Wednesday, March 07, 2007

 

Lenguaje, ortografía, desorden mental e IQ

He recibido hace poco dos notas sobre el tipo de mitos sobre el lenguaje y la variedad que nos preocupa aquí.

Una me la envía, Silvia Senz, co-autora del estupendo blog sobre lengua y edición Addenda & Corrigenda, quien atribuye la información a Marta Garriga. Comenta un increíble párrafo en un reciente libro del profesor Leonardo Gómez Torrego. La reproduzco parcialmente aquí.



Al hilo de algunos de tus posts sobre ciertos prejuicios muy enraizados en la mentalidad de algunos hablantes (demasiados: prejuicios y hablantes con prejuicios), que relacionan usos "desviados" de la norma académica con "deficiencias" de algún tipo, te mando este párrafo verdaderamente imperdible de la última obra de Leonardo Gómez Torrego:

Necesidad de combatir las faltas de ortografía
Las faltas de ortografía que se repiten con insistencia afean y desprestigian cualquier trabajo escrito, y suelen ser un síntoma claro de algún tipo de indisciplina o desorden mental. Por el contrario, un texto sin faltas de ortografía y bien redactado presenta connotaciones de elegancia y de rigor mentales. No hay que hacer caso a quienes defienden actitudes de rechazo a toda norma ortográfica en favor de una mal entendida libertad expresiva. La ligereza y la desidia en cuestiones ortográficas suelen desembocar en desorden.
Leonardo Gómez Torrego.
Hablar y escribir correctamente. Gramática normativa del español actual (Madrid, Arco/libros, 2006, tomo I, pág. 123)

Te comento que este parrafo encabeza la parte de la obra que habla de ortografía y en ningún lugar, ni antes ni después, se precisa qué significa eso de "indisciplina y desorden mental". Tampoco se explica en ningún lugar de esta reciente obra las razones que pueden aconsejar un esfuerzo por aprender y aplicar la técnica ortográfica. Suponiendo que ese "desorden" no se trate de un anglicismo por "trastorno" y no se refiera, pues, a una afasia o un problema de dislexia, entonces debe de referirse a algún "problema" en la adquisición de hábitos y rutinas, que haya generado una conducta indolente, o bien a un rasgo de carácter (la manera de ser caótica de la gente muy creativa y expansiva, por ejemplo) que se considera reprobable.

Silvia Senz
http://www.rediris.es/list/info/infoeditexto.es.html
http://addendaetcorrigenda.blogia.com/



La segunda nota es un post de mi amigo Gustavo Faverón en Puente Aéreo. Los invito a leerlo completo aquí. Se trata de un viejo fraude sobre el presunto IQ del presidente nortemericano George W. Bush, que todavía engaña a los incautos. Un falso Instituto Lovenstein supuestamente concluyó que Bush tenía el IQ más bajo entre los Presidentes norteamericanos, sobre la base de sus discursos y la variedad de su vocabulario. Como señala Gustavo, eso no solamente comporta un garrafal error metodológico (los datos recogidos no son comparables), sino que la entera idea implica que existe una relación entre la inteligencia de los individuos y sus habilidades verbales. Como han demostrado repetidamente los especialistas, eso es clamorosamente falso; por ejemplo, el Síndrome de Williams es una forma de retraso mental, las personas que lo sufren exhiben severas limitaciones cognitivas, pero al mismo tiempo son capaces de emplear estupendamente sus habilidades expresivas. Por otra parte, la concepción del IQ como unidad de medida del valor de las personas es por completo repudiable y científicamente cuestionable; al respecto puede leerse The Mismeasure of Man, el estupendo trabajo de Stephen Jay Gould, uno de los científicos evolutivos más importantes del siglo XX---el libro ha sido traducido al español como La falsa medida del hombre.

No es difícil imaginar que quienes han inventado ese estudio son enemigos políticos del Presidente norteamericano. Pero no se trata aquí de defender a Bush o a sus políticas. Usar y reusar ese falso argumento contribuye a cimentar un prejuicio bastante dañino: que existen formas de hablar superiores e inferiores y que, por lo tanto, podemos clasificar a la gente por la manera como habla---en el ámbito peruano, tonterías semejantes se han dicho con respecto a Fujimori, por ejemplo. La absurda idea de que cualquier desajuste de la norma "culta", un error ortográfico o una innovación gramatical, sean de alguna manera una forma de desorden mental, una limitación de la inteligencia, debería horrorizar a cualquiera que valore suficientemente el ejercicio de la libertad y que persiga cualquier ideal razonable de igualdad y fraternidad. Pero incluso si ese no fuera el caso, una persona medianamente informada ("culta", digamos) debería saber que tales afirmaciones carecen por completo de sustento científico.

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Thursday, November 30, 2006

 

Primero aprenda a hablar bien el español

El tema de las congresistas maltratadas por los empleados de la compañía española Iberia se torna cada vez más claro. Aunque el incidente tiene muchos ángulos (recomiendo al lector el excelente seguimiento que está haciendo Silvio Rendón en Gran Combo Club), a nosotros nos permite reflexionar una vez más sobre el papel que juega la prescripción lingüística en las prácticas discriminatorias.

Nos informa El Comercio:
William Mendoza, asesor de María Supa, reconoció que la congresista levantó la voz cuando le dijeron que el vuelo estaba lleno, ante lo cual la trabajadora de Iberia contestó: "Primero aprenda a hablar bien el español".
El Comercio 30 de noviembre del 2006

La obvia pregunta es ¿primero que qué? Si acaso fuera verdad que alguna persona no habla bien el español ¿tendría menos derechos? ¿por qué debe ser atendido mejor quien mejor habla el español? Vemos aquí que "hablar bien" no es más que una justificación ideológica para la discriminación. Claramente, para la empleada racista que pronunció esa frase, "hablar bien el español" significa "hablar el español como yo". Primero, sea como yo--le está diciendo--y después la trataré bien. Como ese primero es imposible, el maltrato queda moralmente consagrado, es irrefutable, incontestable. Esa es la magia de la prescripción.

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Monday, November 27, 2006

 

Si ni siquiera saben hablar bien

La Congresista María Sumire acaba de denunciar este grave acto de discriminación:

En declaraciones a la agencia oficial Andina, la congresista dijo que el sábado por la noche, junto a la congresista Hilaria Supa, acudió al counter de la citada aerolínea con su respectivo boleto para registrarse y abordar el vuelo. Fue entonces que, pese a tener toda la documentación en regla, los empleados de la empresa les comunicaron que no podían abordar el avión, pues este ya estaba lleno y no había cupo.
"Sin embargo, varios pasajeros que llegaron después que nosotras abordaron el avión sin ningún inconveniente", subrayó. Asimismo, Sumire añadió que al quejarse por el hecho y al mostrar su pasaporte diplomático, los empleados de Iberia se burlaron de su dicción y le dijeron que "podían quejarse con quien quisieran".
"Nos dijeron: cómo ustedes son congresistas si ni siquiera saben hablar bien. Eso nos indigna y no es posible que seamos extranjeros en nuestro propio país. Fue un trato inhumano que no
puede suceder. Si esto nos pasa a nosotros que somos congresistas, qué pasará con el resto de nuestros hermanos quechuahablantes", manifestó.
El Comercio 26 de noviembre del 2006

Además de las necesarias sanciones contra la línea española Iberia (y sus empleados ignorantes), es necesario llamar la atención sobre la función que aquí cumple esta repetidísima frase: si ni siquiera saben hablar bien. El incidente pinta de cuerpo entero cuál es el papel del discurso prescriptivo: asegurar una posición de poder, y por lo tanto, funcionar como una varita mágica para justificar otras formas de discriminación. Cuando cedemos a la tentación de considerar que ciertas variedades califican como hablar bien y otras no, estamos poniendo la primera piedra de la injuria racial y social.

Por supuesto, este incidente no es un mero objeto de reflexión académica; exige también una intervención de la autoridad competente. ¿Estará el gobierno aprista a la altura de las circunstancias?

[Actualización]
En el Gran Combo Club, Silvio Rendón comenta sobre otros aspectos de este incidente, y desarma la "aclaración" de Iberia.

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Friday, November 24, 2006

 

La lengua como tótem

Como nos han explicado innumerables veces antropólogos y psicólogos (de Frazer a Harris, pasando por Freud, Jung y Lévi-Strauss), las sociedades humanas, desde siempre y en todas partes, tratan desesperadamente de convertir el caótico flujo de lo sensorial en un sistema que provea sentido y dé orden y estructura a los infinitos detalles de la experiencia cotidiana. Una de las herramientas empleadas para lidiar con esa constante tarea es el tótem. Fue Frazer (en La rama dorada) quien, con abundancia de datos etnográficos, mostró que el pensamiento mágico es en verdad una manera de hurgar en las relaciones de causalidad entre los eventos del mundo, y que la adscripción de un tótem a un clan o grupo familiar es una sofisticada forma de organización comunitaria, una especie de cuidadoso registro civil---que, entre otras muchas cosas, establece alianzas, enuncia y sostiene metas comunes y regula la procreación (evitando el incesto). Quienes comparten un tótem se deben, al menos en teoría, mutua lealtad y apoyo, no deben casarse entre ellos, forman una familia. Pero un tótem no es exactamente lo mismo que un moderno apellido; es un objeto del mundo exterior, generalmente un animal, una planta, un cerro, un árbol, que se convierte en algo sagrado y crea un tabú a su alrededor: no se puede cazar o comer (si no es bajo cierto ritual), no se puede destruir, no se puede modificar, no se puede insultar, nadie puede apropiarse de él; a veces, no se le puede ver cara a cara, no se le debe nombrar. Es algo que defender, que proteger.

Hay que cuidarse de pensar que esta manera de concebir el mundo es "primitiva" o que "los contemporáneos" somo ajenos a ella. Ya Freud y Levi-Strauss se encargaron de establecer cuán conectadas están esas concepciones con las prácticas de todos los seres humanos.

Para muestra, dos botones.

Como mencionamos en el post anterior, hace unos días, con motivo del anuncio oficial del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, el Presidente de Colombia, el país anfitrión, se quejaba de un presunto "maltrato" al idioma con estas palabras:
hoy uno encuentra, en personas con un alto nivel intelectual, repetir permanentemente: han habido. [...] Preocupante la manera como hemos estrechado el lenguaje, y preocupante la manera como lo maltratamos.
Palabras del presidente Álvaro Uribe durante el lanzamiento del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, 7 de noviembre del 2006
Don Alvaro Uribe se refiere aquí a la muy extendida práctica de pluralizar el verbo haber en oraciones existenciales (Han habido dos guerras mundiales, por ejemplo). Nótese esta extraordinaria atingencia: incluso las personas con un alto nivel intelectual hablan así. Uribe no dice que quienes "maltratan el idioma" son tontos o ignorantes. Dice que pluralizar el verbo haber en estos casos es incorrecto incluso si así lo hacen las personas "cultas". Esto es peculiar porque se supone que la norma académica representa la práctica idiomática de las personas cultas; el discurso prescriptivo justifica sus dictados en el supuesto prestigio de las opciones que recomienda, prestigio que proviene del hecho de que así hablan las personas con un alto nivel intelectual. Si eso ya no es verdad, ¿cómo sabemos qué es correcto y qué no? Muy simple: creamos un tótem; convertimos la lengua en un objeto exterior, independiente de sus hablantes, le erigimos una estatua y creamos un conjunto de tabúes a su alrededor: nadie la puede tocar, nadie la puede cambiar, hay que defenderla, protegerla. Cualquiera que la use debe hacerlo como nosotros le indicamos, o incluso, convertirse en uno de nosotros, ser uno de nosotros. Y ocasionalmente, la veneramos, le rendimos culto, protestamos ritualmente contra quienes la maltratan. El prescriptivismo es, a la larga, un elaborado intento por convertir una lengua en un tótem, que marca territorio, simboliza a un grupo y otorga autoridad y prestigio a sus defensores---no es que esté basado en el prestigio, sino que lo crea, lo inventa.

Contra lo que alguno podría pensar, no es una costumbre exclusiva de las élites o de los privilegiados. La tentación prescriptivista surge tan pronto como una comunidad alcanza una mínima conciencia metalingüística y, como con cualquier otro tótem, necesita distinguir lo propio de lo ajeno. Otro ejemplo de totemización de la lengua, esto es, otro caso de actitud prescriptivista extrema, nos lo proporciona la reacción de los pueblos mapuches ante la nueva versión del sistema operativo Windows en mapudungun, su lengua. Estos acusan a Microsoft de haberles robado su idioma:

los líderes mapuches acusaron a la firma estadounidense de violar su herencia cultural y colectiva con la traducción del software en mapudungun sin su permiso.
Incluso enviaron una carta al fundador de Microsoft, el multimillonario Bill Gates, en la que acusaron a la compañía de "piratería intelectual". "Nos sentimos pasados a llevar con la decisión de Microsoft y del Ministerio de Educación (de Chile) en cuanto a establecer un convenio sin nuestro consentimiento, sin nuestra participación, sin la más mínima consulta," dijo Aucán Huilcamán, líder del Consejo de Todas las Tierras.
Chile.com 23 de noviembre del 2006

Esto es peculiar porque, estrictamente hablando, Microsoft (que ya ha hecho lo mismo con varias otras lenguas americanas) no podría haber traducido Windows al mapudungun por sí sola. Necesariamente habrá tenido que consultar con al menos uno de esos hablantes. Por lo tanto, exactamente como en el caso de Alvaro Uribe y la variante normativa, esta vez el líder mapuche Aucán Huilcamán está diciendo que no basta ser hablante de mapudungun para decidir qué hacer con la lengua, que el mapudungun es un objeto exterior, totémico, sagrado, intocable, que solo se puede usar siguiendo un determinado ritual.

No faltará quien observe que los mapuches está aprovechando esta ocasión para subrayar su condición de minoría desposeída, esto es, para avanzar su agenda política. Por supuesto, esto es verdad. Pero lo mismo está haciendo Uribe: al erigirse como campeón ultrapurista, se reviste del prestigio que su mismo discurso está creando, legitimando su autoridad. Esa es precisamente la magia del tótem: al elegir arbitrariamente un objeto para que nos simbolice, prestigiamos ese objeto, y en retorno, ese prestigio mismo nos ensalza, en un permanente ciclo de retroalimentación. Es decir, a fin de cuentas, el discurso prescriptivo no es otra cosa que una herramienta para la negociación del poder. Esa es la razón de su constante presencia en nuestras prácticas comunitarias.

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Saturday, November 11, 2006

 

Biblia políticamente correcta

La Biblia, además de ser el libro más difundido del mundo, está íntimamente ligada al desarrollo de las ciencias del lenguaje. El estudio de los manuscritos bíblicos (y su exégesis) dio forma a los debates filológicos por mucho tiempo---y todavía hoy constituyen un sólido capítulo de la crítica textual y otras disciplinas conexas.

Entre los muchos asuntos que las Escrituras conciertan, está la cuestión nada trivial de su traducción. Existen versiones de la Biblia en más de mil lenguas, a menudo más de una por lengua. Como sabemos, traducir no es un acto mecánico sino que comporta un ejercicio de interpretación, una recreación del texto. Eugenio Coseriu, el gran lingüista rumano, solía poner un ejemplo que ilustra el tipo de opciones a las que se enfrenta cualquier traductor. Sabemos que en muchas lenguas indoeuropeas lo brillante se considera un símbolo de alegría o de vida, mientras lo oscuro representa la tristeza o la muerte. Supongamos, decía Coseriu, que encontramos una lengua donde esa correlación sea la contraria (esto es, una lengua donde la alegría sea oscura y la tristeza, brillante). ¿Cómo traduciríamos al español una frase de esa lengua que dijera literalmente "un espíritu brillante"? Es evidente que, si no queremos perder el sentido, debemos traducir "un espíritu oscuro". No en vano los italianos proclamaron, casi sin ironía: traduttore, traditore.

Hoy los traductores de la Biblia asumen la inmensa responsabilidad de entregar al lector del siglo XXI un texto con más de dos mil años de tradición a cuestas. Los resultados, hoy como ayer, han sido diversos (de más está decir que la historia de las traducciones bíblicas amerita por sí misma una subdisciplina). Un gran escándalo provocó el año pasado Martin Dreyer, cuando publicó su versión alemana de los textos sagrados (a la que llamó Volksbibel, o "la Biblia del Pueblo"), en donde Jesucristo multiplica hamburguesas en vez de panes, y el hijo pródigo dilapida su herencia en discotecas y acaba limpiando baños en McDonald's.

Un poco más circunspectos (pero no exentos de controversia) son los esfuerzos de la reciente Bibel in gerechter Sprache ("la Biblia en lenguaje inclusivo"), una nueva traducción alemana que pretende introducir corrección política en el texto bíblico. Con ese propósito, "Padre" es reemplazado por "Madre y Padre", "El Señor" por "Dios" o "El Eterno", "hombres" por "personas", entre otros. No es el primer intento. La organización Priests for Equality viene publicando una traducción en inglés con similares propósitos---en su versión, no faltan preocupaciones ecológicas; por ejemplo, el famoso pasaje de Génesis 1, 28:
Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra
es traducido de esta manera:
Bear fruit, increase your numbers, and fill the earth - and be responsible for it! Watch over the fish of the sea, the birds of the air, and all the living things on the earth!
[Crezcan y multiplíquense, llenen la tierra---y sean responsables por ella. Cuiden los peces del mar, los pájaros del cielo y todas las cosas vivas sobre la tierra]
Sin duda estas diversas traducciones darán pie a acaloradas discusiones. No es para menos, si se trata de un texto que muchas personas consideran fundamental en su vida.

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Friday, October 06, 2006

 

La lengua en el museo

Para algunos, el museo es una especie de cementerio cultural, una vitrina de lo exótico, una colección de lo que no forma parte ya de la vida cotidiana, una jaula dorada para encerrar lo que nos es ya en cierto modo ajeno, o a lo sumo, una ostentosa exhibición de trofeos. Quizá por eso un museo de la lengua les resulta una suerte de aporía, una contradicción intrínseca, siendo que pocas cosas hay más vivas, menos estáticas, que la lengua. Otros van incluso más lejos y sugieren que pretender poner la lengua en un museo es un acto de llorosa nostalgia; así, la metáfora de la-lengua-en-el museo se usa para denigrar los esfuerzos por conservar las lenguas en extinción, como en estos textos de reciente publicación:

A veces, da la impresión de que los plañideros de las lenguas en extinción prefirieran la idea de encerrar a los hablantes de esos idiomas en la vitrina de un museo, rescatándolos así de "la influencia externa", antes que preocuparse por su humanidad y su coyuntura como personas.
Gustavo Faverón Puente Aéreo 24 de setiembre del 2006

Mi gran temor es que estemos valorando al quechua con la misma consideración con la que miramos los objetos que nos ofrecen los museos, esto es, con el cariño y la admiración que nos provoca lo hermoso e inerte.
Sandro Venturo Perú 21 11 de setiembre del 2006

¿Y en que consistirán esos "Derechos de los pueblos originarios"? Espero que no sea (como me temo) un freno al intercambio cultural, o la "museización" de comunidades enteras por afán conservacionista.
Comentarista en La Peña Lingüística

La idea de estos textos parece ser que no hay ninguna relación entre preocuparse por la extinción de las lenguas y preocuparse por la humanidad y la coyuntura de sus hablantes, que reclamar por el uso de una lengua es como reclamar porque alguien desecha un manto viejo. La premisa de fondo es que las lenguas son, de algún modo misterioso, un objeto ajeno a los individuos que las hablan, que los hablantes se inscriben en ellas como los socios en un club, que abandonar una lengua es más o menos lo mismo que mudarse a un mejor barrio. Por eso, trabajar por la conservación de las lenguas es visto como el intento de poner ese objeto en una vitrina.

Esa premisa es, sin embargo, falsa. La lengua está demasiado comprometida con el mundo mental como para que su abandono sea trivial. Pero hay otra premisa que es falsa también. No es verdad tampoco que los museos tengan que ser cementerios culturales o colecciones de trofeos. El museo no es una institución de lujo, ni es un mero entretenimiento para sibaritas. Es una herramienta crucial para preservar la memoria colectiva, para sustentar la narrativa que elegimos como nuestra, para volver tangible la imagen que hemos dibujado de nosotros mismos. En ese sentido, el museo es un auxiliar de la lengua. La metáfora de la-lengua-en-el-museo es infeliz, entonces, por un doble motivo: está basada en concepciones cliché de lo que es una lengua, pero también de lo que es un museo.

Y de hecho, museos de la lengua existen. Hace unos meses en la ciudad de San Paulo, Brasil, se inauguró (en el majestuoso edificio de la foto, llamado Estación de la Luz) el Museu da Lingua Portuguesa, cuyo propósito es precisamente reunir textos, videos y otros objetos relevantes para el portugués. Hay colecciones de cartas, conversaciones cotidianas grabadas, descripciones, mapas lingüísticos, entre muchos otros. No es el único. El Museo de la Lengua Afrikáans funciona en Paarl (Sudáfrica) hace más de treinta años. Ninguna de esas dos lenguas está en peligro de extinción.

La lengua puede, entonces, estar en un museo, sin que eso signifique reducir a sus hablantes a simples especímenes de colección.




Este video corresponde a una exhibición temporal en el Museu da Lingua Portuguesa, en celebración de los 50 años de Grande Sertão: Veredas, de João Guimarães Rosa, cuyo manuscrito está en el museo (los papeles colgantes son reproducciones de páginas del manuscrito).

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Sunday, August 06, 2006

 

Las poderosas sutilezas de TÚ y USTED

Todas las lenguas distinguen tratamientos formales y corteses (para dirigirse a personas con mayor edad o rango) de tratamientos más familiares e informales (para hablar con amigos y personas cercanas). Las lenguas difieren mucho en los medios que usan para expresar esta diferencia, sin embargo. En inglés, por ejemplo, el uso del apellido corresponde al empleo formal y distante, mientras que entre amigos se usa el nombre; el coreano, el japonés y el tailandés despliegan un complejo sistema de varios niveles con diferencias léxicas, morfológicas y sintácticas para distinguir interlocutores de diferentes estratos sociales o jerárquicos; en polaco, se usa la tercera persona en combinación con algunos pronombres y ciertos vocativos para dirigirse a personas mayores o prominentes; varias lenguas austronesias (en el Pacífico Sur) usan la primera persona del plural para mostrar deferencia. En general, la expresión de la cortesía, la solidaridad y las relaciones de poder ocupa un nutrido capítulo en la gramática de las lenguas y, por lo tanto, en las preocupaciones de los lingüistas.

En español, como es bien sabido, esas diferencias están confiadas a dos formas pronominales: y usted (los sociolingüistas llaman a esto la distinción V-T, tomando como representativa la correspondiente pareja del francés vous-tu; el portugués europeo, el catalán, el danés y varias otras lenguas ofrecen también este fenómeno). Adicionalmente, nosotros usamos la tercera persona del verbo, de manera que ¿Cómo está? es la opción para saludar a una persona mayor o a nuestro jefe, pero ¿Cómo estás? es la alternativa con nuestros amigos. El sistema no es el mismo en todo el español, sin embargo. En España, por ejemplo, los hablantes tienden a usar con mucha facilidad (a veces basta simplemente presentarles a alguien para que inicien el tuteo); en Colombia, en cambio, incluso los compañeros de clase se tratan entre sí de usted (tienen que tenerse realmente mucha confianza para permitirse el )---si esto último parace exagerado, recordemos que en el Perú es muy frecuente que los compañeros en el colegio se dirijan unos a otros usando el apellido y no el nombre, lo cual sin duda configura un subsistema de trato verbal.

Dada la opción entre y usted (y la correspondiente persona verbal), el hablante de español posee una herramienta sutil pero muy eficaz para expresar cómo se siente él mismo con respecto a su interlocutor y, en particular, cuál es su posición en la relación de poder y en la jerarquía de prestigio. Entre dos desconocidos con similar jerarquía un segundo criterio entra en juego: la edad. Todo el mundo tutea a los niños, los conozca o no; todos nos sentimos agredidos si un desconocido nos trata de , en especial si es visiblemente menor que nosotros.

Noten que el sistema anterior es en gran medida inconsciente; no podría ser de otra manera porque debemos tomar la decisión de usar la persona verbal adecuada en cuestión de segundos, y lo hacemos rápido y sin meditar al respecto. Sin embargo, su uso puede revelar mucho sobre las relaciones entre los interlocutores e incluso sobre la distribución de poder en una particular sociedad.

El siguiente reportaje de La República nos proporciona una extraordinaria ocasión para mostrar cómo el peso de esas diferencias se impone a pesar de las mejores intenciones. Es la historia de Dámasa Gonzales Huarhua, una anciana quechuahablante que, hace muchos años, fuera violada por el hijo de sus patrones cuando trabajaba como empleada doméstica (violación que resultó en una hija que le fue arrebatada), y que hoy vive pidiendo limosna y se encuentra al borde de quedarse en la calle. El reportaje es valiente y atrevido, en especial porque el violador es Isaac Humala, padre de Ollanta Humala, ex-candidato a la presidencia y líder del grupo parlamentario más numeroso.

Es evidente que el artículo reivindica a doña Dámasa Gonzales; los autores entrevistan a su hija y a otro antiguo empleado de los Humala. Lo notable en este caso es que los entrevistadores usan y la correspondiente persona gramatical en las preguntas a la señora Gonzales (incluso la llaman por su nombre de pila), pero usan usted y los verbos en tercera persona con los otros entrevistados:


PREGUNTAS A LA SEÑORA GONZALES
–¿Por qué sigues viviendo en la casa de losHumala?
-Pero doña Sócrates te dejó una casa en Lima.
–¿Tú quieres que te entreguen tu casita en Lima?
Dámasa, ¿de qué vives, cómo te mantienes?
–¿Aquí vives solita?
–¿Siempre has trabajado para la familia Humala Núñez?
–Pero doña Sócrates Núñez te dejó una casa en agradecimiento.
Dámasa, ¿tú llegaste a tener una hija con un Humala?
–¿Cómo se llama tu hija?
–¿Cuándo la volviste a ver?
–¿Desde cuándo no ves al doctor Isaac Humala?

PREGUNTAS A LA HIJA DE LA SEÑORA GONZALES
–Se trata de una denuncia sobre un atropello a su señora madre.
La señora Dámasa la recuerda mucho a usted.

PREGUNTAS AL EX-EMPLEADO DE ISAAC HUMALA
–Finalmente, abordamos a Juan Barrera Guerra, ¿cuánto pagó por la propiedad?
–¿Tiene recibos?

Como me hace notar mi buen amigo Félix Reátegui, el tuteo a la señora Gonzales no es un hecho particular a esta entrevista, sino que existe el muy antiguo hábito (iniciado por los conquistadores) de considerar a los campesinos quechuahablantes como menores de edad, es decir, personas a quienes, como a los niños, podemos tutear sin restricciones por muy mayores que sean (doña Dámasa Gonzales tiene 78 años). Es muy importante señalar que el maltrato a la anciana no era la explícita intención de los entrevistadores (después de todo, están ayudándola a exponer su caso), pero ocurre efectivamente al usar el mecanismo gramatical del tuteo, que, aunque largamente inconsciente, sirve aquí para hacer patentes los distintos roles sociales de los entrevistados (y los entrevistadores). También me informa Félix (quien es un experimentado sociólogo) que él ha observado similares casos de tuteo por parte de jóvenes sociólogos y antropólogos al entrevistar a campesinos mayores que ellos. Una vez más, esto ilustra la asombrosa capacidad de la lengua para reproducir los prejuicios más recónditos y, por supuesto, nos alerta sobre la necesidad de controlar los sentidos que el lenguaje nos ofrece.

¿Se pueden controlar esos sentidos? Yo creo que sí, pero solo se tendrá éxito después de reconocerlos en detalle y reflexionar sobre ellos con una mente abierta y generosa. Este es un caso en donde la intervención política directa es casi siempre inútil. Por ejemplo, en los años sesenta, el gobierno sueco decretó que la forma du (equivalente a ) era de uso obligatorio, incluso para dirigirse a las autoridades y a miembros de la realeza; la forma ni (equivalente a usted) fue eliminada por decreto y desapareció en efecto de la prensa y la televisión; en los años noventa, sin embargo, ya era bastante obvio que la forma ni estaba presente en el habla coloquial, especialmente entre los jóvenes.

Diferenciar el tratamiento verbal a los interlocutores parece ser pues un inevitable universal lingüístico. Pero lo que no es ni universal ni inevitable es el particular uso que hagamos de esa diferencia. Es perfectamente posible para los hablantes controlar el uso de usted y de modo que expresemos respeto y cortesía, por un lado, y solidaridad y familiaridad por el otro. La lengua no nos obliga a espetar nuestra imaginada superioridad.

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Sunday, June 18, 2006

 

Deficiente expresión oral en castellano

Como hemos discutido aquí varias veces, todos los seres humanos tenemos la misma capacidad lingüística, todas las lenguas y variedades de lengua que inventan los seres humanos son igualmente complejas, igualmente ricas e igualmente eficientes. No hay lenguas, variedades o registros incompletos, irregulares o deficientes. Esta es una posición sólidamente establecida entre los lingüistas, pero, al parecer, muy difícil de aceptar en otras comunidades académicas. John McWhorter, un sociolingüista, ex profesor de la Universidad de Berkeley y actual investigador en el Manhattan Institute, lo explica así en la primera página de su libro Word on the Street: Debunking the Myth of "Pure" Standard English (la traducción es mía):
Una de las cosas más frustrantes para cualquier lingüista es encontrarse con la falsa pero virtualmente universal impresión de que el mundo está lleno de gente que descuida un habla "propia" y "lógica" en beneficio de formas de hablar descuidadas y llenas de errores, que se consideran actos de negligencia similares a sentarse a la mesa en una postura irreverente o a limpiarse la boca con la camisa. […] Todo lingüista trabaja para convencer a la gente de la falacia detrás de ese punto de vista, basado en uno de los hallazgos fundamentales de la lingüística moderna, a saber, que el lenguaje humano es siempre sistemático, sea en situaciones formales o en situaciones informales. Sin embargo, nuestros amigos, los invitados en nuestras fiestas, o nuestro ocasional acompañante en el almuerzo, raramente son convencidos por esta caracterización del lenguaje. […] Mucha gente sospecha que los lingüistas estamos dejándonos llevar por un cándido igualitarismo en desmedro del rigor científico.
Esa sospecha, es por supuesto, insostenible, como McWhorter no deja de decir, puesto que surge del desconocimiento acerca de los mecanismos generales del lenguaje, y en particular, de la manera como las lenguas se transforman todo el tiempo. En este blog, estamos comprometidos con la tarea que McWhorter asigna a todo lingüista: trabajar por convencer a la gente de que, aparte de las afasias y otras condiciones clínicamente determinadas, no hay variedades deficientes del lenguaje.

En el Perú, la idea de que ciertas personas o ciertos grupos humanos tienen un hablar defectuoso es, desgraciadamente, muy común. He aquí un ejemplo, tomado de un artículo de la revista Revuelta:
El éxito de la candidatura de Fujimori residió en logar [sic] que la mayoría indígena del país se identificara con su condición minoritaria de descendiente de japoneses. Ante su adversario en la contienda de 1990, el novelista Mario Vargas Llosa, Fujimori opuso el aval de su profesión de
ingeniero, no la desacreditada autoridad del hombre de letras, por igual asociada en el Perú con el escritor, el jurista o el diplomático. Y a esto hubo de añadirse su deficiente expresión oral en castellano, compartida por la población hablante de lenguas vernáculas.
José Falconi y Martín Oyata en Revuelta 3, Junio-Agosto del 2006 (requiere subscripción)


Esta afirmación tan peculiar (que no es poco común, sin embargo) nos quiere convencer de que Fujimori tenía (o tiene) una deficiente expresión oral en castellano. Ese ya es un planteamiento prejuicioso, pero se empeora con la idea de que el hablar de Fujimori era compartido por la población de lenguas vernáculas, cuyo uso lingüístico resulta caracterizado entonces también como defectuoso. ¿Tienen los autores en mente a hablantes no nativos de español, que mezclan en su hablar al español con su lengua materna (lo que algunos llaman quechuañol o aymarañol)? Si fuera así, no veo qué sería lo que el habla de Fujimori, un hablante nativo de español, pudiera tener en común con el español de esas comunidades. Quizá se refirieran al llamado castellano andino (que puede incluir, pero no exclusivamente, a hablantes monolingües de un español fuertemente influenciado por las lenguas andinas), pero Fujimori era un hablante de español costeño, limeño para más señas. Incluso si extendiéramos la noción de castellano andino para incorporar el habla popular limeña (un paso que quizá muchos especialistas objetarían), eso haría que los autores estén diciendo que ese castellano, el de la mayoría de los limeños, es deficiente. Cualquiera de estas interpretaciones es inaceptable.

Es obvio que los autores tratan de decir que Fujimori hablaba un castellano popular y que eso jugó un rol significativo en su elección. Pero ¿por qué decir que es deficiente? ¿por qué difundir la idea de que si ellos no pueden hablar como nosotros, es porque son deficientes, pero que si nosotros no podemos hablar como ellos, es porque somos cultos? Espero que sea claro para el lector que esa concepción del lenguaje (y de la gente) es completamente absurda.

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Wednesday, June 07, 2006

 

Falta de una mínima capacidad sintáctica

A lo largo de la historia de la reflexión sobre el lenguaje quizá la idea más recurrente sea esta: que algunas lenguas o variedades de lengua son mejores que otras. Detrás de esa idea está la no menos errada concepción de que la conducta compleja es propia exclusivamente de personas con superior intelecto. En lo que a complejidad se refiere, el lenguaje casi no tiene rival. Surge entonces la recurrente ilusión de que solo las personas inteligentes conocen lo que es correcto e incorrecto sobre el uso de la lengua. Y que cuando otros hablan diferente pues simplemente se trata de incompetencia o de falta de capacidad. Ningún estudioso del lenguaje podría sostener seriamente tal conclusión. El lingüista norteamericano Edward Sapir lo dijo mejor que nadie:
Cuando se trata de la forma lingüística, Platón camina junto con el porquero macedónico; Confucio, con los salvajes cazadores de cabezas de Assam.
Language: An Introduction to the Study of Speech. (1921: capítulo X)

La forma de hablar de los porqueros macedónicos no era inferior a la forma de hablar de Platón, ni tampoco Confucio tenía una capacidad sintáctica superior a la de los cazadores de cabezas de Assam. La forma lingüística de todos los seres humanos es equivalente.

Aunque esta es una bien asentada idea entre los lingüistas, está lejos de ser popular. En la prensa abundan las ideas en contrario. Me vienen a la mente, por ejemplo, las varias refutaciones a Mario Vargas Llosa por parte de Marco Aurelio Denegri, bajo el argumento de que el escritor usa palabras y construcciones que Denegri desconoce o no acepta (pueden ver aquí su "análisis" de Los cuadernos de Don Rigoberto).

A veces este prejuicio toma una forma más sutil, sin embargo. En su blog mi buen amigo Gustavo Faverón ha escrito un (por otra parte) excelente post sobre los escritores y el poder, donde desliza esta idea:
Esos son los oficios a través de los cuales muchos escritores entran en la política: se vuelven espías, o expertos en propaganda, en relaciones públicas; se vuelven spin doctors con sueldo del Estado, o consultores de imagen. Se encargan de escribir las palabras que algún gobernante afásico es incapaz de juntar por falta de una mínima capacidad sintáctica, o por simple falta de talento. Y son los encargados, la mayoría de las veces, de disfrazar con un cierto ropaje de verosimilitud cualquier mentira descabellada que convenga a su empleador.
Gustavo Faverón en Puente Aéreo 7 de junio del 2006
Aunque uno pudiera estar de acuerdo con el contenido central del post, es indispensable detenerse a pensar en esa idea de que hay ciertas personas que carecen de una mínima capacidad sintáctica. Eso es imposible, bajo condiciones normales. Es verdad que sí hay afásicos, es decir, personas clínicamente enfermas del lenguaje, que en efecto no pueden hablar correctamente como resultado de una lesión cerebral; pero esa enfermedad discapacita al individuo de tal forma que no puede continuar sus actividades cotidianas hasta recuperarse: no puede haber ningún gobernante afásico en ese sentido. En un esfuerzo por caracterizar a los políticos que usan escritores para que les escriban sus discursos, el redactor extrapola los rasgos de la enfermedad y los llama afásicos. Uno podría aceptar que habla en sentido figurado, que se trata de una suerte de licencia poética, aunque siempre valdría la pena preguntarse qué pensarían al respecto los verdaderos afásicos o sus familiares. En todo caso, sí reproduce un prejuicio: la idea de que, de algún modo secreto, "hablar/escribir mal" es una suerte de enfermedad, y que "hablar/escribir bien" es privilegio exclusivo de ciertas personas (los escritores, digamos).

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