Sunday, August 13, 2006

 

El quechua regresa a Lima

Como han confirmado los especialistas, el quechua se originó en la costa central, en los alrededores de lo que es hoy la ciudad de Lima, posiblemente en el siglo I de nuestra era (Torero 1983, 1984; Cerrón-Palomino 1987). Cuando Pizarro llegó al Perú, ya se había expandido por toda la costa hasta Ecuador y gran parte de la sierra sur y central, impulsado por el auge de Pachacámac primero, del señorío de Chincha después, y del dominio incaico posteriormente. Y aunque durante la Colonia siguió expandiéndose un poco, a finales del XVII ya no quedaban hablantes de quechua en el área original, Lima. Y esa ha sido más o menos la situación hasta bien entrado el siglo XX.

Pero en las últimas décadas, los hablantes de quechua, derramados por todos los rincones andinos, han comenzado a regresar a Lima. Huyendo de la pobreza o del terror, para el año 1993 más de medio millón de peruanos quechuahablantes vivían en la capital del país (según los datos del INEI, ya representaban entonces el 9.3% de sus habitantes). Incluso hay distritos donde casi uno de cada cuatro personas mayores de 5 años es un hablante nativo de quechua (Santa María del Mar), y no existe un solo distrito que no tenga al menos 3% o 4% de estos hablantes. Con todo, para la inmensa mayoría de limeños (los castellanohablantes), ese medio millón de peruanos en la cuna del quechua, ocultos (y a menudo, ocultados) en los sectores más pobres de la ciudad, son invisibles (y no digamos ya, también los 35,000 hablantes de otras lenguas nativas). Nadie los ve, nadie los oye, nadie sabe que están allí.

En los últimos días, sin embargo, los limeños han empezado a oír el quechua. Dos congresistas, María Sumire e Hilaria Supa, apenas instaladas en sus despachos, han decidido hablar en quechua, su lengua nativa, en las augustas salas del Congreso de la República. Llenos de espanto, los limeños han puesto el grito en el cielo, o más exactamente, en la prensa y en los blogs. Algunos simplemente lo anuncian con contenida circunspección, otros dan rienda suelta a sus fobias, uno que otro se pone legalista, los más se ríen, y hasta hay quien lo considera una excentricidad. Por primera vez, sin embargo, todos oyen.

Y no faltan, por supuesto, sólidas defensas, calurosos aplausos y justas indignaciones ante los ataques. De esta segunda clase de textos, me interesa destacar uno en particular, el del poeta y periodista Mirko Lauer en su columna de La República. Aunque Lauer acierta al identificar el verdadero logro de las congresistas:

Sumire y Supa confrontan a los públicos de la política con su ignorancia del quechua.
Mirko Lauer La República, 12 de agosto del 2006

se permite una crítica al parecer inocente y constructiva:

Tal vez el método adoptado hasta ahora no es de los más políticos [...] en este terreno hay algunos objetivos más inmediatos y viables.
Mirko Lauer La República, 12 de agosto del 2006

Es decir, según Lauer, es en verdad un error que Maria Sumire e Hilaria Supa hagan lo que están haciendo y que deberían dedicarse a cosas más útiles (con menor sutileza, eso mismo dijo el congresista Aurelio Pastor). No pretendo aquí condenar a Lauer (debemos agradecerle su artículo), pero sí subrayar cómo se entremete en las mejores intenciones ese principio subyacente a toda forma de prescripción lingüística: si el otro no puede hablar como nosotros, es culpa del otro, y si nosotros no podemos hablar como el otro, es culpa…del otro también. Uno de los problemas más fascinantes del estudio del lenguaje es esa casi universal creencia de que es a los demás a quienes les compete comunicarse con nosotros, que nosotros no tenemos ninguna responsabilidad en la comunicación con los demás. En ese sentido, es por completo irrelevante que los “métodos” de Sumire y Supe no sean “de lo más políticos”; no puede haber objetivo político (y ético) más inmediato y viable que hacerles notar a los peruanos que los quechuahablantes no son invisibles, y que es a nosotros a quienes nos corresponde la tarea de entenderlos.

Y los “invisibles” ya saben bien eso. Como reza el epígrafe de la reciente Declaración del Cuzco, su objetivo “no es que los Estados nos den una mano, sino que nos quiten sus manos de encima”. Esta frase---que es el redescubrimiento del verdadero espíritu del lema de los fisiócratas, laissez faire, laissez aller, laissez passer (dejar hacer, dejar ir, dejar pasar)---revela con claridad meridiana que las comunidades indígenas son perfectamente conscientes de las consecuencias de sus actos políticos y que saben bastante bien lo que quieren. En ese contexto, los intentos de Sumire y Supa por hacerse oír en quechua cobran una trascendencia que algunos atisban pero no terminan de entender.

Por esas razones, espero que las congresistas persistan en su esfuerzo. Que proclamen a los cuatro vientos, que pregonen sin miedo, que todo el mundo sepa. El quechua ha regresado a Lima.

[Actualización]
Línea española Iberia discrimina a congresistas Sumire y Supa



Textos citados

Cerrón-Palomino, Rodolfo. 1987. Lingüística Quechua. Cuzco: Centro Bartolomé de las Casas
Torero, Alfredo. 1983. La familia lingüística quechua. En Portier, Bernard (ed) América Latina en sus lenguas indígenas. Caracas: Monte Ávila. 61-92
Torero, Alfredo. 1984. El comercio lejano y la difusión del quechua. Revista Andina 4. 367-389

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Comments:
La cuestión es que esas congresistas hablan bien el español, pero en lugar de buscar una alternativa conciliadora, "bilingüista", arremeten contra uno de los idiomas oficiales con el sanbenito del "colonialismo".
Incluso para efectos de "promocionar" el quechua, su propuesta es inútil. Fue vergonzoso ver como Supa tuvo que corregir hasta 2 veces a su traductor.
 
No comprendo por qué hablar en quechua implica arremeter contra los otros idiomas oficiales (si eso fuera verdad, hablar castellano sería arremeter contra el quechua).

Es perfectamente posible estar en desacuerdo con las posiciones políticas de las congresistas Supa y Sumire, y permitirles hablar en quechua. No es "su propuesta" la que está en discusión aquí, sino su inalienable derecho a hablar en su lengua nativa.

No veo tampoco qué tiene de "vergonzoso" para las congresistas que corrijan al traductor. ¿Acaso debieran dejar que diga lo que ellas no intentaban decir? En todo caso, lo vergonzoso es que no hayan conseguido un mejor traductor.
 
laissez faire, laissez aller, laissez passer


Esta forma de hacer las cosas no debería imperar en los medios de comunicación.

Justamente la desregulación es lo que permite a la hegemonía imponer su lengua, su "cultura" - que es la cultura por ejemplo de la señal abierta, es decir la sordidez de la violencia y el escándalo- .

"Dejar hacer " en cuestión de medios de comunicación es sin duda hacer comercio sin restricciones con la incultura corrompiendo más a un país.
 
Hablar en quechua no es ninguna ofensa ni ataque, a menos que así se le quiera ver. Justamente esa la interpretación -política- que le dan estas congresistas a su gesto para legitimarlo.
La corrección hecha al traductor no es una simple anécdota, sino una señal inequivoca de que el quechua no es una sola lengua. un quechuahablante de ayacucho muy dificilmente se entiende con un quechuablante del cusco. Si será por la falta de comunicación que no pueden compartir el mismo juego de términos, la cuestión es que la actitud de estas congresista no ayudará en absoluto a siquiera evidenciar el problema.
Este es uno de los casos en que la ley no está acorde con la realidad y no pasará de ser un mero saludo a la bandera, e instrumento político de intereses nada democráticos.
 
Realmente no se entiende qué tiene de extraño que los congresistas hagan gestos políticos. Para eso son congresistas. Y es que, en efecto, en ciertos contextos hablar cierta lengua es realizar un gesto político. De hecho, a mí no me cabe duda que incluso hablar castellano en el Congreso de la República del Perú es un gesto político, solamente que lo damos por sentado: en nuestro contexto, la lengua castellana es la lengua colonial y esta cuestión histórica no puede ser borrada por decreto. No solamente es claro que, para muchos, el castellano posea en el Perú este sentido impositivo y excluyente. Además, tenemos a personajes como Martha Hildebrandt, cuya tarea es crear más fronteras absurdas y discriminatorias para distinguir (arbitrariamente, como se vio en la juramentación del Congreso) a quienes “hablan bien” de quienes “hablan mal”. Yo veo una notoria tendencia a resaltar y reprochar la huachafería quechuahablante y andina y a pasar por alto la huachafería ilustrada y limeña, como la de Javier Valle Riestra. Seguimos pensando que son los otros los de mal gusto y es difícil fijarnos en nuestros propios hábitos.

Guille da Maus es incapaz de comprender que Miguel está defendiendo, precisamente, la idea de que hablar quechua es no solamente un gesto político valido sino NECESARIO. Los quechuahablantes son invisibles y es imperativo que dejen de serlo. Es extraño que se alcen voces en favor de la discriminación linguística justamente cuando últimamente la clase política, desde la izquierda hasta la derecha, está conmovida por la situación de exclusión en el sur del Perú y se ha comprometido con una urgente mejora de sus condiciones. Parece que, ante la dificultad de Guille de entender estos argumentos, Miguel va a tener que explicar qué significa la extraña sentencia de que “el quechua no es una lengua”. Si no lo es, ¿qué es lo que hablan esas congresistas? ¿una proto-lengua? Se nota que hay mucha confusión desafortunada aquí y que una de ellas surge de que mucha gente no comprende que palabras como “lengua”, “idioma”, “castellano”, “gallego” o “quechua” poseen inevitablemente sentidos históricos y políticos, pero son científicamente irrelevantes. No es de extrañar que el tal Guille sea un conocido franquista. El fascista Francisco Franco es famoso por haber intentado borrar las diferencias linguísticas y culturales de España y de haber, por fortuna, fracasado.
 
Tampoco el español o el inglés o el chino constituyen "una sola lengua". Igual que el quechua, los hablantes de distintas variedades en esas y otras lenguas encuentran dificultades para comunicarse. Yo vivo aquí en un barrio puertorriqueño, y les puedo asegurar que tengo que prestar mucha atención para entender lo que dicen; si tuviera que traducir en simultáneo (al inglés, por ejemplo) lo que mis vecinos dicen, pues me las vería en problemas. Lo mismo pasa con un chino; los hablantes en Beijing no entienden a los de Manchuria o Taiwán. Un granjero texano a duras penas se comunica con un estibador de Sidney, o un campesino dominicano con un pastor en la pampa argentina, o el hijo de emigrantes argelinos en el barrio parisino de Clichy-sous-Bois con un marinero de Marsella.

En otras palabras, "el" quechua, o "el" español o "el" francés no existen. Cada uno habla una variedad particular, y es absurdo pedirle a alguien que represente a "todos" los hablantes de una lengua. De hecho, precisamente el argumento de que "hay muchos quechuas" es peculiar, porque está sugiriendo entre líneas que, dado que "no hay un solo quechua" entonces nadie debería representar al quechua (bajo esa línea de razonamiento un limeño no debería hablar español porque no habla como un...arequipeño...o iquiteño, etc.) Es decir, hay en verdad una clara intención política detrás de tal argumento, que no busca otra cosa que mantener invisibles a los quechuahablantes.

En ese sentido, la actitud de estas congresistas es, en efecto, no solo válida sino necesaria.

Nada de eso impide, por supuesto, tomar distancia de sus otras actitudes políticas, y claro que debemos evitar que se manipulen estos objetivos con fines partidarios. Pero eso no se hace impidiéndoles hablar en su lengua nativa. Al contrario, lo que las otras opciones políticas deberían hacer es incorporar quechuahablantes en sus respectivas tiendas y debatir de igual a igual.
 
Estoy de acuerdo en que el uso del propio idioma es muy importante en tanto que es una manifestación del derecho a la identidad de las personas.
Miguel señala que no hay una sola lengua ni en español ni en quechua; sin embargo, respecto al español es posible afirmar que hay un registro lingüístico formal para ámbitos oficiales. Si en quechua no fuera factible algo similar, los congresistas quechuahablantes en el congreso se entenderían entre sí tanto como el campesino dominicano y el pastor de la pampa argentina; por consecuencia su uso en el Congreso se tornaría inviable, lamentablemente.
 
El uso de otra lengua aparte del español no contribuirá en nada a salvar la falta de representatavidad de los indigenas quechuahablantes, como tampoco la ausencia de otras formas de expresión significa que haya una marginación de facto.

El hacer indesligables la lengua o ciertas expresiones culturales de determinados sujetos me parece una forma velada de racismo ("tu indigena debes hablar quechua, no español que es de extranjeros"). Las lenguas y otras formas de comunicación surgen y desaparecen en la dinámica cultural, y si queremos integrar a todas esas etnias olvidadas, debe ofrecérceles tambien nuestras formas de comunicación.

Lamentablemente muchos persisten, sin saberlo, en que se mantenga ese aislamiento y exclusión al construir sujetos propios y extraños en sus discursos.
El juego político planteado por estas congresistas es resaltar la marginalidad de sus representados construyendo un muro que los distinga del resto para usarlos como plaza fuerte contra el sistema que es el proyecto político del UPP. Como me comentaba un colega, "ese sur no quiere ser integrarse, sino desquitarse".
 
Es verdad que en castellano (como había en el quechua antes de la llegada de los españoles) hay una variedad general (aunque no del todo uniforme) para asuntos oficiales. Pero es falso que el campesino dominicano y el pastor de la pampa argentina se puedan comunicar en esa variedad general, porque muy probablemente esas personas desconocen tal versión del español. Y, por supuesto, nada de eso es motivo para impedirles hablar en español.

Por otra parte, no creo que nadie haya sugerido que alguna persona deba hablar en quechua. Pero bajo el mismo razonamiento nadie tiene por qué hablar en español tampoco. Nadie tiene derecho a elegir qué lengua deben hablar los demás. Que una lengua desaparezca o se mantenga es decisión exclusiva de sus hablantes.

Es innegable que las congresistas mencionadas está maniobrando políticamente. Inclusive si aceptamos que hay manipulación en sus actos, la respuesta correcta no es impedirles hablar en quechua (bien pudiera ser inclusive que sea esa la reacción que están esperando). Por el contrario, la respuesta políticamente más adecuada es reconocer su derecho a hablar en quechua: es por ese mismo acto que se destruye cualquier presunto "muro".

Yo estoy plenamente de acuerdo en que toda forma de manipulación política de los derechos de los quechuahablantes debe ser desarmada. Pero la única manera de hacerlo es erigir más y mejores canales de expresión y representación. No es razonable, ni inteligente, ni astuto, ni político, ni ético, acallar las únicas manifestaciones que los quechuahablantes pueden tener en la escena oficial. Al contrario, la respuesta es que haya más quechuahablantes haciéndose oír en la escena oficial. Esa es la única manera de evitar que alguien se irrogue el monopolio de su representación.
 
¡Y por que no comentan sobre la MARTHA HILDEBRANDT que ella, muy "colonial", muy "vieja pituca" ella, ordenó, a gritos que se callen las "cholas" y que hablen en castellano por que (SIC) "ES UNA OFENSA PARA EL CONGRESO QUE EN SUS RECINTOS SE HABLE EN QUECHUA"...

¡PLOP!

¡Vaya, vaya! ¿Que les parece!

¡Oye Martha! TU PRESENCIA ES YA, DE POR SI, UNA OFENSA PARA EL CONGRESO.
 
No sabía que Martha Hildebrandt había dicho tremenda insolencia. ¿No será una calumnia, como la que inventaron con Cipriani? Sería bueno que "el profe leo" señale alguna fuente.
 
Lo que dijo Martha Hildebrant fue lo siguiente:

"Considero que desde el principio se deben sentar las bases de los modos de intervención en este Congreso. Como lingüista, respeto más que nadie los idiomas amazónicos como respeto todos los idiomas indígenas de Venezuela, que estudié. Pero idiomas como el quechua y el aimara son oficiales, según la Constitución, solo en las zonas donde predominan. Si estoy en el Collao y no entiendo aimara, me tengo que conformar; si estoy en Machu Picchu y no entiendo quechua, me tengo que conformar. Pero, en el seno del Congreso de la República, la lengua oficial es el castellano. Si vamos a perder tiempo oyendo primero una lengua que no entendemos y luego la traducción, solicito un traductor de quechua y aimara permanentemente en el hemiciclo."

Diario de Debates, 4 de agosto del 2006
 
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