Thursday, June 19, 2008

 

La decadencia de la Académie française

En El sueño de Macsen Wledig, una leyenda galesa preartúrica que Lady Charlotte Guest incluyó en su traducción del Mabinogion, se cuenta que el emperador Magno Máximo (Macsen Wleding, en galés), agradecido por la crucial ayuda en la recuperación de su trono romano, les otorgó a sus aliados británicos "cualquier región que quieran en el mundo"; estos, al mando de Conan Meriadoc (Cynan ap Eudaf) y su hermano Gadeon, tomaron posesión de la Armórica, que entonces incluía todo el noroeste de la Galia. Los armóricos, por supuesto, se resistieron, pero sin suerte. Los hombres fueron ejecutados, aunque las mujeres fueron matenidas vivas. Alguien advirtió que esto representaba un terrible riesgo: puesto que el idioma de los armóricos era diferente al de sus conquistadores, si las mujeres armóricas iban a ser incorporadas a la nueva sociedad, necesariamente los idiomas se mezclarían, destruyendo la lengua conquistadora; la solución fue simple y terrible: le cortaron la lengua a todas las mujeres, para que no pudieran corromper la forma de hablar de sus hijos. Así la Armórica se convirtió en lo que ahora es la Bretaña, la región en el extremo noroccidental de Francia, donde todavía hoy quedan medio millón de hablantes de bretón, la lengua celta, pariente del galés, que los colonos britano-romanos llevaron allí en el siglo IV. La historia que cuenta El sueño de Macsen Wledig (y que también está anotada en las márgenes del manuscrito K de la Historia Brittonum, atribuida al monje Nennius) quizá sea el registro más viejo de un lingüicidio en Occidente, llevado a cabo de un modo que no podría ser más gráfico: arrancándoles la lengua a sus hablantes.

El bretón se impuso al armérico hace 1600 años, pero hoy es una lengua minoritaria en Francia, junto con las otras 28 lenguas diferentes al francés que conviven en ese país---hay casi dos millones de hablantes de occitano en el sur, millón y medio de alemánicos en Alsacia, un millón de hablantes de italiano, 100 mil hablantes de catalán, 75 mil de vasco, entre varios otros. Y eso sin contar docenas de dialectos de francés marcadamente distintos al parisino (sin ir muy lejos, los fundadores de la dialectología, Gilliéron y Rousselot, desarrollan sus ideas teniendo como modelo el patois francés). Como pasa en muchas partes, tampoco aquí las lenguas minoritarias reciben el menor reconocimiento por parte del Estado (Gilliéron y Rousselot ya advirtieron hace más de un siglo la progresiva desaparición de las lenguas regionales).

Como es bien conocido, Francia es un país excepcionalmente centralista, y eso se ha reflejado también en su política lingüística. Aunque la Académie française no fue la primera academia de la lengua en Europa (ese honor corresponde a la florentina Academia de la Crusca), rápidamente se constituyó en un modelo de institución normativa y su influencia en la formación del discurso prescriptivo en Occidente ha sido crucial. A pesar de su prestigio e influencia, la Académie française nunca ha sido un cuerpo formado por especialistas en el lenguaje, a diferencia de su homóloga española (la RAE); por esa razón, su trabajo científico ha sido realmente pobre: aunque fue fundada en 1635 (casi ochenta años antes de la RAE), la primera gramática académica del francés fue un breve volumen publicado en el siglo XX; en casi 400 años ha elaborado nueve ediciones de un diccionario, pero la última de ellas contiene apenas 23.500 palabras (compárese con las 23 ediciones del diccionario académico español, que hoy recoge más de 160.000 palabras y acepciones; además están las 5.000 páginas de la Gramática Descriptiva de la Lengua Española, y los numerosos proyectos en la que está embarcada nuestra RAE).

Demás está decir que la Académie française ha expresado siempre un olímpico desprecio por la variedad al interior del francés, y por las lenguas regionales de su país. Sin duda puede encontrar uno esa misma actitud en otras instituciones normativas, incluidas algunas academias españolas, especialmente en el pasado; sin embargo, en los últimos tiempos, como ya hemos señalado, la RAE ha empezado a verse a sí misma más como una institución científica y menos como un alcaide. La Académie Française, que alguna vez fue el modelo en el que la RAE se inspiró, no ha seguido ese sabio camino. La discípula ha superado largamente a la maestra.

En medio de las recientes discusiones sobre la reforma a la constitución francesa, se propuso la idea de incluir un reconocimiento constitucional a todas las lenguas de Francia. La Académie française ha protestado con solemnidad contra esta propuesta (gracias a Silvia Senz por la información). En un comunicado aprobado unánimenmente por les immortels (los inmortales, así se llaman a sí mismos los miembros de la Académie française) se declara:
Depuis plus de cinq siècles, la langue française a forgé la France. Par un juste retour, notre Constitution a, dans son article 2, reconnu cette évidence: "La langue de la République est le français".
Or, le 22 mai dernier, les députés ont voté un texte dont les conséquences portent atteinte à l’identité nationale. Ils ont souhaité que soit ajoutée dans la Constitution, à l’article 1er, dont la première phrase commence par les mots: "La France est une République indivisible, laïque, démocratique et sociale », une phrase terminale: "Les langues régionales appartiennent à son patrimoine". [...]
Au surplus, il nous paraît que placer les langues régionales de France avant la langue de la République est un défi à la simple logique, un déni de la République, une confusion du principe constitutif de la Nation et de l’objet d'une politique.
[Después de cinco siglos, la lengua francesa ha forjado Francia. Con toda justicia, nuestra constitución, en su artículo 2, reconoce esta verdad: "La lengua de la República es el francés".
El 22 de mayo pasado, los diputados han aceptado un texto cuyas consecuencias pueden dañar la identidad nacional. Se ha acordado que se añada a la Constitución, en su artículo 1, cuya primera frase comienza con las palabras "Francia es una República indivisible, laica, democrática y social", una frase mortal: "Las lenguas regionales corresponden a su patrimonio" [...]
Además, nos parece que colocar las lenguas regionales de Francia delante de la lengua de la República es un desafío a la simple lógica, una negación de la República, una confusión del principio constitutivo de la Nación y de las metas de la política]
Déclaration de l’Académie française, 12 de junio del 2008.
Como puede verse, la propuesta era más bien modesta, ni siquiera se trata de hacerlas oficiales, sino simplemente de mencionarlas, de reconocerlas constitucionalmente. La declaración de la Académie française provocó que el Senado rechazara esa modificación esta semana, así que no se trató de un acto inocente.

La posición de la Académie française, por completo absurda, está sin embargo en perfecta consonancia con el pobre desempeño científico que esta institución ha desarrollado a lo largo de su historia. Desprovista de filólogos y lingüistas, carece de la autoridad y el liderazgo necesarios para convocar una reflexión seria acerca del futuro del francés y sus relaciones con las otras lenguas. A diferencia de su colega española, se ha vuelto incapaz de incorporar en su trabajo los avances de las ciencias del lenguaje, y por lo tanto se convierte en una institución cada vez más inútil y en completa decadencia.

En ese sentido, su reciente declaración nos recuerda la pertinaz negativa del parlamento francés para actualizar los uniformes del ejército durante las Guerras Balcánicas (1912-1913) y el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Con el desarrollo de los rifles de largo alcance, se hizo necesario que los uniformes se pudieran camuflar con el terreno; por esa razón los ingleses adoptaron el color caqui y los alemanes, el gris oscuro. El ministro francés Adolphe Méssimy propuso al parlamento que el rojo y azul del uniforme fuera cambiado por un color menos visible; la reacción en la prensa y en las cámaras fue de rotundo rechazo (ni siquiera aceptaron cambiar el kepí por el casco); el diputado Alphonse Etienne, ex ministro de Guerra, resumió su oposición con estas palabras: Le pantalon rouge c'est la France ("El pantalón rojo es Francia"). Las consecuencias de esta catastrófica visión fueron terribles. Durante la Batalla de las Fronteras, en agosto de 1914, más de 200.000 soldados franceses pagaron con su vida esa absurda decisión (famosa es la masacre del Regimiento 246, marchando a campo abierto en sus pantalones rojos, sin cascos, con la banda militar tocando, contra un ejército alemán camuflado en gris y protegido con cascos)---recién en 1915 se iniciaría el cambio de uniforme.

Ni el pantalón rojo es Francia, ni el idioma francés es Francia. Si acaso "Francia" (o "España" o "Perú" o...) tiene algún sentido, este empieza y termina con los franceses, personas de carne y hueso que hablan diferentes lenguas y visten de distintos colores. Los signos, como saben los lingüistas, son arbitrarios.

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Comments:
Excelente post, Miguel. Confieso que era un ignoarante sobre lo que hacía (o dejaba de hacer) la academia francesa (con minúsulas por su papel minúsculo en la cultura francesa).

Sin duda alguna, la estrechez mental de los que se consideran paladines de la verdad, de la patria y de la única nación son simplemente irrisorios al inicio, pero se hacen lamentables porque pensamientos como estos (o marcos conceptuales como estos, diría Lakoff) son los que hacen que disposiciones como las nuevas reglas migratorias sean vistas como normales.

(Y cuando alguien se ponga a rajar de la RAE, pues basta remitirlos a este post tuyo para que vean que no hay nadie más progresista que los miembros de la corporación).
 
Hola Carlos.
Gracias por el comentario. Una pequeña acotación sobre las minúsculas en "Académie française". No pretendía decir nada particular, sino reflejar la escritura que la misma Académie française recomienda, como puedes ver en su web site (http://www.academie-francaise.fr/).

Estoy completamente de acuerdo con la idea de que este tipo de actitudes alimentan la xenofobia y el maltrato del inmigrante.

No sé si la RAE sea la institución más progresista del mundo, pero sí es verdad que es una institución que hace un trabajo mucho más interesante que la Académie française.
 
Muy interesante. ¿Por qué es que la gente llegará a tales extremos para defender una identidad inventada? Es realmente increíble y no acabo de comprender. ¿Es que no existen mecanismos de diálogo y debate constructivo en las esferas gubernamentales que toman las decisiones difíciles?

Tal vez el problema empieza en la familia, donde se indoctrina a los hijos a estar sometidos bajo una autoridad que a veces hasta se prolonga después de su matrimonio.

Ojalá tuviéramos más herramientas para darles un criterio sano a nuestros hijos y no sólo les enseñáramos a obedecer y seguir la tradición y satisfacer las expectativas del resto.
 
Me parece que la postura de este artículo es bastante parcializada. Es decir, quien quiere convencer al lector de que está haciendo una reflexión objetiva no debería escribir frases como: "Francia es un país excepcionalmente centralista", "la Académie française ha expresado siempre un olímpico desprecio ...", "
La posición de la Académie française, por completo absurda, ..."
Como artículo también tiene una deficiencia más: las otras posturas sobre este tema, de las cuales yo me he servido para decir que la enmienda es negativa, no aparecen aquí. Atender sólo a un punto de vista tampoco es objetivo.
 
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