorce agentes policiales; la señora Albirena Gutiérrez se queja por eso de la siguiente manera:
Conozco a los policías que han sido agraviados y abusados por la libertad de expresión y la democracia en la que vivimos actualmente.
Sara Albirena Gutiérrez, en La Ventana Indiscreta, 21 de abril del 2008
Lo que quiere decir es que la revelación de los nombres de los agentes es, en su opinión, un abuso posible debido a que hoy existe libertad de expresión y democracia. Sin embargo, al usar la preposición por, introduce un sentido adicional: que la libertad y la democracia han agraviado y han abusado de esos policías. Como sabemos, la preposición por puede expresar dos significados diferentes; por un lado, puede indicar el agente (por ejemplo, El auto fue comprado por Juan, donde Juan es el comprador); por otro lado, puede indicar la causa (como en Se cerró la ventana por Juan, donde Juan no es quien cierra la ventana sino que alguien más la cierra por causa de Juan---este puede estar resfriado, por ejemplo).

Es evidente que hay una crucial diferencia de sentido en la declaración citada, según la interpretación que se asigne allí a por. Si se le asigna el sentido de agente, entonces se convierte en una acusación contra la democracia y la libertad de expresión, como si estas fueran un obstáculo, un problema a resolver pronto; es una invitación al golpe de estado, a la persecución contra los periodistas, a la censura. Si por el contrario se le asigna la interpretación de causa, es una queja resignada, casi una expresión de capitulación frente al molesto control que la prensa ejerce sobre las instituciones del Estado en las sociedades democráticas.

Podemos sospechar, un poco aliviados, que el sentido de causa (y no el de agente) era, tal vez, el sentido que se intentaba, a partir de cómo ha sido recibida la declaración en algunos medios. Por ejemplo, el diario La Primera, principal aludido, la interpreta como una acusación de estar "abusando de la libertad de información" (es decir, en el sentido de causa). Además, la propia Ventana Indiscreta publica en Agencia Perú una versión escrita de la declaración con un significativo cambio:
Conozco a los policías que han sido agraviados y abusados por la libertad de expresión propia de la democracia que vivimos actualmente.
Versión escrita de la declaración de Sara Albirena Gutiérrez a la Ventana Indiscreta (Agencia Perú)
En esta versión en vez de y se coloca propia de. Como es obvio, este añadido refuerza la interpretación de causa, aunque no elimina del todo la de agente---y claro, la versión escrita no es fiel a la declaración original (como puede oírse en los minutos 3:15-3:25 del video original en los archivos de La Ventana Indiscreta del 21 de abril del 2008).

En todo caso, la ambigüedad está allí. Y, por desgracia, no sabemos si está allí porque la entrevistada bajó la guardia y permitió un sentido que no pretendía (y en este caso es simplemente un texto mal armado, no exitoso, inocente), o si está allí para que la leeamos entre líneas, para que la descifremos en todos sus terribles alcances, para que tengamos miedo de la democracia y de la libertad de expresión (y en este último caso sería un texto exitoso, muy eficaz, aunque nada inocente).

Hablar (y escribir), entonces, es una tarea que entraña responsabilidades inmensas. Ahora bien, ¿quiere decir esto que tenemos derecho a criticar lo que los hablantes hacen con su lengua? Bueno, curiosamente, la expresión lo que los hablantes hacen con su lengua es ambigua. Por un lado quiere decir que los hablantes le hacen algo a la lengua: la cambian, le inventan nuevas palabras, le añaden otras. En este sentido, nadie tiene por qué criticar eso. Pero también quiere decir que los hablantes le hacen algo a alguien con su lengua. Eso ya es diferente. Amenazar (o insultar) no es solamente usar la lengua; emplear ambigüedades no es solamente dejar que la lengua fluya irrestricta. Es también usar y abusar del poder, es ocultar la verdad, es poner en peligro la libertad. Esto último también se hace usando las palabras. Y por supuesto que puede ser criticado.

No solo la literatura lidia pues con la ambigüedad; la multiplicidad del sentido es consustancial al lenguaje, a todo acto lingüístico. Quizá no podamos evitar las ambigüedades del todo. Pero fallar al escribir o hablar claramente debería implicar siempre una toma de responsabilidad, una respuesta, una disculpa, o al menos una corrección. Esa es también una manera de contribuir con la libertad de expresión y la democracia.

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